Aquellas dos semanas se hicieron eternas. Ni un mensaje de Pablo, ni una llamada al skype, ni nada. No supo de él en dos semanas. ¿Seguiría enfadado?
Su recuperación fue muy bien pasadas la dos semanas ella ya podía andar perfectamente con muletas.
Estableció amistad con el grupo de Carlos y sus amigos. No pasó nada más, ya que cada vez que miraba a los ojos a Carlos, venía a Pablo y todo lo ocurrido aquel día, cuando la besó.
Por fin llegó el día en que vería de nuevo a Pablo, eran las diez de la mañana y él llegaría en tan sólo media hora. Se levantó y corriendo fue a arreglarse, aunque no pudiera andar bien (jaja) se lavó la cara, se peinó el largo cabello y se echó colonia, fue a vestirse, se puso unos pantalones cortos fosforitos y una camiseta de jugador de baloncesto que tanto le gustaba a Pablo. Ya estaba lista.
Bajó las escaleras a duras penas con las muletas, y llegó a la cocina donde se dispuso a desayunar.
Su madre le puso el desayuno para que ella no hiciera mucho esfuerzo andando. Ella se sentó y al poco su madre la puso el desayuno en la mesa.
Cuando terminó miró la hora, ya deberían haber vuelto. Miró por la ventana y creyó ver el coche de los padres de Pablo. Alguien se bajó del coche, pero no era ni él ni sus padres. Era una chica, alta, con el cabello marrón, tenía un cierto aire a Clara, pues era de las mismas facciones. A continuación se bajó Pablo. Un nudo se le presentó en el estómago. No sabía qué pensar. Se le estaban pasando tantas cosas por la cabeza.
De pronto llamaron a la puerta, se dispuso a abrir pero un dolor agudo le surgió en la pierna, no podía moverse. Se quedó inmóvil en la silla de la cocina. Ellos entraron.
-¡Pablo! ¿Qué tal el viaje? Uh, ¿y esta señorita? Soy la anfitriona de la casa. -Dijo mientras le daba dos besos.
-Hola, yo soy Estela, soy una... una...amiga, sí, amiga de Pablo.
-Uy, bueno, pasad pasad, dejad las maletas aquí e ir a la cocina a ver a Clara.
Ambos fueron a la cocina mientras los padres de él descargaban las maletas.
-Hola Cl....
-Hola. -Dijo ella. -¿Tú quien eres?
-Hola, soy Estela. Encantada. -Dijo con una sonrisa.
-Clara, ¿podemos hablar? Dijo Pablo.
Se le volvieron a encender los ojos, ¿Qué le iba a decir?
-Estela ¿Te importa ir al salón? ella no puede moverse.
Ella se fue y se quedaron los dos en la cocina. Él se sentó en una silla a su lado y comenzó a hablar.
-Te he echado muchísimo de menos, siento haberme puesto así contigo, lo siento. Bueno, había muchas cosas que me recordaban a ti allí, sí.
Ella se sonrojó.
-¿Y Estela? -Le dijo con una lágrima naciendo de su ojo izquierdo.
-Bueno.. la verdad es que... ha habido algo entre ella y yo. La conocí en Irlanda, era amiga de mis padres y...Lo siento
-¿QUÉ? ¿Es tu novia?
-Sí...
No se lo podía creer, no lo asimilaba, le habían acabado de romper el corazón en mil pedazos, las lágrimas comenzaron a aflorar en sus ojos sin parar.
-Márchate.
-Pero...
-QUE TE MARCHES.
No volvieron a hablarse, pasaron los días, y Pablo y Estela cada vez eran más felices. Ella creía que lo hacía hecho por hacerla daño por lo de Carlos, cada vez más convencida. Pero por desgracia toda esta historia de amor acabó mal. Finalizó el verano, y ni si quiera el último día lograron despedirse. Incluso él con lágrimas en los ojos al marcharse en el coche, ella intentaba ser fuerte pero no podía.
Pasó el tiempo y ella no consiguió olvidarse de él.
Y hasta aquí la historia escrita en su diario, a día de hoy, no ha logrado olvidarle.
lunes, 15 de julio de 2013
domingo, 14 de julio de 2013
Capítulo 14.
Volvió de nuevo a su casa, le costó bastante subir aquella rampa, pero con un poco de fuerza lo consiguió. Era muy duro para ella tener que estar en silla de ruedas dos semanas y otras dos en muletas. Se la iba a hacer raro este mes, aun así, para cuando Pablo volviera, ella ya estaría mejor. <<Carlos me recuerda un poco a Pablo>> ¿Pero, ella seguía estando enamorada de Pablo, no? Abrió la puerta de su casa y entró.
Dio una voz para que supieran que ya estaba en casa. -Ya estoy aquí. Pero nadie respondió. <<Se habrán ido al paseo marítimo por la otra puerta y no les he visto marchar.>> Pensó. Pero ahora no podía subir a su habitación. <<Mierda, ¿ahora qué hago?>> Fue con la silla de ruedas hasta la escalera, la miró, le parecía tan inmensa ahora que no podía creerse que apenas podría subir sola. Se levantó de la silla y se agarró de la barandilla. Cojeando poco a poco fue subiendo la escalera, le dolía muchísimo la pierna. Pero ¿Para qué estaba empeñada en ir a la habitación? Se había dejado el móvil allí y tenía la esperanza de tener un mensaje de Pablo en el whatsapp, cosa muy improbable a no ser de que hubiera encontrado wifi en algún lugar de Irlanda. Pasaron diez minutos y por fin consiguió subir los catorce escalones que separaban cada uno de los pisos. Le dolía muchísimo la pierna, no podía casi ni saltar a la pata coja para llegar a su habitación que estaba tan sólo a un par de metros de ahí. Se agarró a la barandilla que había para no caerse al primer piso en el pasillo y fue saltando poco a poco a la pata coja hasta que consiguió llegar a la habitación, dos saltitos más y se tiró en la cama. <<JODER COMO ME DUELEN LAS PIERNAS>> Justo en ese momento alguien estaba llamando a la ventana, tirando piedrecitas pequeñas. <<No me jodas... que tengo que ir hasta la ventana.>> Vio las muletas que había apoyadas en la pared y las cogió como pudo, se acercó hasta la ventana y la abrió.
Era Carlos. El chico que anteriormente había conocido en la playa jugando a vóley.
-Hola, ¿puedo subir? -Dijo susurrando.
-Sí, no hay nadie y la puerta está abierta, mi habitación es según subes a la izquierda primera puerta. -Le respondió.
A los pocos minutos Carlos llamaba a la puerta de su habitación.
-Holis. -Le dijo mientras cerraba la puerta.
-Hola. ¿Qué haces aquí?
-Me has dicho que... -No le dejó terminar la frase.
-No aquí en mi habitación, si no que a qué has venido. -Le respondió entre risas.
-Pues nada que... quería verte y eso.
Ella se sentó en la cama, tenía las piernas muy doloridas del grandísimo esfuerzo de subir las escaleras.
-Pero si me acabas de conocer.
-Ya, pero.. ¿Tú crees en el amor a primera vista? -Dijo mientras se sentaba a su lado. <<¿A dónde quiere ir a parar?>>
-Pues sí, resulta que...-Él no la dejó terminar y la besó. Durante unos segundos ella se dejó pero recapacitó y se apartó.
-¿QUÉ HACES? -Le dijo mientras se apartaba.
-Pensaba que.. yo...-Balbuceó.
-Sí, me pareciste guapo, pero nos acabamos de conocer.
-Bueno, me voy antes de que vengan tus padres, ¿Nos vemos en un rato en la playa?-Dijo mientras se levantaba.
-Sí, vale. Luego voy ¿te parece?
Se marchó, dejó la habitación vacía, ella se quedó pensativa.
<<¿Qué me acaba de pasar? Un chico guapísimo me acaba de besar, casi sin conocernos y me he apartado. Me siento fatal, no debería ni haberle dejado subir, pero qué digo, ¿Soy boba? Ay, no sé ni qué pensar, me estoy volviendo loca, será que realmente me he enamorado de Pablo, ojalá pudiera hablar con él ahora mismo, me debería desahogar y pedirle perdón, aunque no haya nada, pero ¡DIOS!>> Cogió su teléfono y vio que tenía un whatsapp de Pablo. <<NO PUEDE SER>> Se dijo. En el mensaje ponía:
Mi skype, Pablo97, llámame a las ocho.
