lunes, 15 de julio de 2013

Capítulo 15.

Aquellas dos semanas se hicieron eternas. Ni un mensaje de Pablo, ni una llamada al skype, ni nada. No supo de él en dos semanas. ¿Seguiría enfadado?
Su recuperación fue muy bien pasadas la dos semanas ella ya podía andar perfectamente con muletas.
Estableció amistad con el grupo de Carlos y sus amigos. No pasó nada más, ya que cada vez que miraba a los ojos a Carlos, venía a Pablo y todo lo ocurrido aquel día, cuando la besó.

Por fin llegó el día en que vería de nuevo a Pablo, eran las diez de la mañana y él llegaría en tan sólo media hora. Se levantó y corriendo fue a arreglarse, aunque no pudiera andar bien (jaja) se lavó la cara, se peinó el largo cabello y se echó colonia, fue a vestirse, se puso unos pantalones cortos fosforitos y una camiseta de jugador de baloncesto que tanto le gustaba a Pablo. Ya estaba lista.
Bajó las escaleras a duras penas con las muletas, y llegó a la cocina donde se dispuso a desayunar.
Su madre le puso el desayuno para que ella no hiciera mucho esfuerzo andando. Ella se sentó y al poco su madre la puso el desayuno en la mesa.
Cuando terminó miró la hora, ya deberían haber vuelto. Miró por la ventana y creyó ver el coche de los padres de Pablo. Alguien se bajó del coche, pero no era ni él ni sus padres. Era una chica, alta, con el cabello marrón, tenía un cierto aire a Clara, pues era de las mismas facciones. A continuación se bajó Pablo. Un nudo se le presentó en el estómago. No sabía qué pensar. Se le estaban pasando tantas cosas por la cabeza.
De pronto llamaron a la puerta, se dispuso a abrir pero un dolor agudo le surgió en la pierna, no podía moverse. Se quedó inmóvil en la silla de la cocina. Ellos entraron.
-¡Pablo! ¿Qué tal el viaje? Uh, ¿y esta señorita? Soy la anfitriona de la casa. -Dijo mientras le daba dos besos.
-Hola, yo soy Estela, soy una... una...amiga, sí, amiga de Pablo.
-Uy, bueno, pasad pasad, dejad las maletas aquí e ir a la cocina a ver a Clara.
Ambos fueron a la cocina mientras los padres de él descargaban las maletas.
-Hola Cl....
-Hola. -Dijo ella. -¿Tú quien eres?
-Hola, soy Estela. Encantada. -Dijo con una sonrisa.
-Clara, ¿podemos hablar? Dijo Pablo.
Se le volvieron a encender los ojos, ¿Qué le iba a decir?
-Estela ¿Te importa ir al salón? ella no puede moverse.
Ella se fue y se quedaron los dos en la cocina. Él se sentó en una silla a su lado y comenzó a hablar.
-Te he echado muchísimo de menos, siento haberme puesto así contigo, lo siento. Bueno, había muchas cosas que me recordaban a ti allí, sí.
Ella se sonrojó.
-¿Y Estela? -Le dijo con una lágrima naciendo de su ojo izquierdo.
-Bueno.. la verdad es que... ha habido algo entre ella y yo. La conocí en Irlanda, era amiga de mis padres y...Lo siento
-¿QUÉ? ¿Es tu novia?
-Sí...
No se lo podía creer, no lo asimilaba, le habían acabado de romper el corazón en mil pedazos, las lágrimas comenzaron a aflorar en sus ojos sin parar.
-Márchate.
-Pero...
-QUE TE MARCHES.

No volvieron a hablarse, pasaron los días, y Pablo y Estela cada vez eran más felices. Ella creía que lo hacía hecho por hacerla daño por lo de Carlos, cada vez más convencida. Pero por desgracia toda esta historia de amor acabó mal. Finalizó el verano, y ni si quiera el último día lograron despedirse. Incluso él con lágrimas en los ojos al marcharse en el coche, ella intentaba ser fuerte pero no podía.

Pasó el tiempo y ella no consiguió olvidarse de él.


Y hasta aquí la historia escrita en su diario, a día de hoy, no ha logrado olvidarle.

domingo, 14 de julio de 2013

Capítulo 14.