Eran las ocho menos cinco, esperaría cinco minutos y le llamaría. Los minutos pasaban muy lento, no sabía qué hacer, se peinaba continuamente el pelo, se maquilló un poco, se sentó en la cama y por fin llegó la hora. Desbloqueó el iPod y le llamó al Skype.
Pin, pin, pin*
Conectado. Sonó una voz.
-¡Clara! ¿Qué tal estás? Se te echa de menos por aquí. -Dijo Pablo, podía verle por la pantalla, estaba despeinado y sus ojos lucían más de lo normal.
-Pablo me acaba de pasar una cosa rarísima. Y me estoy arrepintiendo de ello. -Le dijo.
-Puf, cuéntame. ¿Qué ha pasado?
-La verdad, no sé, bueno, llegué ayer a casa y...
Le contó todo lo sucedido desde que salió a ver a los chicos jugar al vóley hasta hacía dos minutos.
-¿Qué has hecho qué?
-Que.. me besó...
-Os besasteis quieres decir. -Dijo con un tono más que enfadado.
-No, él se lanzó y yo por unos segundos no me aparté pero recapacité y...-No le dejó terminar.
-Puf, mira, tengo mucho que pensar, será mejor que hablemos esto cuando llegue a casa, adiós.
Desconectado.
<<¿QUÉ COÑO HA PASADO? Se lo he explicado y.. MIERDA JODER>> Estaba muy triste, se tumbó en la cama y comenzó a llorar. <<Por...por...porqué se, lo habré contado...DIOS>> No me lo puedo creer, la he cagado, la he liado...
Dio una voz para que supieran que ya estaba en casa. -Ya estoy aquí. Pero nadie respondió. <<Se habrán ido al paseo marítimo por la otra puerta y no les he visto marchar.>> Pensó. Pero ahora no podía subir a su habitación. <<Mierda, ¿ahora qué hago?>> Fue con la silla de ruedas hasta la escalera, la miró, le parecía tan inmensa ahora que no podía creerse que apenas podría subir sola. Se levantó de la silla y se agarró de la barandilla. Cojeando poco a poco fue subiendo la escalera, le dolía muchísimo la pierna. Pero ¿Para qué estaba empeñada en ir a la habitación? Se había dejado el móvil allí y tenía la esperanza de tener un mensaje de Pablo en el whatsapp, cosa muy improbable a no ser de que hubiera encontrado wifi en algún lugar de Irlanda. Pasaron diez minutos y por fin consiguió subir los catorce escalones que separaban cada uno de los pisos. Le dolía muchísimo la pierna, no podía casi ni saltar a la pata coja para llegar a su habitación que estaba tan sólo a un par de metros de ahí. Se agarró a la barandilla que había para no caerse al primer piso en el pasillo y fue saltando poco a poco a la pata coja hasta que consiguió llegar a la habitación, dos saltitos más y se tiró en la cama. <<JODER COMO ME DUELEN LAS PIERNAS>> Justo en ese momento alguien estaba llamando a la ventana, tirando piedrecitas pequeñas. <<No me jodas... que tengo que ir hasta la ventana.>> Vio las muletas que había apoyadas en la pared y las cogió como pudo, se acercó hasta la ventana y la abrió.
Era Carlos. El chico que anteriormente había conocido en la playa jugando a vóley.
-Hola, ¿puedo subir? -Dijo susurrando.
-Sí, no hay nadie y la puerta está abierta, mi habitación es según subes a la izquierda primera puerta. -Le respondió.
A los pocos minutos Carlos llamaba a la puerta de su habitación.
-Holis. -Le dijo mientras cerraba la puerta.
-Hola. ¿Qué haces aquí?
-Me has dicho que... -No le dejó terminar la frase.
-No aquí en mi habitación, si no que a qué has venido. -Le respondió entre risas.
-Pues nada que... quería verte y eso.
Ella se sentó en la cama, tenía las piernas muy doloridas del grandísimo esfuerzo de subir las escaleras.
-Pero si me acabas de conocer.
-Ya, pero.. ¿Tú crees en el amor a primera vista? -Dijo mientras se sentaba a su lado. <<¿A dónde quiere ir a parar?>>
-Pues sí, resulta que...-Él no la dejó terminar y la besó. Durante unos segundos ella se dejó pero recapacitó y se apartó.
-¿QUÉ HACES? -Le dijo mientras se apartaba.
-Pensaba que.. yo...-Balbuceó.
-Sí, me pareciste guapo, pero nos acabamos de conocer.
-Bueno, me voy antes de que vengan tus padres, ¿Nos vemos en un rato en la playa?-Dijo mientras se levantaba.
-Sí, vale. Luego voy ¿te parece?
Se marchó, dejó la habitación vacía, ella se quedó pensativa.
<<¿Qué me acaba de pasar? Un chico guapísimo me acaba de besar, casi sin conocernos y me he apartado. Me siento fatal, no debería ni haberle dejado subir, pero qué digo, ¿Soy boba? Ay, no sé ni qué pensar, me estoy volviendo loca, será que realmente me he enamorado de Pablo, ojalá pudiera hablar con él ahora mismo, me debería desahogar y pedirle perdón, aunque no haya nada, pero ¡DIOS!>> Cogió su teléfono y vio que tenía un whatsapp de Pablo. <<NO PUEDE SER>> Se dijo. En el mensaje ponía:
Mi skype, Pablo97, llámame a las ocho.
Eran las ocho menos cinco, esperaría cinco minutos y le llamaría. Los minutos pasaban muy lento, no sabía qué hacer, se peinaba continuamente el pelo, se maquilló un poco, se sentó en la cama y por fin llegó la hora. Desbloqueó el iPod y le llamó al Skype.
Pin, pin, pin*
Conectado. Sonó una voz.
-¡Clara! ¿Qué tal estás? Se te echa de menos por aquí. -Dijo Pablo, podía verle por la pantalla, estaba despeinado y sus ojos lucían más de lo normal.
-Pablo me acaba de pasar una cosa rarísima. Y me estoy arrepintiendo de ello. -Le dijo.
-Puf, cuéntame. ¿Qué ha pasado?
-La verdad, no sé, bueno, llegué ayer a casa y...
Le contó todo lo sucedido desde que salió a ver a los chicos jugar al vóley hasta hacía dos minutos.
-¿Qué has hecho qué?
-Que.. me besó...
-Os besasteis quieres decir. -Dijo con un tono más que enfadado.
-No, él se lanzó y yo por unos segundos no me aparté pero recapacité y...-No le dejó terminar.
-Puf, mira, tengo mucho que pensar, será mejor que hablemos esto cuando llegue a casa, adiós.
Desconectado.
<<¿QUÉ COÑO HA PASADO? Se lo he explicado y.. MIERDA JODER>> Estaba muy triste, se tumbó en la cama y comenzó a llorar. <<Por...por...porqué se, lo habré contado...DIOS>> No me lo puedo creer, la he cagado, la he liado...
viernes, 12 de julio de 2013
Capítulo 13.
Le ayudaron a bajar con una silla de ruedas que había en la misma habitación, para que ella se trasladara más cómodamente. Su madre ya había bajado las cosas al coche y tan sólo faltaba que ella bajara. Cogió el ascensor que había al final del pasillo donde se encontraba su habitación y su madre y ella bajaron en cuestión de segundos.
Cuando llegaron abajo estaba su padre esperando para ayudarle a caminar hasta el coche. Se le veía a Clara con los ojos apagados, en tristeza, sus preciosos ojos brillantes estaban caídos, no sonreía. Su padre no tardó en darse cuenta.
-Cariño ¿Estás bien? -Dijo mientras caminaba con ella a la salida del hospital.
-S...sí, es...estoy bien. -Balbuceó.
Le besó la frente a su hija y continuaron caminando. Ella no dejaba de pensar que estaría dos semanas sin ver a Pablo, pero la parte buena sería que pasadas las dos semanas tendría la pierna mucho mejor, aunque estaría a mitad de rehabilitación. Le echaba mucho de menos. Tan sólo había estado unos días con él, pero se habían conocido tanto, se habían contado tantas cosas, que no pudo evitar enamorarse, algo que parecía que él también de ella, era un sentimiento recíproco.