Volvió de nuevo a su casa, le costó bastante subir aquella rampa, pero con un poco de fuerza lo consiguió. Era muy duro para ella tener que estar en silla de ruedas dos semanas y otras dos en muletas. Se la iba a hacer raro este mes, aun así, para cuando Pablo volviera, ella ya estaría mejor. <<Carlos me recuerda un poco a Pablo>> ¿Pero, ella seguía estando enamorada de Pablo, no? Abrió la puerta de su casa y entró.
Dio una voz para que supieran que ya estaba en casa. -Ya estoy aquí. Pero nadie respondió. <<Se habrán ido al paseo marítimo por la otra puerta y no les he visto marchar.>> Pensó. Pero ahora no podía subir a su habitación. <<Mierda, ¿ahora qué hago?>> Fue con la silla de ruedas hasta la escalera, la miró, le parecía tan inmensa ahora que no podía creerse que apenas podría subir sola. Se levantó de la silla y se agarró de la barandilla. Cojeando poco a poco fue subiendo la escalera, le dolía muchísimo la pierna. Pero ¿Para qué estaba empeñada en ir a la habitación? Se había dejado el móvil allí y tenía la esperanza de tener un mensaje de Pablo en el whatsapp, cosa muy improbable a no ser de que hubiera encontrado wifi en algún lugar de Irlanda. Pasaron diez minutos y por fin consiguió subir los catorce escalones que separaban cada uno de los pisos. Le dolía muchísimo la pierna, no podía casi ni saltar a la pata coja para llegar a su habitación que estaba tan sólo a un par de metros de ahí. Se agarró a la barandilla que había para no caerse al primer piso en el pasillo y fue saltando poco a poco a la pata coja hasta que consiguió llegar a la habitación, dos saltitos más y se tiró en la cama. <<JODER COMO ME DUELEN LAS PIERNAS>> Justo en ese momento alguien estaba llamando a la ventana, tirando piedrecitas pequeñas. <<No me jodas... que tengo que ir hasta la ventana.>> Vio las muletas que había apoyadas en la pared y las cogió como pudo, se acercó hasta la ventana y la abrió.
Era Carlos. El chico que anteriormente había conocido en la playa jugando a vóley.
-Hola, ¿puedo subir? -Dijo susurrando.
-Sí, no hay nadie y la puerta está abierta, mi habitación es según subes a la izquierda primera puerta. -Le respondió.
A los pocos minutos Carlos llamaba a la puerta de su habitación.
-Holis. -Le dijo mientras cerraba la puerta.
-Hola. ¿Qué haces aquí?
-Me has dicho que... -No le dejó terminar la frase.
-No aquí en mi habitación, si no que a qué has venido. -Le respondió entre risas.
-Pues nada que... quería verte y eso.
Ella se sentó en la cama, tenía las piernas muy doloridas del grandísimo esfuerzo de subir las escaleras.
-Pero si me acabas de conocer.
-Ya, pero.. ¿Tú crees en el amor a primera vista? -Dijo mientras se sentaba a su lado. <<¿A dónde quiere ir a parar?>>
-Pues sí, resulta que...-Él no la dejó terminar y la besó. Durante unos segundos ella se dejó pero recapacitó y se apartó.
-¿QUÉ HACES? -Le dijo mientras se apartaba.
-Pensaba que.. yo...-Balbuceó.
-Sí, me pareciste guapo, pero nos acabamos de conocer.
-Bueno, me voy antes de que vengan tus padres, ¿Nos vemos en un rato en la playa?-Dijo mientras se levantaba.
-Sí, vale. Luego voy ¿te parece?
Se marchó, dejó la habitación vacía, ella se quedó pensativa.
<<¿Qué me acaba de pasar? Un chico guapísimo me acaba de besar, casi sin conocernos y me he apartado. Me siento fatal, no debería ni haberle dejado subir, pero qué digo, ¿Soy boba? Ay, no sé ni qué pensar, me estoy volviendo loca, será que realmente me he enamorado de Pablo, ojalá pudiera hablar con él ahora mismo, me debería desahogar y pedirle perdón, aunque no haya nada, pero ¡DIOS!>> Cogió su teléfono y vio que tenía un whatsapp de Pablo. <<NO PUEDE SER>> Se dijo. En el mensaje ponía:
Mi skype, Pablo97, llámame a las ocho.
Eran las ocho menos cinco, esperaría cinco minutos y le llamaría. Los minutos pasaban muy lento, no sabía qué hacer, se peinaba continuamente el pelo, se maquilló un poco, se sentó en la cama y por fin llegó la hora. Desbloqueó el iPod y le llamó al Skype.
Pin, pin, pin*
Conectado. Sonó una voz.
-¡Clara! ¿Qué tal estás? Se te echa de menos por aquí. -Dijo Pablo, podía verle por la pantalla, estaba despeinado y sus ojos lucían más de lo normal.
-Pablo me acaba de pasar una cosa rarísima. Y me estoy arrepintiendo de ello. -Le dijo.
-Puf, cuéntame. ¿Qué ha pasado?
-La verdad, no sé, bueno, llegué ayer a casa y...
Le contó todo lo sucedido desde que salió a ver a los chicos jugar al vóley hasta hacía dos minutos.
-¿Qué has hecho qué?
-Que.. me besó...
-Os besasteis quieres decir. -Dijo con un tono más que enfadado.
-No, él se lanzó y yo por unos segundos no me aparté pero recapacité y...-No le dejó terminar.
-Puf, mira, tengo mucho que pensar, será mejor que hablemos esto cuando llegue a casa, adiós.
Desconectado.
<<¿QUÉ COÑO HA PASADO? Se lo he explicado y.. MIERDA JODER>> Estaba muy triste, se tumbó en la cama y comenzó a llorar. <<Por...por...porqué se, lo habré contado...DIOS>> No me lo puedo creer, la he cagado, la he liado...

viernes, 12 de julio de 2013

Capítulo 13.