Se montó en el coche y en pocos minutos llegó a su casa de nuevo.
<<Menos mal, de nuevo en casa>> Su madre le dijo que se fuera a la habitación, que no le vendría mal descansar allí, escuchando música o viendo la televisión ya que no podría hacer mucho más en cuarenta días. Le ayudaron a subir las escaleras en brazos de su padre, mientras su madre le subía la pequeña maleta que le habían llevado para cambiarse allí, caminó un poco en muletas hasta llegar a su habitación que estaba cerrada. Como de costumbre. Abrió la puerta y entró en la habitación.
-Cariño, te dejo aquí la maleta, túmbate anda.
Su madre se fue, la dejó sola en aquella habitación ahora vacía, sin la presencia de Pablo, pero había algo. No se había dado cuenta aún, pero en la mesilla había un pequeño regalo envuelto.
Se tumbó en la cama y encendió el televisor que había colgado de la pared. fue a dejar el mando en la mesilla cuando se percató de la presencia del regalo. <<¿Qué es esto?>> Cogió el pequeño paquete que había y lo miró por todos los lados. Era un regalo y ponía "de Pablo" en la parte de arriba. <<Este chico está loco>> Dijo mientras sonreía. Estaba cada vez más enamorada de él, y cada vez tenía más ganas de verle. Desenvolvió el regalo y vio que era una pequeña caja. Dentro de ella había un marco de fotos dado la vuelta. <<Pero si él y yo no tenemos fotos>> Le giró y vio que era una foto de dos niños pequeños, eran ella y Pablo cuando tenían cinco años, ambos en bañador en el mar, era la misma playa de Santander, era el mismo lugar. Se dio cuenta de que había también una pequeña carta en la que ponía:
Espero que te guste, te voy a echar muchísimo de menos, y recuerda que te quiero.
Le encantó la foto. Era preciosa, la dejó en la mesilla y le envió un mensaje para darle las gracias, pero antes de darle a enviar recordó que estaba en Irlanda. <<Mierda, le daré las gracias cuando vuelva>>
Desde su cama podía ver la ventana que daba a la playa. Se puso en pie y se sentó en una silla de ruedas, la misma del hospital que la habían comprado para mayor comodidad de Clara.
Se acercó a la ventana y vio que en la playa había unos chicos y unas chicas jugando al vóley, Clara adoraba el vóley, se quedó un buen rato observándoles, hasta que se le ocurrió bajar a la playa con la silla de ruedas a verles.
-¡MAMÁ! -Gritó desde la puerta de su habitación. -¿Me ayudas a bajar? Voy a ir al paseo marítimo a ver cómo juegan unos chicos al vóley.
-Cariño, no deberías.... Pero bueno, así tomas el aire, voy.
Su madre le ayudó a bajar y cogió la silla de ruedas después y se la dio. Clara se sentó y se fue, le hacía daño al rozar las manos con las ruedas de la silla, le costaba moverse, se tendría que hacer a ella. Salió por la puerta principal y se fue hasta el paseo marítimo. Se colocó cerca de la valla y se quedó mirándolos. Uno de los chicos se dio cuenta de ello y Clara al ver que la miraba cambió vista y se puso a mirar a otra parte para disimular, el chico se rió y se lo dijo a sus amigos. La hicieron un gesto de como si quería jugar, pero no vieron la silla. Ella se la señaló y ellos se acercaron.
-Hola. -Dijo uno de los chicos, muy guapo por cierto. -¿Te apetece echar un vóley?
-Estoy en silla de ruedas, me acaban de operar, ya me gustaría. -Dijo echando la mirada a la silla.
¿Qué dices? ¿Qué te pasó? -Dijeron todos al unísono.
-Nada, que haciendo surf.. me desequilibré y... pum. -Dijo con una sonrisa irónica.
-Puf, recupérate, bueno, yo me llamo Carlos. -Dijo el chico más alto.
Se fueron presentando uno a uno, tres chicos y tres chicas, Carlos, Marcos y Enrique, los chicos. Estela, María y Alicia, las chicas. Parecían muy majos.
Estuvieron hablando un rato, no estuvo mal, se consiguió olvidar un poco de Pablo y su malestar por su falta allí. Uno de los chicos la llamó la atención, era Carlos, era alto rubio y de ojos verdes. No era Pablo, claro que no, pero le recordaba un poco a él, sin razón aparente.
-Bueno, yo vivo en esa casa de ahí, si queréis dar una vuelta o algo, aunque esté en silla de ruedas, llamad, estaré ahí siempre. -Dijo a modo de despedida.
-Eso está hecho preciosa, respondió Carlos.
-Ehhh, no intentes ligar que no se te da bien. -Respondió una de las chicas, Alicia.
Ambos se rieron y ella con una sonrisa se fue del paseo marítimo.
<<Son muy majos y Carlos es muy guapo, ya tengo manera de entretenimiento estos días, estará bien.>>
Cuando llegaron abajo estaba su padre esperando para ayudarle a caminar hasta el coche. Se le veía a Clara con los ojos apagados, en tristeza, sus preciosos ojos brillantes estaban caídos, no sonreía. Su padre no tardó en darse cuenta.
-Cariño ¿Estás bien? -Dijo mientras caminaba con ella a la salida del hospital.
-S...sí, es...estoy bien. -Balbuceó.
Le besó la frente a su hija y continuaron caminando. Ella no dejaba de pensar que estaría dos semanas sin ver a Pablo, pero la parte buena sería que pasadas las dos semanas tendría la pierna mucho mejor, aunque estaría a mitad de rehabilitación. Le echaba mucho de menos. Tan sólo había estado unos días con él, pero se habían conocido tanto, se habían contado tantas cosas, que no pudo evitar enamorarse, algo que parecía que él también de ella, era un sentimiento recíproco.
Se montó en el coche y en pocos minutos llegó a su casa de nuevo.
<<Menos mal, de nuevo en casa>> Su madre le dijo que se fuera a la habitación, que no le vendría mal descansar allí, escuchando música o viendo la televisión ya que no podría hacer mucho más en cuarenta días. Le ayudaron a subir las escaleras en brazos de su padre, mientras su madre le subía la pequeña maleta que le habían llevado para cambiarse allí, caminó un poco en muletas hasta llegar a su habitación que estaba cerrada. Como de costumbre. Abrió la puerta y entró en la habitación.
-Cariño, te dejo aquí la maleta, túmbate anda.
Su madre se fue, la dejó sola en aquella habitación ahora vacía, sin la presencia de Pablo, pero había algo. No se había dado cuenta aún, pero en la mesilla había un pequeño regalo envuelto.
Se tumbó en la cama y encendió el televisor que había colgado de la pared. fue a dejar el mando en la mesilla cuando se percató de la presencia del regalo. <<¿Qué es esto?>> Cogió el pequeño paquete que había y lo miró por todos los lados. Era un regalo y ponía "de Pablo" en la parte de arriba. <<Este chico está loco>> Dijo mientras sonreía. Estaba cada vez más enamorada de él, y cada vez tenía más ganas de verle. Desenvolvió el regalo y vio que era una pequeña caja. Dentro de ella había un marco de fotos dado la vuelta. <<Pero si él y yo no tenemos fotos>> Le giró y vio que era una foto de dos niños pequeños, eran ella y Pablo cuando tenían cinco años, ambos en bañador en el mar, era la misma playa de Santander, era el mismo lugar. Se dio cuenta de que había también una pequeña carta en la que ponía:
Espero que te guste, te voy a echar muchísimo de menos, y recuerda que te quiero.
Le encantó la foto. Era preciosa, la dejó en la mesilla y le envió un mensaje para darle las gracias, pero antes de darle a enviar recordó que estaba en Irlanda. <<Mierda, le daré las gracias cuando vuelva>>
Desde su cama podía ver la ventana que daba a la playa. Se puso en pie y se sentó en una silla de ruedas, la misma del hospital que la habían comprado para mayor comodidad de Clara.
Se acercó a la ventana y vio que en la playa había unos chicos y unas chicas jugando al vóley, Clara adoraba el vóley, se quedó un buen rato observándoles, hasta que se le ocurrió bajar a la playa con la silla de ruedas a verles.