Le ayudaron a bajar con una silla de ruedas que había en la misma habitación, para que ella se trasladara más cómodamente. Su madre ya había bajado las cosas al coche y tan sólo faltaba que ella bajara. Cogió el ascensor que había al final del pasillo donde se encontraba su habitación y su madre y ella bajaron en cuestión de segundos.
Cuando llegaron abajo estaba su padre esperando para ayudarle a caminar hasta el coche. Se le veía a Clara con los ojos apagados, en tristeza, sus preciosos ojos brillantes estaban caídos, no sonreía. Su padre no tardó en darse cuenta.
-Cariño ¿Estás bien? -Dijo mientras caminaba con ella a la salida del hospital.
-S...sí, es...estoy bien. -Balbuceó.
Le besó la frente a su hija y continuaron caminando. Ella no dejaba de pensar que estaría dos semanas sin ver a Pablo, pero la parte buena sería que pasadas las dos semanas tendría la pierna mucho mejor, aunque estaría a mitad de rehabilitación. Le echaba mucho de menos. Tan sólo había estado unos días con él, pero se habían conocido tanto, se habían contado tantas cosas, que no pudo evitar enamorarse, algo que parecía que él también de ella, era un sentimiento recíproco.
Se montó en el coche y en pocos minutos llegó a su casa de nuevo.
<<Menos mal, de nuevo en casa>> Su madre le dijo que se fuera a la habitación, que no le vendría mal descansar allí, escuchando música o viendo la televisión ya que no podría hacer mucho más en cuarenta días. Le ayudaron a subir las escaleras en brazos de su padre, mientras su madre le subía la pequeña maleta que le habían llevado para cambiarse allí, caminó un poco en muletas hasta llegar a su habitación que estaba cerrada. Como de costumbre. Abrió la puerta y entró en la habitación.
-Cariño, te dejo aquí la maleta, túmbate anda.
Su madre se fue, la dejó sola en aquella habitación ahora vacía, sin la presencia de Pablo, pero había algo. No se había dado cuenta aún, pero en la mesilla había un pequeño regalo envuelto.
Se tumbó en la cama y encendió el televisor que había colgado de la pared. fue a dejar el mando en la mesilla cuando se percató de la presencia del regalo. <<¿Qué es esto?>>  Cogió el pequeño paquete que había y lo miró por todos los lados. Era un regalo y ponía "de Pablo" en la parte de arriba. <<Este chico está loco>> Dijo mientras sonreía. Estaba cada vez más enamorada de él, y cada vez tenía más ganas de verle. Desenvolvió el regalo y vio que era una pequeña caja. Dentro de ella había un marco de fotos dado la vuelta. <<Pero si él y yo no tenemos fotos>> Le giró y vio que era una foto de dos niños pequeños, eran ella y Pablo cuando tenían cinco años, ambos en bañador en el mar, era la misma playa de Santander, era el mismo lugar. Se dio cuenta de que había también una pequeña carta en la que ponía:
Espero que te guste, te voy a echar muchísimo de menos, y recuerda que te quiero.
Le encantó la foto. Era preciosa, la dejó en la mesilla y le envió un mensaje para darle las gracias, pero antes de darle a enviar recordó que estaba en Irlanda. <<Mierda, le daré las gracias cuando vuelva>>
Desde su cama podía ver la ventana que daba a la playa. Se puso en pie y se sentó en una silla de ruedas, la misma del hospital que la habían comprado para mayor comodidad de Clara.
Se acercó a la ventana y vio que en la playa había unos chicos y unas chicas jugando al vóley, Clara adoraba el vóley, se quedó un buen rato observándoles, hasta que se le ocurrió bajar a la playa con la silla de ruedas a verles.
-¡MAMÁ! -Gritó desde la puerta de su habitación. -¿Me ayudas a bajar? Voy a ir al paseo marítimo a ver cómo juegan unos chicos al vóley.
-Cariño, no deberías.... Pero bueno, así tomas el aire, voy.
Su madre le ayudó a bajar y cogió la silla de ruedas después y se la dio. Clara se sentó y se fue, le hacía daño al rozar las manos con las ruedas de la silla, le costaba moverse, se tendría que hacer a ella. Salió por la puerta principal y se fue hasta el paseo marítimo. Se colocó cerca de la valla y se quedó mirándolos. Uno de los chicos se dio cuenta de ello y Clara al ver que la miraba cambió vista y se puso a mirar a otra parte para disimular, el chico se rió y se lo dijo a sus amigos. La hicieron un gesto de como si quería jugar, pero no vieron la silla. Ella se la señaló y ellos se acercaron.
-Hola. -Dijo uno de los chicos, muy guapo por cierto. -¿Te apetece echar un vóley?
-Estoy en silla de ruedas, me acaban de operar, ya me gustaría. -Dijo echando la mirada a la silla.
¿Qué dices? ¿Qué te pasó? -Dijeron todos al unísono.
-Nada, que haciendo surf.. me desequilibré y... pum. -Dijo con una sonrisa irónica.
-Puf, recupérate, bueno, yo me llamo Carlos. -Dijo el chico más alto.
Se fueron presentando uno a uno, tres chicos y tres chicas, Carlos, Marcos y Enrique, los chicos. Estela, María y Alicia, las chicas. Parecían muy majos.
Estuvieron hablando un rato, no estuvo mal, se consiguió olvidar un poco de Pablo y su malestar por su falta allí. Uno de los chicos la llamó la atención, era Carlos, era alto rubio y de ojos verdes. No era Pablo, claro que no, pero le recordaba un poco a él, sin razón aparente.
-Bueno, yo vivo en esa casa de ahí, si queréis dar una vuelta o algo, aunque esté en silla de ruedas, llamad, estaré ahí siempre. -Dijo a modo de despedida.
-Eso está hecho preciosa, respondió Carlos.
-Ehhh, no intentes ligar que no se te da bien. -Respondió una de las chicas, Alicia.
Ambos se rieron y ella con una sonrisa se fue del paseo marítimo.
<<Son muy majos y Carlos es muy guapo, ya tengo manera de entretenimiento estos días, estará bien.>>

jueves, 11 de julio de 2013

Capítulo 12.

Durante la operación, estaba sedada, pero como si estuviera dormida comenzó a soñar.
El sueño estaba en blanco y negro, algo que no podemos evitar ya que es algo de nuestro cerebro. En el sueño aparecía ella, en la playa, abrazada a alguien, no se le veía muy bien ya que era de noche. Hasta se podía oler el dulce olor del mar. Podían notarse cómo las olas rozaban sus pies y hasta algunas llegaban hasta las rodillas. Estaban observando la luna y las estrellas desde la orilla del mar. Dando un paseo. Ella lucía un precioso vestido de playa y por debajo su bikini, y él iba sin camiseta y en pantalones parecidos a los de un bañador. Aun estando dormida podía notar cómo el agua corría jugueteando entre sus dedos. De repente el chico se paró, le hizo una señal de como si le preguntara si quería bañarse, ella con una sonrisa aceptó y se quitaron la ropa, ella dejando ver su cuerpo atlético y un pequeño tatuaje en la espalda de las "f" de un violoncello, algo que ella siempre quiso tener y por un momento lo tendría en un sueño. Poco a poco se fueron metiendo en el mar, era de noche, sólo el mar estaba iluminado con la fuerza de la luna. Ambos de pie, andando por el mar, se fueron poco a poco acercándose el uno al otro hasta que bajo la luna sus labios se juntaron, en un beso efímero, un beso que duraría en el sueño horas. Pero sería cuestión de segundos en la vida real. Solamente y las olas serían testigo de lo que pasaría aquella noche. Se seguía sin ver al chico, sólo se enfocaba a Clara, pero era una Clara distinta, más mayor, más alta, tal vez sería como ella quisiese ver, una visión perfecta de sí misma, aunque para los ojos de Pablo ella era perfecta tal y como era.
Ella estaba mirando fijamente la luna, cuando él la abrazó por detrás le estaba acariciando la tripa y poco a poco sus labios se juntaron con el cuello de Clara hasta que le comenzó a besar lentamente el cuello, algo que nos encanta a las chicas, lo adoramos. Ella se giró, le agarró las manos, las llevó hasta la espalda y fue a juntar su boca con la del chico cuando...
-Bueno señorita, ya está usted. Esta todo bien, la operación ha sido un éxito y sólo tienes que reposar aquí una semana y luego hacer los ejercicios y andar en muletas en tu casa.
-¿Ya estoy operada? -Dijo sorprendida, juraría que hace un momento estaba en la playa con un chico al que no pudo ver la cara.
-Sí, estás operada ya, notarás molestias en la pierna dado que te hemos hecho un corte que va por toda la parte baja de la pierna, pero no te preocupes, se pasará, tienes que tomarte un medicamento cada día para el dolor, te lo dará la enfermera, tu estate tranquila, lee, ve la televisión o diviértete lo que puedas mientras estés aquí.
Dicho aquello, se fue de la habitación, volviéndola a dejar vacía, eran las cinco de la tarde, sus padres y Pablo no tardarían en llegar. <<Pablo me dijo que me iba a traer un regalo, ¿qué será?>> Estaba impaciente por ver qué era.
Cogió su móvil para ver si tenía algún whatsapp, y sí, tenía de todos sus amigos diciéndole que qué tal la operación y cosas similares. Pero ningún rastro de Pablo, esperaría hasta que llegara.
La espera se hacía eterna, los segundos eran horas, y cada vez tenía más sueño, sería por los sedantes, aún se encontraba un poco aturdida, hasta que cayó dormida.