-¡MAMÁ! -Gritó desde la puerta de su habitación. -¿Me ayudas a bajar? Voy a ir al paseo marítimo a ver cómo juegan unos chicos al vóley.
-Cariño, no deberías.... Pero bueno, así tomas el aire, voy.
Su madre le ayudó a bajar y cogió la silla de ruedas después y se la dio. Clara se sentó y se fue, le hacía daño al rozar las manos con las ruedas de la silla, le costaba moverse, se tendría que hacer a ella. Salió por la puerta principal y se fue hasta el paseo marítimo. Se colocó cerca de la valla y se quedó mirándolos. Uno de los chicos se dio cuenta de ello y Clara al ver que la miraba cambió vista y se puso a mirar a otra parte para disimular, el chico se rió y se lo dijo a sus amigos. La hicieron un gesto de como si quería jugar, pero no vieron la silla. Ella se la señaló y ellos se acercaron.
-Hola. -Dijo uno de los chicos, muy guapo por cierto. -¿Te apetece echar un vóley?
-Estoy en silla de ruedas, me acaban de operar, ya me gustaría. -Dijo echando la mirada a la silla.
¿Qué dices? ¿Qué te pasó? -Dijeron todos al unísono.
-Nada, que haciendo surf.. me desequilibré y... pum. -Dijo con una sonrisa irónica.
-Puf, recupérate, bueno, yo me llamo Carlos. -Dijo el chico más alto.
Se fueron presentando uno a uno, tres chicos y tres chicas, Carlos, Marcos y Enrique, los chicos. Estela, María y Alicia, las chicas. Parecían muy majos.
Estuvieron hablando un rato, no estuvo mal, se consiguió olvidar un poco de Pablo y su malestar por su falta allí. Uno de los chicos la llamó la atención, era Carlos, era alto rubio y de ojos verdes. No era Pablo, claro que no, pero le recordaba un poco a él, sin razón aparente.
-Bueno, yo vivo en esa casa de ahí, si queréis dar una vuelta o algo, aunque esté en silla de ruedas, llamad, estaré ahí siempre. -Dijo a modo de despedida.
-Eso está hecho preciosa, respondió Carlos.
-Ehhh, no intentes ligar que no se te da bien. -Respondió una de las chicas, Alicia.
Ambos se rieron y ella con una sonrisa se fue del paseo marítimo.
<<Son muy majos y Carlos es muy guapo, ya tengo manera de entretenimiento estos días, estará bien.>>
jueves, 11 de julio de 2013
Capítulo 12.
Durante la operación, estaba sedada, pero como si estuviera dormida comenzó a soñar.
El sueño estaba en blanco y negro, algo que no podemos evitar ya que es algo de nuestro cerebro. En el sueño aparecía ella, en la playa, abrazada a alguien, no se le veía muy bien ya que era de noche. Hasta se podía oler el dulce olor del mar. Podían notarse cómo las olas rozaban sus pies y hasta algunas llegaban hasta las rodillas. Estaban observando la luna y las estrellas desde la orilla del mar. Dando un paseo. Ella lucía un precioso vestido de playa y por debajo su bikini, y él iba sin camiseta y en pantalones parecidos a los de un bañador. Aun estando dormida podía notar cómo el agua corría jugueteando entre sus dedos. De repente el chico se paró, le hizo una señal de como si le preguntara si quería bañarse, ella con una sonrisa aceptó y se quitaron la ropa, ella dejando ver su cuerpo atlético y un pequeño tatuaje en la espalda de las "f" de un violoncello, algo que ella siempre quiso tener y por un momento lo tendría en un sueño. Poco a poco se fueron metiendo en el mar, era de noche, sólo el mar estaba iluminado con la fuerza de la luna. Ambos de pie, andando por el mar, se fueron poco a poco acercándose el uno al otro hasta que bajo la luna sus labios se juntaron, en un beso efímero, un beso que duraría en el sueño horas. Pero sería cuestión de segundos en la vida real. Solamente y las olas serían testigo de lo que pasaría aquella noche. Se seguía sin ver al chico, sólo se enfocaba a Clara, pero era una Clara distinta, más mayor, más alta, tal vez sería como ella quisiese ver, una visión perfecta de sí misma, aunque para los ojos de Pablo ella era perfecta tal y como era.
Ella estaba mirando fijamente la luna, cuando él la abrazó por detrás le estaba acariciando la tripa y poco a poco sus labios se juntaron con el cuello de Clara hasta que le comenzó a besar lentamente el cuello, algo que nos encanta a las chicas, lo adoramos. Ella se giró, le agarró las manos, las llevó hasta la espalda y fue a juntar su boca con la del chico cuando...
-Bueno señorita, ya está usted. Esta todo bien, la operación ha sido un éxito y sólo tienes que reposar aquí una semana y luego hacer los ejercicios y andar en muletas en tu casa.
-¿Ya estoy operada? -Dijo sorprendida, juraría que hace un momento estaba en la playa con un chico al que no pudo ver la cara.
-Sí, estás operada ya, notarás molestias en la pierna dado que te hemos hecho un corte que va por toda la parte baja de la pierna, pero no te preocupes, se pasará, tienes que tomarte un medicamento cada día para el dolor, te lo dará la enfermera, tu estate tranquila, lee, ve la televisión o diviértete lo que puedas mientras estés aquí.
Dicho aquello, se fue de la habitación, volviéndola a dejar vacía, eran las cinco de la tarde, sus padres y Pablo no tardarían en llegar. <<Pablo me dijo que me iba a traer un regalo, ¿qué será?>> Estaba impaciente por ver qué era.
Cogió su móvil para ver si tenía algún whatsapp, y sí, tenía de todos sus amigos diciéndole que qué tal la operación y cosas similares. Pero ningún rastro de Pablo, esperaría hasta que llegara.
La espera se hacía eterna, los segundos eran horas, y cada vez tenía más sueño, sería por los sedantes, aún se encontraba un poco aturdida, hasta que cayó dormida.
Llamaron a la puerta pero ella no lo oyó, estaba profundamente dormida, era Pablo quien entró primero, sus padres le habían cedido el lugar antes.
-¿Clara? -Dijo mientras pasaba por la blanca sala. <<Está dormida, pero qué rica>> Le besó en la frente y ella despertó como una princesa de un cuento que le solían leer cuando era pequeña.
-Buenos días marmota, qué, ¿mucha fiesta por la noche? Qué tal andas. -Dijo sacando una pequeña sonrisa de medio lado de su boca.
-JÁ, JÁ, JÁ. Pues mejor que tú, gilipollas. -Dijo riéndose, estaba vacilón hoy Pablo al parecer. <<Vaya un vacilón me ha tocado>>
-¿Sabes qué? Tengo una pequeña sorpresa para ti. Me sentía culpable por lo que te ha pasado y me he aventurado a comprarte una cosita.
-Sabes perfectamente que no hacía falta.... -Dijo suspirando, realmente sí tenía ganas de ver qué era lo que le había comprado, tener un recuerdo suyo, no estaría mal la verdad.
-Bueno ¿Quieres verlo? -Dijo sonriéndole.
-Claro.
-Cierra los ojos-. Ella los cerró y comenzó a oír el ruido de algo que parecía que estaba sacando del bolsillo.
-Ya puedes abrirlo.
Clara dio un grito ahogado, no podía ser, era lo que más quería en el mundo, lo que llevaba muchísimo tiempo buscando y jamás lo encontraba. Era un colgante con una clave de sol perfecta, el símbolo de la música, la marca de que ella también era música.
-Oh Dios, es precioso. ¿No será caro verdad?
-Qué más da si es caro, es tuyo y quiero que te lo quedes sea caro o no, trae que te lo pongo.
Ella se quitó su larga melena del cuello y dejó que Pablo le pusiera el colgante, le quedaba perfecto, como un guante.
-Oh, es que es preciosísimo, muchísimas gracias. Le besó en la mejilla y le dio un abrazo más o menos como pudo por estar en la cama inmovilizada.
-Bueno, me voy a ir ya, que tus padres querrán verte. Te quiero.
Ella le sonrió y se sonrojó. -Te quiero.