Llamaron a la puerta pero ella no lo oyó, estaba profundamente dormida, era Pablo quien entró primero, sus padres le habían cedido el lugar antes.
-¿Clara? -Dijo mientras pasaba por la blanca sala. <<Está dormida, pero qué rica>> Le besó en la frente y ella despertó como una princesa de un cuento que le solían leer cuando era pequeña.
-Buenos días marmota, qué, ¿mucha fiesta por la noche? Qué tal andas. -Dijo sacando una pequeña sonrisa de medio lado de su boca.
-JÁ, JÁ, JÁ. Pues mejor que tú, gilipollas. -Dijo riéndose, estaba vacilón hoy Pablo al parecer. <<Vaya un vacilón me ha tocado>>
-¿Sabes qué? Tengo una pequeña sorpresa para ti. Me sentía culpable por lo que te ha pasado y me he aventurado a comprarte una cosita.
-Sabes perfectamente que no hacía falta.... -Dijo suspirando, realmente sí tenía ganas de ver qué era lo que le había comprado, tener un recuerdo suyo, no estaría mal la verdad.
-Bueno ¿Quieres verlo? -Dijo sonriéndole.
-Claro.
-Cierra los ojos-. Ella los cerró y comenzó a oír el ruido de algo que parecía que estaba sacando del bolsillo.
-Ya puedes abrirlo.
Clara dio un grito ahogado, no podía ser, era lo que más quería en el mundo, lo que llevaba muchísimo tiempo buscando y jamás lo encontraba. Era un colgante con una clave de sol perfecta, el símbolo de la música, la marca de que ella también era música.
-Oh Dios, es precioso. ¿No será caro verdad?
-Qué más da si es caro, es tuyo y quiero que te lo quedes sea caro o no, trae que te lo pongo.
Ella se quitó su larga melena del cuello y dejó que Pablo le pusiera el colgante, le quedaba perfecto, como un guante.
-Oh, es que es preciosísimo, muchísimas gracias. Le besó en la mejilla y le dio un abrazo más o menos como pudo por estar en la cama inmovilizada.
-Bueno, me voy a ir ya, que tus padres querrán verte. Te quiero.
Ella le sonrió y se sonrojó. -Te quiero.
Se marchó de la habitación y al paso entraron sus padres. Estuvo un rato charlando con ellos, de cómo fue la operación y qué tal sentía la pierna, pasaron unos veinte minutos hasta que se marcharon y la volvieron a dejar sola en aquella habitación blanca.

Los días en aquella sala pasaban muy lento, los demás días le fueron a ver un par de veces, ya que lo que les pidió el médico fue que reposara y durmiera todo lo que pudiera y más, así que apenas recibió visitas. Se pasaba el día entero hablando con Pablo por whatsapp, adoraba hablar con él por las noches, era lo mejor del mundo. Se sentía como todas aquellas amigas suyas que vivían pegadas al móvil cuando hablaban con el chico al que querían, esa sensación de agobio cuando no le respondían al minuto y sonreír cada vez que le ponían un piropo, esa sensación. Aún así, los días pasaban muy lento. Todo era rutina, ejercicios para caminar y andar por el pasillo del piso del hospital, poco más.

Por fin llegó el último día en aquel lugar, se despertó con muchísimas ganas de volver a casa, aunque tuviera que ir en muletas y a duras penas. Tenía mil ganas de ver a Pablo.
Miró el móvil y ahí tenía el whatsapp de Pablo aunque la reacción al verle no fue la misma de todas las mañanas.
"Pequeña, no sé cómo te sentará esto, sé que hoy vuelves a casa, pero es que unos amigos de mi padre nos han invitado dos semanas a Irlanda a su casa y mi padre ha dicho que sí. Les he dicho que yo no iba pero me han dado la vara con que fuera y al final me han medio obligado, allí no hay internet así que no podremos hablar en dos semanas, te voy a echar muchísimo de menos, y ten presente que te quiero ¿Vale? Va, no te preocupes, cuando llegues a casa ya no estaré, pues me voy en menos de media hora a coger el avión, ya estoy en Madrid, pero prefiero no hablar más porque te voy a echar muchísimo de menos y prefiero no ponerme peor ¿Vale? Un besazo fea, nos vemos en dos semanas."
No pudo evitar llorar, no pudo, <<¿SE VA DOS SEMANAS A IRLANDA? ¿QUÉ HAGO AHORA YO?>> Estaba fatal, rota. Necesitaba despejarse un poco. Comenzó a escuchar música un rato, hasta que llegó su madre.
-Cariño, venga, vamos, tengo todo en el coche ya. Volvamos a casa.

Capítulo 11.

La sala se quedó vacía, se dio cuenta de que la habitación se había quedado impregnada del olor de Pablo, de su colonia, "One Million". Tenía el móvil en la mesilla. Lo abrió y tenía quince conversaciones de whatsapp abiertas. <<¿Sabrán que estoy aquí?>> Desbloqueó el móvil y comenzó a mirar.
Su mejor amiga: Caaaaaara pene, ¿que tal por Santander? a ver si llamas eh zorra que te echo de 
menos.
Del grupo de clase, llamado "Slytherin Rules" Lo puso ella, es una auténtica fan de Harry potter. De ese pasó de leerlo, todos los mensajes eran porno y fotos guarras.
Fue leyendo uno a uno los demás whatsapp y respondiéndolos, hasta que llegó a uno que no tenía guardado.
Hola, ¿qué tal andas por el hospital? Te echo de menos, la habitación está vacía sin ti.
Era Pablo, le habría pedido el número a sus padres. Miró su foto de whatsapp, aparecía él tocando el violoncello sin camiseta. <<Ay, me la voy a guardar en la galería de fotos para alegrarme la estancia aquí. Qué guapo es Dios mío>> Le respondió:  Bueno, estaría mejor si estuvieras aquí conmigo. Yo también te echo de menos.
Ahora se sentía como todas aquellas chicas que estaban colgadas del móvil cada vez que hablaban con el chico que las gustaba, esperando a responder, esperando a que pusiera "En linea" para hablar. <<Sonreírle a un móvil, pero qué cutre me estoy volviendo>>
Se incorporó en la cama y comenzó a escribir en su diario.