Se marchó de la habitación y al paso entraron sus padres. Estuvo un rato charlando con ellos, de cómo fue la operación y qué tal sentía la pierna, pasaron unos veinte minutos hasta que se marcharon y la volvieron a dejar sola en aquella habitación blanca.
Los días en aquella sala pasaban muy lento, los demás días le fueron a ver un par de veces, ya que lo que les pidió el médico fue que reposara y durmiera todo lo que pudiera y más, así que apenas recibió visitas. Se pasaba el día entero hablando con Pablo por whatsapp, adoraba hablar con él por las noches, era lo mejor del mundo. Se sentía como todas aquellas amigas suyas que vivían pegadas al móvil cuando hablaban con el chico al que querían, esa sensación de agobio cuando no le respondían al minuto y sonreír cada vez que le ponían un piropo, esa sensación. Aún así, los días pasaban muy lento. Todo era rutina, ejercicios para caminar y andar por el pasillo del piso del hospital, poco más.
Por fin llegó el último día en aquel lugar, se despertó con muchísimas ganas de volver a casa, aunque tuviera que ir en muletas y a duras penas. Tenía mil ganas de ver a Pablo.
Miró el móvil y ahí tenía el whatsapp de Pablo aunque la reacción al verle no fue la misma de todas las mañanas.
"Pequeña, no sé cómo te sentará esto, sé que hoy vuelves a casa, pero es que unos amigos de mi padre nos han invitado dos semanas a Irlanda a su casa y mi padre ha dicho que sí. Les he dicho que yo no iba pero me han dado la vara con que fuera y al final me han medio obligado, allí no hay internet así que no podremos hablar en dos semanas, te voy a echar muchísimo de menos, y ten presente que te quiero ¿Vale? Va, no te preocupes, cuando llegues a casa ya no estaré, pues me voy en menos de media hora a coger el avión, ya estoy en Madrid, pero prefiero no hablar más porque te voy a echar muchísimo de menos y prefiero no ponerme peor ¿Vale? Un besazo fea, nos vemos en dos semanas."
No pudo evitar llorar, no pudo, <<¿SE VA DOS SEMANAS A IRLANDA? ¿QUÉ HAGO AHORA YO?>> Estaba fatal, rota. Necesitaba despejarse un poco. Comenzó a escuchar música un rato, hasta que llegó su madre.
-Cariño, venga, vamos, tengo todo en el coche ya. Volvamos a casa.
El sueño estaba en blanco y negro, algo que no podemos evitar ya que es algo de nuestro cerebro. En el sueño aparecía ella, en la playa, abrazada a alguien, no se le veía muy bien ya que era de noche. Hasta se podía oler el dulce olor del mar. Podían notarse cómo las olas rozaban sus pies y hasta algunas llegaban hasta las rodillas. Estaban observando la luna y las estrellas desde la orilla del mar. Dando un paseo. Ella lucía un precioso vestido de playa y por debajo su bikini, y él iba sin camiseta y en pantalones parecidos a los de un bañador. Aun estando dormida podía notar cómo el agua corría jugueteando entre sus dedos. De repente el chico se paró, le hizo una señal de como si le preguntara si quería bañarse, ella con una sonrisa aceptó y se quitaron la ropa, ella dejando ver su cuerpo atlético y un pequeño tatuaje en la espalda de las "f" de un violoncello, algo que ella siempre quiso tener y por un momento lo tendría en un sueño. Poco a poco se fueron metiendo en el mar, era de noche, sólo el mar estaba iluminado con la fuerza de la luna. Ambos de pie, andando por el mar, se fueron poco a poco acercándose el uno al otro hasta que bajo la luna sus labios se juntaron, en un beso efímero, un beso que duraría en el sueño horas. Pero sería cuestión de segundos en la vida real. Solamente y las olas serían testigo de lo que pasaría aquella noche. Se seguía sin ver al chico, sólo se enfocaba a Clara, pero era una Clara distinta, más mayor, más alta, tal vez sería como ella quisiese ver, una visión perfecta de sí misma, aunque para los ojos de Pablo ella era perfecta tal y como era.
Ella estaba mirando fijamente la luna, cuando él la abrazó por detrás le estaba acariciando la tripa y poco a poco sus labios se juntaron con el cuello de Clara hasta que le comenzó a besar lentamente el cuello, algo que nos encanta a las chicas, lo adoramos. Ella se giró, le agarró las manos, las llevó hasta la espalda y fue a juntar su boca con la del chico cuando...
-Bueno señorita, ya está usted. Esta todo bien, la operación ha sido un éxito y sólo tienes que reposar aquí una semana y luego hacer los ejercicios y andar en muletas en tu casa.
-¿Ya estoy operada? -Dijo sorprendida, juraría que hace un momento estaba en la playa con un chico al que no pudo ver la cara.
-Sí, estás operada ya, notarás molestias en la pierna dado que te hemos hecho un corte que va por toda la parte baja de la pierna, pero no te preocupes, se pasará, tienes que tomarte un medicamento cada día para el dolor, te lo dará la enfermera, tu estate tranquila, lee, ve la televisión o diviértete lo que puedas mientras estés aquí.
Dicho aquello, se fue de la habitación, volviéndola a dejar vacía, eran las cinco de la tarde, sus padres y Pablo no tardarían en llegar. <<Pablo me dijo que me iba a traer un regalo, ¿qué será?>> Estaba impaciente por ver qué era.
Cogió su móvil para ver si tenía algún whatsapp, y sí, tenía de todos sus amigos diciéndole que qué tal la operación y cosas similares. Pero ningún rastro de Pablo, esperaría hasta que llegara.
La espera se hacía eterna, los segundos eran horas, y cada vez tenía más sueño, sería por los sedantes, aún se encontraba un poco aturdida, hasta que cayó dormida.
Llamaron a la puerta pero ella no lo oyó, estaba profundamente dormida, era Pablo quien entró primero, sus padres le habían cedido el lugar antes.
-¿Clara? -Dijo mientras pasaba por la blanca sala. <<Está dormida, pero qué rica>> Le besó en la frente y ella despertó como una princesa de un cuento que le solían leer cuando era pequeña.
-Buenos días marmota, qué, ¿mucha fiesta por la noche? Qué tal andas. -Dijo sacando una pequeña sonrisa de medio lado de su boca.
-JÁ, JÁ, JÁ. Pues mejor que tú, gilipollas. -Dijo riéndose, estaba vacilón hoy Pablo al parecer. <<Vaya un vacilón me ha tocado>>
-¿Sabes qué? Tengo una pequeña sorpresa para ti. Me sentía culpable por lo que te ha pasado y me he aventurado a comprarte una cosita.
-Sabes perfectamente que no hacía falta.... -Dijo suspirando, realmente sí tenía ganas de ver qué era lo que le había comprado, tener un recuerdo suyo, no estaría mal la verdad.
-Bueno ¿Quieres verlo? -Dijo sonriéndole.
-Claro.
-Cierra los ojos-. Ella los cerró y comenzó a oír el ruido de algo que parecía que estaba sacando del bolsillo.
-Ya puedes abrirlo.
Clara dio un grito ahogado, no podía ser, era lo que más quería en el mundo, lo que llevaba muchísimo tiempo buscando y jamás lo encontraba. Era un colgante con una clave de sol perfecta, el símbolo de la música, la marca de que ella también era música.
-Oh Dios, es precioso. ¿No será caro verdad?
-Qué más da si es caro, es tuyo y quiero que te lo quedes sea caro o no, trae que te lo pongo.
Ella se quitó su larga melena del cuello y dejó que Pablo le pusiera el colgante, le quedaba perfecto, como un guante.
-Oh, es que es preciosísimo, muchísimas gracias. Le besó en la mejilla y le dio un abrazo más o menos como pudo por estar en la cama inmovilizada.
-Bueno, me voy a ir ya, que tus padres querrán verte. Te quiero.
Ella le sonrió y se sonrojó. -Te quiero.
Se marchó de la habitación y al paso entraron sus padres. Estuvo un rato charlando con ellos, de cómo fue la operación y qué tal sentía la pierna, pasaron unos veinte minutos hasta que se marcharon y la volvieron a dejar sola en aquella habitación blanca.