A noche, no escribí nada, me pasó algo. Los días con Pablo son increíbles y se convierten en segundos cada vez que estoy con él. ¿Qué me está pasando? Me ha ganado, ha conseguido que esté loca por él en tan sólo un par de días, el verano aún está comenzando, y no sé qué pasará después de que salga del hospital; me he partido la pierna haciendo surf. Cada vez que le veo las mariposas nacen y se reproducen en mi estómago, al final las acabaré vomitando de tantas que tengo acumuladas por su culpa. Le echo de menos, es un amor. ¿Él estará enamorado de mi? Ojalá me pudiera meter en su cabeza y ver qué piensa él de mi, puedo tener mis sospechas de que por la carta, los besos por la noche, su mirada, sí. Pero no sé qué hacer, no soy de esas que dicen sus sentimientos hacia la otra persona, habrá que esperar. 

Cerró el diario y lo dejó en la mesilla de noche de la habitación, le costaba mucho moverse pues no podía mover la pierna. Al día siguiente la operarían y estaría una semana en el hospital hasta poder volver a la casa.
Estaba nerviosa, ¿Y si la operación no salía bien? Era sencilla pero no sé, todo podría ser.
Estuvo hablando casi toda la tarde con Pablo por whatsapp, no paraba de sonreírle al móvil, parecía una cría pequeña. Pero las bobadas de que hablaban le enamoraban cada vez más, era como si fuera ahora mismo su mejor amigo y a la vez el chico de su vida. Quien lo iba a decir.
Dieron las diez de la noche y ella estaba muerta de sueño, al día siguiente a las ocho tendría que estar en pie para la operación, así que se despidió de él y cerró los datos para que no la molestaran. De repente suena su teléfono. "Llamada entrante Pablo♥"
-¿Sí? -Dijo con una sonrisa.
-Preciosa, buenísimas noches, espero que todo salga genial mañana, después de la operación te voy a ver con un regalo, te quiero.
Colgó. No la dejó decir nada más. Ella estaba que se subía por las paredes. <<¿Cómo puede ser tan perfecto? Ojalá jamás se estropeé.>>
Después de eso, puso el móvil en silencio y se fue a dormir, a la mañana siguiente tenía la operación, más la valía descansar.

Se despertó. <<¿Qué hora es?>> Eran las siete y media de la mañana, tenía media hora para dormir pero no tenía sueño. Cogió el móvil, enchufó unos cascos que había en la mesilla que le habría traído su madre con el iPod y comenzó a escuchar un poco de música para motivarse y no deprimirse.
Un poco de electrónica no le vendría mal, lo que más adoraba en el mundo eran las baladas de Heavy. Pero la deprimían y no era el momento idóneo para ello.
Pasó la media hora de un suspiro, alguien llamó a la puerta.
Toc toc*
-¿Sí? -Dijo quitándose los cascos y dejándolos en la mesilla.
-Hola Clara, vamos, tenemos que ir a quirófano. -Era un señor de bata blanca con barba canosa, parecía muy serio y eso no le gustó mucho.
Era la hora, ojalá todo saliera bien, si no no podría volver a surfear en la vida.
La llevaron en camilla hasta la sala, la dejaron delante de la puerta unos minutos, donde ponía "Sala de Quirófano" Estaba asustada.
De repente alguien le empujó hacia dentro, la puerta se abrió y pocos minutos después perdió el conocimiento. Le habían inyectado un sedante.
La operación duraría tres horas.

miércoles, 10 de julio de 2013

Capítulo 10.

Eran las doce del medio día, Clara había dormido increíblemente bien, había soñado con que Pablo había entrado por la noche en la habitación y le había escrito algo en una nota, no recordaba el qué, después le besó la mejilla y se fue. <<Juraría que...>> Bostezó e intentó incorporarse, no había nadie en la sala. La luz del sol entraba a través de las ventanas fuertemente y la sala blanca estaba totalmente iluminada. Se giró para coger su libro cuando vio que tenía algo en la mesilla. Se frotó los ojos para ver mejor y cuando pudo ver con nitidez observó que era una nota. <<Un segundo, ¿fue real?>> La cogió y comenzó a leer:

Hola pequeña, mira, no sé si me atreveré a decirte esto en persona así que te lo digo ahora, siento mucho todo lo que ha pasado, ha sido todo culpa mía y no me puedo creer que ahora esté aquí, escribiéndote esta nota a las doce de la noche y tú dormida en la cama de un hospital con la tibia rota, a dos días de que te operen, no me lo puedo creer, no puedo evitar llorar mientras te escribo esto, estás tan preciosa durmiendo. No sé qué me está pasando, pero tenemos que hablar, no te asustes, no es nada malo, cuando regreses a casa podremos hablar tranquilamente, ¿vale? Te quiero. Pablo.