Los días en aquella sala pasaban muy lento, los demás días le fueron a ver un par de veces, ya que lo que les pidió el médico fue que reposara y durmiera todo lo que pudiera y más, así que apenas recibió visitas. Se pasaba el día entero hablando con Pablo por whatsapp, adoraba hablar con él por las noches, era lo mejor del mundo. Se sentía como todas aquellas amigas suyas que vivían pegadas al móvil cuando hablaban con el chico al que querían, esa sensación de agobio cuando no le respondían al minuto y sonreír cada vez que le ponían un piropo, esa sensación. Aún así, los días pasaban muy lento. Todo era rutina, ejercicios para caminar y andar por el pasillo del piso del hospital, poco más.
Por fin llegó el último día en aquel lugar, se despertó con muchísimas ganas de volver a casa, aunque tuviera que ir en muletas y a duras penas. Tenía mil ganas de ver a Pablo.
Miró el móvil y ahí tenía el whatsapp de Pablo aunque la reacción al verle no fue la misma de todas las mañanas.
"Pequeña, no sé cómo te sentará esto, sé que hoy vuelves a casa, pero es que unos amigos de mi padre nos han invitado dos semanas a Irlanda a su casa y mi padre ha dicho que sí. Les he dicho que yo no iba pero me han dado la vara con que fuera y al final me han medio obligado, allí no hay internet así que no podremos hablar en dos semanas, te voy a echar muchísimo de menos, y ten presente que te quiero ¿Vale? Va, no te preocupes, cuando llegues a casa ya no estaré, pues me voy en menos de media hora a coger el avión, ya estoy en Madrid, pero prefiero no hablar más porque te voy a echar muchísimo de menos y prefiero no ponerme peor ¿Vale? Un besazo fea, nos vemos en dos semanas."
No pudo evitar llorar, no pudo, <<¿SE VA DOS SEMANAS A IRLANDA? ¿QUÉ HAGO AHORA YO?>> Estaba fatal, rota. Necesitaba despejarse un poco. Comenzó a escuchar música un rato, hasta que llegó su madre.
-Cariño, venga, vamos, tengo todo en el coche ya. Volvamos a casa.
Capítulo 11.
La sala se quedó vacía, se dio cuenta de que la habitación se había quedado impregnada del olor de Pablo, de su colonia, "One Million". Tenía el móvil en la mesilla. Lo abrió y tenía quince conversaciones de whatsapp abiertas. <<¿Sabrán que estoy aquí?>> Desbloqueó el móvil y comenzó a mirar.
Su mejor amiga: Caaaaaara pene, ¿que tal por Santander? a ver si llamas eh zorra que te echo de
menos.
Del grupo de clase, llamado "Slytherin Rules" Lo puso ella, es una auténtica fan de Harry potter. De ese pasó de leerlo, todos los mensajes eran porno y fotos guarras.
Fue leyendo uno a uno los demás whatsapp y respondiéndolos, hasta que llegó a uno que no tenía guardado.
Hola, ¿qué tal andas por el hospital? Te echo de menos, la habitación está vacía sin ti.
Era Pablo, le habría pedido el número a sus padres. Miró su foto de whatsapp, aparecía él tocando el violoncello sin camiseta. <<Ay, me la voy a guardar en la galería de fotos para alegrarme la estancia aquí. Qué guapo es Dios mío>> Le respondió: Bueno, estaría mejor si estuvieras aquí conmigo. Yo también te echo de menos.
Ahora se sentía como todas aquellas chicas que estaban colgadas del móvil cada vez que hablaban con el chico que las gustaba, esperando a responder, esperando a que pusiera "En linea" para hablar. <<Sonreírle a un móvil, pero qué cutre me estoy volviendo>>
Se incorporó en la cama y comenzó a escribir en su diario.
A noche, no escribí nada, me pasó algo. Los días con Pablo son increíbles y se convierten en segundos cada vez que estoy con él. ¿Qué me está pasando? Me ha ganado, ha conseguido que esté loca por él en tan sólo un par de días, el verano aún está comenzando, y no sé qué pasará después de que salga del hospital; me he partido la pierna haciendo surf. Cada vez que le veo las mariposas nacen y se reproducen en mi estómago, al final las acabaré vomitando de tantas que tengo acumuladas por su culpa. Le echo de menos, es un amor. ¿Él estará enamorado de mi? Ojalá me pudiera meter en su cabeza y ver qué piensa él de mi, puedo tener mis sospechas de que por la carta, los besos por la noche, su mirada, sí. Pero no sé qué hacer, no soy de esas que dicen sus sentimientos hacia la otra persona, habrá que esperar.
Cerró el diario y lo dejó en la mesilla de noche de la habitación, le costaba mucho moverse pues no podía mover la pierna. Al día siguiente la operarían y estaría una semana en el hospital hasta poder volver a la casa.
Estaba nerviosa, ¿Y si la operación no salía bien? Era sencilla pero no sé, todo podría ser.
Estuvo hablando casi toda la tarde con Pablo por whatsapp, no paraba de sonreírle al móvil, parecía una cría pequeña. Pero las bobadas de que hablaban le enamoraban cada vez más, era como si fuera ahora mismo su mejor amigo y a la vez el chico de su vida. Quien lo iba a decir.
Dieron las diez de la noche y ella estaba muerta de sueño, al día siguiente a las ocho tendría que estar en pie para la operación, así que se despidió de él y cerró los datos para que no la molestaran. De repente suena su teléfono. "Llamada entrante Pablo♥"
-¿Sí? -Dijo con una sonrisa.
-Preciosa, buenísimas noches, espero que todo salga genial mañana, después de la operación te voy a ver con un regalo, te quiero.
Colgó. No la dejó decir nada más. Ella estaba que se subía por las paredes. <<¿Cómo puede ser tan perfecto? Ojalá jamás se estropeé.>>
Después de eso, puso el móvil en silencio y se fue a dormir, a la mañana siguiente tenía la operación, más la valía descansar.
Se despertó. <<¿Qué hora es?>> Eran las siete y media de la mañana, tenía media hora para dormir pero no tenía sueño. Cogió el móvil, enchufó unos cascos que había en la mesilla que le habría traído su madre con el iPod y comenzó a escuchar un poco de música para motivarse y no deprimirse.
Un poco de electrónica no le vendría mal, lo que más adoraba en el mundo eran las baladas de Heavy. Pero la deprimían y no era el momento idóneo para ello.
Pasó la media hora de un suspiro, alguien llamó a la puerta.
Toc toc*
-¿Sí? -Dijo quitándose los cascos y dejándolos en la mesilla.
-Hola Clara, vamos, tenemos que ir a quirófano. -Era un señor de bata blanca con barba canosa, parecía muy serio y eso no le gustó mucho.
Era la hora, ojalá todo saliera bien, si no no podría volver a surfear en la vida.
La llevaron en camilla hasta la sala, la dejaron delante de la puerta unos minutos, donde ponía "Sala de Quirófano" Estaba asustada.
De repente alguien le empujó hacia dentro, la puerta se abrió y pocos minutos después perdió el conocimiento. Le habían inyectado un sedante.
La operación duraría tres horas.
Su mejor amiga: Caaaaaara pene, ¿que tal por Santander? a ver si llamas eh zorra que te echo de
menos.
Del grupo de clase, llamado "Slytherin Rules" Lo puso ella, es una auténtica fan de Harry potter. De ese pasó de leerlo, todos los mensajes eran porno y fotos guarras.
Fue leyendo uno a uno los demás whatsapp y respondiéndolos, hasta que llegó a uno que no tenía guardado.
Hola, ¿qué tal andas por el hospital? Te echo de menos, la habitación está vacía sin ti.
Era Pablo, le habría pedido el número a sus padres. Miró su foto de whatsapp, aparecía él tocando el violoncello sin camiseta. <<Ay, me la voy a guardar en la galería de fotos para alegrarme la estancia aquí. Qué guapo es Dios mío>> Le respondió: Bueno, estaría mejor si estuvieras aquí conmigo. Yo también te echo de menos.
Ahora se sentía como todas aquellas chicas que estaban colgadas del móvil cada vez que hablaban con el chico que las gustaba, esperando a responder, esperando a que pusiera "En linea" para hablar. <<Sonreírle a un móvil, pero qué cutre me estoy volviendo>>
Se incorporó en la cama y comenzó a escribir en su diario.
A noche, no escribí nada, me pasó algo. Los días con Pablo son increíbles y se convierten en segundos cada vez que estoy con él. ¿Qué me está pasando? Me ha ganado, ha conseguido que esté loca por él en tan sólo un par de días, el verano aún está comenzando, y no sé qué pasará después de que salga del hospital; me he partido la pierna haciendo surf. Cada vez que le veo las mariposas nacen y se reproducen en mi estómago, al final las acabaré vomitando de tantas que tengo acumuladas por su culpa. Le echo de menos, es un amor. ¿Él estará enamorado de mi? Ojalá me pudiera meter en su cabeza y ver qué piensa él de mi, puedo tener mis sospechas de que por la carta, los besos por la noche, su mirada, sí. Pero no sé qué hacer, no soy de esas que dicen sus sentimientos hacia la otra persona, habrá que esperar.
Cerró el diario y lo dejó en la mesilla de noche de la habitación, le costaba mucho moverse pues no podía mover la pierna. Al día siguiente la operarían y estaría una semana en el hospital hasta poder volver a la casa.
Estaba nerviosa, ¿Y si la operación no salía bien? Era sencilla pero no sé, todo podría ser.
Estuvo hablando casi toda la tarde con Pablo por whatsapp, no paraba de sonreírle al móvil, parecía una cría pequeña. Pero las bobadas de que hablaban le enamoraban cada vez más, era como si fuera ahora mismo su mejor amigo y a la vez el chico de su vida. Quien lo iba a decir.
Dieron las diez de la noche y ella estaba muerta de sueño, al día siguiente a las ocho tendría que estar en pie para la operación, así que se despidió de él y cerró los datos para que no la molestaran. De repente suena su teléfono. "Llamada entrante Pablo♥"
-¿Sí? -Dijo con una sonrisa.
-Preciosa, buenísimas noches, espero que todo salga genial mañana, después de la operación te voy a ver con un regalo, te quiero.
Colgó. No la dejó decir nada más. Ella estaba que se subía por las paredes. <<¿Cómo puede ser tan perfecto? Ojalá jamás se estropeé.>>
Después de eso, puso el móvil en silencio y se fue a dormir, a la mañana siguiente tenía la operación, más la valía descansar.
Se despertó. <<¿Qué hora es?>> Eran las siete y media de la mañana, tenía media hora para dormir pero no tenía sueño. Cogió el móvil, enchufó unos cascos que había en la mesilla que le habría traído su madre con el iPod y comenzó a escuchar un poco de música para motivarse y no deprimirse.
Un poco de electrónica no le vendría mal, lo que más adoraba en el mundo eran las baladas de Heavy. Pero la deprimían y no era el momento idóneo para ello.
Pasó la media hora de un suspiro, alguien llamó a la puerta.
Toc toc*
-¿Sí? -Dijo quitándose los cascos y dejándolos en la mesilla.
-Hola Clara, vamos, tenemos que ir a quirófano. -Era un señor de bata blanca con barba canosa, parecía muy serio y eso no le gustó mucho.
Era la hora, ojalá todo saliera bien, si no no podría volver a surfear en la vida.
La llevaron en camilla hasta la sala, la dejaron delante de la puerta unos minutos, donde ponía "Sala de Quirófano" Estaba asustada.
De repente alguien le empujó hacia dentro, la puerta se abrió y pocos minutos después perdió el conocimiento. Le habían inyectado un sedante.
La operación duraría tres horas.
miércoles, 10 de julio de 2013
Capítulo 10.
Eran las doce del medio día, Clara había dormido increíblemente bien, había soñado con que Pablo había entrado por la noche en la habitación y le había escrito algo en una nota, no recordaba el qué, después le besó la mejilla y se fue. <<Juraría que...>> Bostezó e intentó incorporarse, no había nadie en la sala. La luz del sol entraba a través de las ventanas fuertemente y la sala blanca estaba totalmente iluminada. Se giró para coger su libro cuando vio que tenía algo en la mesilla. Se frotó los ojos para ver mejor y cuando pudo ver con nitidez observó que era una nota. <<Un segundo, ¿fue real?>> La cogió y comenzó a leer:
Hola pequeña, mira, no sé si me atreveré a decirte esto en persona así que te lo digo ahora, siento mucho todo lo que ha pasado, ha sido todo culpa mía y no me puedo creer que ahora esté aquí, escribiéndote esta nota a las doce de la noche y tú dormida en la cama de un hospital con la tibia rota, a dos días de que te operen, no me lo puedo creer, no puedo evitar llorar mientras te escribo esto, estás tan preciosa durmiendo. No sé qué me está pasando, pero tenemos que hablar, no te asustes, no es nada malo, cuando regreses a casa podremos hablar tranquilamente, ¿vale? Te quiero. Pablo.
Clara comenzó a llorar, no sabía ni porqué ya que en la carta no ponía mucho, salvo el "Te quiero" y el "Estás preciosa durmiendo" él no tenía la culpa, fue de ella, todo de ella y no fijarse en cómo surfear, no pasaría nada pues en una semana estaría de vuelta en casa a reposar y todo más o menos volvería a la normalidad, pero había algo en la carta que le trasmitía algo, algo entre líneas como se suele decir. <<Ojalá venga, le quiero ver.>>
Mientras tanto en casa, Pablo se había despertado y llevaba horas escuchando música con su móvil. Continuamente la misma canción "The light behind your eyes" de My chemical romance. Una canción muy triste y preciosa. No sabía la razón por la cual le recordaba a ella. Alguna lágrima se le escapaba de los ojos.
De repente alguien llamó a la puerta, él se quitó los cascos, rápidamente se secó los ojos. -¿Sí?-La puerta se abrió y apareció la madre de Clara. -Hola, ¿qué tal has dormido?
-Bueno, espero que Clara mejor que yo. -Le dijo con un tono sombrío.
-Nos vamos en quince minutos, ¿no quieres desayunar?
-No, da igual, quiero ir a verla.
Ella se fue de la habitación con una sonrisa al finalizar la conversación, ella tenía sospecha de que entre ellos habría algo.
Nada más irse, Pablo comenzó a vestirse. Se dio cuenta de que el móvil de Clara estaba en su bolsa de playa y lo cogió para dárselo a ella. Se quedó un rato mirando el diario. <<¿Qué habrá en él? También se lo llevaré, para que escriba la pobre>> Cogió el móvil y el diario y salió de la habitación. Quería saber qué había dentro de él, estaba mirándolo cuando se dio cuenta de que estaba abierto. Ella no lo había cerrado bien. <<¿Qué hago? ¿Lo leo?>> Estuvo un rato planteándoselo hasta que la madre de Clara le interrumpió los pensamientos llamándole para coger el coche e irse al hospital.
Mientras estaba en el coche no paraba de mirar el diario. <<Quiero ver qué puso el primer día, y si tiene del día que la conocí>> Estuvo un rato pensándolo hasta que decidió abrirlo.
Diario de Clara Martín, verano 2011.
Primera página: "Final de curso" <<No, esta no es, es el día siguiente>>
Segunda página:
Hoy ha sido un día muy extraño, comencé con unas compras para verano con mi mejor amiga, y cuando volvía al bus, conocí a un chico, guapísimo, se llamaba Pablo y me sonaba muchísimo, era alto, moreno, de ojos azules preciosísimos y con un cuerpazo, parecía majo. Fue extraña la situación, por culpa de quedarme embobada en sus ojos perdí el bus y me tocó coger otro y dar más vuelta, espero que no se notara.
Al parecer nos vamos con una familia a Santander todo el verano, ganas mil, por fin puedo volver a hacer surf, por fín.
<<¿Guapo? ¿Ojazos? No está mal>>
Siguió leyendo.
Tercera página:
NO PUEDE SER, ES PABLO, EL CHICO CON EL QUE VOY A PASAR TODO EL VERANO ES EL CHICO TAN GUAPO QUE ME ENCONTRÉ EN LA PARADA DE BUS. Todo es perfecto, es guapísimo, guapísimo. Me encanta como es, estoy deseando pasar estos tres meses aquí, tengo
buenas vibraciones, algo bueno va a pasar, lo presiento. Ya iré informando de cómo surgen las cosas.