Clara comenzó a llorar, no sabía ni porqué ya que en la carta no ponía mucho, salvo el "Te quiero" y el "Estás preciosa durmiendo" él no tenía la culpa, fue de ella, todo de ella y no fijarse en cómo surfear, no pasaría nada pues en una semana estaría de vuelta en casa a reposar y todo más o menos volvería a la normalidad, pero había algo en la carta que le trasmitía algo, algo entre líneas como se suele decir. <<Ojalá venga, le quiero ver.>>

Mientras tanto en casa, Pablo se había despertado y llevaba horas escuchando música con su móvil. Continuamente la misma canción "The light behind your eyes" de My chemical romance. Una canción muy triste y preciosa. No sabía la razón por la cual le recordaba a ella. Alguna lágrima se le escapaba de los ojos.
De repente alguien llamó a la puerta, él se quitó los cascos, rápidamente se secó los ojos. -¿Sí?-La puerta se abrió y apareció la madre de Clara. -Hola, ¿qué tal has dormido?
-Bueno, espero que Clara mejor que yo. -Le dijo con un tono sombrío.
-Nos vamos en quince minutos, ¿no quieres desayunar?
-No, da igual, quiero ir a verla.
Ella se fue de la habitación con una sonrisa al finalizar la conversación, ella tenía sospecha de que entre ellos habría algo.
Nada más irse, Pablo comenzó a vestirse. Se dio cuenta de que el móvil de Clara estaba en su bolsa de playa y lo cogió para dárselo a ella. Se quedó un rato mirando el diario. <<¿Qué habrá en él? También se lo llevaré, para que escriba la pobre>> Cogió el móvil y el diario y salió de la habitación. Quería saber qué había dentro de él, estaba mirándolo cuando se dio cuenta de que estaba abierto. Ella no lo había cerrado bien. <<¿Qué hago? ¿Lo leo?>> Estuvo un rato planteándoselo hasta que la madre de Clara le interrumpió los pensamientos llamándole para coger el coche e irse al hospital.
Mientras estaba en el coche no paraba de mirar el diario. <<Quiero ver qué puso el primer día, y si tiene del día que la conocí>> Estuvo un rato pensándolo hasta que decidió abrirlo.
Diario de Clara Martín, verano 2011.
Primera página: "Final de curso" <<No, esta no es, es el día siguiente>>
Segunda página:
Hoy ha sido un día muy extraño, comencé con unas compras para verano con mi mejor amiga, y cuando volvía al bus, conocí a un chico, guapísimo, se llamaba Pablo y me sonaba muchísimo, era alto, moreno, de ojos azules preciosísimos y con un cuerpazo, parecía majo. Fue extraña la situación, por culpa de quedarme embobada en sus ojos perdí el bus y me tocó coger otro y dar más vuelta, espero que no se notara. 
Al parecer nos vamos con una familia a Santander todo el verano, ganas mil, por fin puedo volver a hacer surf, por fín.
<<¿Guapo? ¿Ojazos? No está mal>>
Siguió leyendo.
Tercera página:
NO PUEDE SER, ES PABLO, EL CHICO CON EL QUE VOY A PASAR TODO EL VERANO ES EL CHICO TAN GUAPO QUE ME ENCONTRÉ EN LA PARADA DE BUS. Todo es perfecto, es guapísimo, guapísimo. Me encanta como es, estoy deseando pasar estos tres meses aquí, tengo 
buenas vibraciones, algo bueno va a pasar, lo presiento. Ya iré informando de cómo surgen las cosas. 
<<¿Le gusto? Eso parece, no me lo puedo creer, ojalá hubiera puesto algo hoy, me encantaría saber qué piensa de mí y qué se le pasa por la cabeza.>> Cerró cuidadosamente el diario, no dejó de mirarlo y mirar al cielo desde la ventanilla de aquel coche.
A los pocos minutos llegaron al hospital. Entraron los cinco, los padres de ella, de él y Pablo. Preguntaron en recepción por la habitación y subieron hasta llegar a ella.
Cuando fueron a entrar Pablo les pidió si podía entrar él después solo. Ellos aceptaron.
Pasó media hora, se hizo eterna, hasta que salieron los padres y él pudo entrar.
Toc toc*
-¿Sí? -Dijo una voz al otro lado de la puerta. Pablo abrió y con una sonrisa la saludó a Clara.
-Hola, me ha encantado la nota, eres un cielo. Te quiero. -Le dijo con una sonrisa de oreja a oreja, estaba tan feliz que no lo asimilaba.
-¿Sí? Me alegro de que te gustara, no aguantaba sin verte, te necesitaba aquí. Y me escapé para verte dormir, y te puse esa nota... Te habría puesto mucho más, pero quiero hablarlo cuando estemos ambos en casa, tranquilamente ¿Sabes?
-Me parece genial.
Ambos estuvieron hablando un buen rato, hasta que él se dio cuenta.
-Oye, te traje el móvil, así podemos hablar por whatsapp mientras no estás en casa. Y el diario también para que puedas escribir todo.
-¿No lo habrás leído verdad? -Dijo cogiéndolo.
-Claro que no, boba. <<Sí, en realidad sí. Y cada vez me encantas más>>
Bueno, es hora de irme ya, recuerda, te quiero ¿Vale?
Esa frase se la quedó grabada, le había dicho "Te quiero"
Él le dio un beso en la mejilla a Clara y se fue.

Capítulo 9.

No aguantaba. no podía más, eran las ocho de la tarde, ella aún estaba en el hospital en observación, no sabía si quiera si estaba aún inconsciente o despierta, no podía llamarla al móvil porque lo tenía en su habitación. Necesitaba relajarse, poner sus pensamientos en orden. Como a todo músico, su manera más fácil de distraerse era tocar un poco su instrumento musical, así que se fue hasta la sala donde anteriormente había estado con Clara.
Entró en la habitación, nada más abrir la puerta, una corriente del olor de la colonia de Clara le invadió las fosas nasales, no dejaba de recordarla, se le escapó una pequeña lágrima de entre los ojos. Fue hasta el piano e hizo un blashback de cuando ella estuvo tocando, suavemente deslizaba los dedos por el teclado aún destapado del piano. En su cabeza una nube de recuerdos se le venían, del día que la conoció, de la noche anterior, que sin que ella lo supiera, cuando se quedó dormida, él la estuvo observando cómo dormía, acariciándole el cabello, y cuando él se fue a dormir, le dio un beso en la mejilla que no estaba contra la almohada, ella sonrió pero estaba dormida, no se daba cuenta. ¿Se estaban enamorando? Es posible, pero a él no le gustaba enamorarse, nunca le había gustado a ninguna chica, pero el último año había cambiado muchísimo, se había vuelto mucho más guapo, se había cortado el pelo y había pegado el estirón. Él apenas sabía cómo tratar a una chica cuando él estaba enamorado, se ponía nerviosísimo.
Cogió el violoncello que aquella mañana había usado para tocar un poco, se puso a tocar, con tristeza. Se nota mucho cuando un músico toca con tristeza, su manera de tocar, su técnica varía mucho, pero sólo los músicos lo notan, si Clara estuviera ahí lo notaría sin duda. Comenzó a improvisar, sin darse cuenta comenzó con La menor, no había tonalidad más triste y nostálgica que ella, comenzó a tocar notas y notas, componiendo en el acto una melodía, a la vez que sus recuerdos iban pasando por su mente. <<¿Realmente la quiero? ¿Me estoy enamorando de ella?>> No sabía qué pensar.

Mientras tanto Clara estaba en el hospital, en una cama con la pierna vendada con una escayola y leyendo un libro que su madre le había dejado que llevaba en su bolso aquel día. No dejaba de pensar en Pablo, no le echaba la culpa de lo sucedido, había sido un descuido de su técnica al no fijarse en sus pies al surfear, no pasaba nada, tan sólo era una rotura de tibia, la tendrían que operar y estaría como nueva. La operarían en dos días. <<¿Vendrá mañana?>> No las tenía todas con ella, algo la decía que él no vendría, estaba muy triste. <<Supongo que creerá que le odio o algo así y no se atreverá a venir>> Se fijó que no tenía el móvil para llamar, ni forma aparente de comunicarse con Pablo, tendría que esperar hasta mañana, decidió dormirse, y esperar al día siguiente, a ver qué pasaría antes de su operación.
A penas podía moverse de su posición al tener la pierna en alto e inmovilizada. Fue una malísima noche para ella, peor que la anterior, pero había algo en aquella noche que no lograba recordar. Hubo un momento en el que estaba dormida, que soñó cómo se besaban ella y Pablo en la playa. ¿Era un sueño? Ella no creía en las supersticiones ni en los presagios, pero ¿y si sucediera? No lo podría saber hasta dentro de una semana, cuando pudiera volver a casa después de que la operaran y reposara. <<Qué estará haciendo ahora...>> Se preguntaba una y otra vez, le echaba de menos y sólo llevaba prácticamente dos días con él y a causa de esta bobada no le vería hasta pasada una semana y poco más.
Al final consiguió dormirse entre largos y profundos pensamientos acerca de él.

Eran las doce de la noche. Pablo había estado toda la tarde tocando, no se había ni dado cuenta, ni sus padres tampoco, ya que la sala estaba perfectamente insonorizada. <<No lo aguanto más, necesito ir a verla ya.>> Estaba a punto de cometer una locura, necesitaba verla.
Recogió el violoncello, y con cuidado salió de la habitación, bajó al garaje a hurtadillas y cogió la moto de su padre. Salió en dirección al hospital donde se encontraba ingresada Clara. Tardó quince minutos en llegar más o menos, era tarde y había poco tráfico, era un día de diario.
Aparcó la moto en frente del hospital y entró.
-Buenas noches. Disculpe ¿Clara Martín? Una chica se ha roto la pierna. Habrá llegado esta mañana.
-Sí, un momentito. -Le respondió la chica de recepción. -Sala 354. Coja las escaleras mecánicas y gire a la derecha al subir.
-Muchísimas gracias.
Siguió las indicaciones y llegó hasta la habitación de Clara. Abrió cuidadosamente la puerta y entró. Había una pequeña luz dada y sólo estaba ella en la habitación, estaba dormida.
-Clara. -Dijo con un susurro. <<Está dormida, mírala, duerme como un ángel>>
Se le ocurrió la idea de escribirle una nota, o una carta para cuando despertara la pudiera ver y sonreír, ya que él se tenía que ir, si no quería que le pillaran.
En la mesilla de la cama había un pequeño cuaderno y un bolígrafo, en la primera página había un dibujo, era un hombre, ojos verdes, pelo moreno. <<Un momento, soy yo>> Clara le había dibujado. <<Joder, es precioso>> Arrancó la segunda página, en blanco y comenzó a escribir.
Cuando terminó dejó la nota en la mesilla para que la pudiera ver, la besó en la mejilla con cuidado de no despertarla y se fue.
Cogió la moto de nuevo, dejando atrás el hospital donde estaba Clara, él entre lágrimas no dejaba de repetir la misma frase "Lo siento, lo siento, lo siento muchísimo mi niña, todo es culpa mía".