<<¿Le gusto? Eso parece, no me lo puedo creer, ojalá hubiera puesto algo hoy, me encantaría saber qué piensa de mí y qué se le pasa por la cabeza.>> Cerró cuidadosamente el diario, no dejó de mirarlo y mirar al cielo desde la ventanilla de aquel coche.
A los pocos minutos llegaron al hospital. Entraron los cinco, los padres de ella, de él y Pablo. Preguntaron en recepción por la habitación y subieron hasta llegar a ella.
Cuando fueron a entrar Pablo les pidió si podía entrar él después solo. Ellos aceptaron.
Pasó media hora, se hizo eterna, hasta que salieron los padres y él pudo entrar.
Toc toc*
-¿Sí? -Dijo una voz al otro lado de la puerta. Pablo abrió y con una sonrisa la saludó a Clara.
-Hola, me ha encantado la nota, eres un cielo. Te quiero. -Le dijo con una sonrisa de oreja a oreja, estaba tan feliz que no lo asimilaba.
-¿Sí? Me alegro de que te gustara, no aguantaba sin verte, te necesitaba aquí. Y me escapé para verte dormir, y te puse esa nota... Te habría puesto mucho más, pero quiero hablarlo cuando estemos ambos en casa, tranquilamente ¿Sabes?
-Me parece genial.
Ambos estuvieron hablando un buen rato, hasta que él se dio cuenta.
-Oye, te traje el móvil, así podemos hablar por whatsapp mientras no estás en casa. Y el diario también para que puedas escribir todo.
-¿No lo habrás leído verdad? -Dijo cogiéndolo.
-Claro que no, boba. <<Sí, en realidad sí. Y cada vez me encantas más>>
Bueno, es hora de irme ya, recuerda, te quiero ¿Vale?
Esa frase se la quedó grabada, le había dicho "Te quiero"
Él le dio un beso en la mejilla a Clara y se fue.
Hola pequeña, mira, no sé si me atreveré a decirte esto en persona así que te lo digo ahora, siento mucho todo lo que ha pasado, ha sido todo culpa mía y no me puedo creer que ahora esté aquí, escribiéndote esta nota a las doce de la noche y tú dormida en la cama de un hospital con la tibia rota, a dos días de que te operen, no me lo puedo creer, no puedo evitar llorar mientras te escribo esto, estás tan preciosa durmiendo. No sé qué me está pasando, pero tenemos que hablar, no te asustes, no es nada malo, cuando regreses a casa podremos hablar tranquilamente, ¿vale? Te quiero. Pablo.
Clara comenzó a llorar, no sabía ni porqué ya que en la carta no ponía mucho, salvo el "Te quiero" y el "Estás preciosa durmiendo" él no tenía la culpa, fue de ella, todo de ella y no fijarse en cómo surfear, no pasaría nada pues en una semana estaría de vuelta en casa a reposar y todo más o menos volvería a la normalidad, pero había algo en la carta que le trasmitía algo, algo entre líneas como se suele decir. <<Ojalá venga, le quiero ver.>>
Mientras tanto en casa, Pablo se había despertado y llevaba horas escuchando música con su móvil. Continuamente la misma canción "The light behind your eyes" de My chemical romance. Una canción muy triste y preciosa. No sabía la razón por la cual le recordaba a ella. Alguna lágrima se le escapaba de los ojos.
De repente alguien llamó a la puerta, él se quitó los cascos, rápidamente se secó los ojos. -¿Sí?-La puerta se abrió y apareció la madre de Clara. -Hola, ¿qué tal has dormido?
-Bueno, espero que Clara mejor que yo. -Le dijo con un tono sombrío.
-Nos vamos en quince minutos, ¿no quieres desayunar?
-No, da igual, quiero ir a verla.
Ella se fue de la habitación con una sonrisa al finalizar la conversación, ella tenía sospecha de que entre ellos habría algo.
Nada más irse, Pablo comenzó a vestirse. Se dio cuenta de que el móvil de Clara estaba en su bolsa de playa y lo cogió para dárselo a ella. Se quedó un rato mirando el diario. <<¿Qué habrá en él? También se lo llevaré, para que escriba la pobre>> Cogió el móvil y el diario y salió de la habitación. Quería saber qué había dentro de él, estaba mirándolo cuando se dio cuenta de que estaba abierto. Ella no lo había cerrado bien. <<¿Qué hago? ¿Lo leo?>> Estuvo un rato planteándoselo hasta que la madre de Clara le interrumpió los pensamientos llamándole para coger el coche e irse al hospital.
Mientras estaba en el coche no paraba de mirar el diario. <<Quiero ver qué puso el primer día, y si tiene del día que la conocí>> Estuvo un rato pensándolo hasta que decidió abrirlo.
Diario de Clara Martín, verano 2011.
Primera página: "Final de curso" <<No, esta no es, es el día siguiente>>
Segunda página:
Hoy ha sido un día muy extraño, comencé con unas compras para verano con mi mejor amiga, y cuando volvía al bus, conocí a un chico, guapísimo, se llamaba Pablo y me sonaba muchísimo, era alto, moreno, de ojos azules preciosísimos y con un cuerpazo, parecía majo. Fue extraña la situación, por culpa de quedarme embobada en sus ojos perdí el bus y me tocó coger otro y dar más vuelta, espero que no se notara.
Al parecer nos vamos con una familia a Santander todo el verano, ganas mil, por fin puedo volver a hacer surf, por fín.
<<¿Guapo? ¿Ojazos? No está mal>>
Siguió leyendo.
Tercera página:
NO PUEDE SER, ES PABLO, EL CHICO CON EL QUE VOY A PASAR TODO EL VERANO ES EL CHICO TAN GUAPO QUE ME ENCONTRÉ EN LA PARADA DE BUS. Todo es perfecto, es guapísimo, guapísimo. Me encanta como es, estoy deseando pasar estos tres meses aquí, tengo
buenas vibraciones, algo bueno va a pasar, lo presiento. Ya iré informando de cómo surgen las cosas.
<<¿Le gusto? Eso parece, no me lo puedo creer, ojalá hubiera puesto algo hoy, me encantaría saber qué piensa de mí y qué se le pasa por la cabeza.>> Cerró cuidadosamente el diario, no dejó de mirarlo y mirar al cielo desde la ventanilla de aquel coche.
A los pocos minutos llegaron al hospital. Entraron los cinco, los padres de ella, de él y Pablo. Preguntaron en recepción por la habitación y subieron hasta llegar a ella.
Cuando fueron a entrar Pablo les pidió si podía entrar él después solo. Ellos aceptaron.
Pasó media hora, se hizo eterna, hasta que salieron los padres y él pudo entrar.
Toc toc*
-¿Sí? -Dijo una voz al otro lado de la puerta. Pablo abrió y con una sonrisa la saludó a Clara.
-Hola, me ha encantado la nota, eres un cielo. Te quiero. -Le dijo con una sonrisa de oreja a oreja, estaba tan feliz que no lo asimilaba.
-¿Sí? Me alegro de que te gustara, no aguantaba sin verte, te necesitaba aquí. Y me escapé para verte dormir, y te puse esa nota... Te habría puesto mucho más, pero quiero hablarlo cuando estemos ambos en casa, tranquilamente ¿Sabes?
-Me parece genial.
Ambos estuvieron hablando un buen rato, hasta que él se dio cuenta.
-Oye, te traje el móvil, así podemos hablar por whatsapp mientras no estás en casa. Y el diario también para que puedas escribir todo.
-¿No lo habrás leído verdad? -Dijo cogiéndolo.
-Claro que no, boba. <<Sí, en realidad sí. Y cada vez me encantas más>>
Bueno, es hora de irme ya, recuerda, te quiero ¿Vale?
Esa frase se la quedó grabada, le había dicho "Te quiero"
Él le dio un beso en la mejilla a Clara y se fue.
Capítulo 9.
No aguantaba. no podía más, eran las ocho de la tarde, ella aún estaba en el hospital en observación, no sabía si quiera si estaba aún inconsciente o despierta, no podía llamarla al móvil porque lo tenía en su habitación. Necesitaba relajarse, poner sus pensamientos en orden. Como a todo músico, su manera más fácil de distraerse era tocar un poco su instrumento musical, así que se fue hasta la sala donde anteriormente había estado con Clara.
Entró en la habitación, nada más abrir la puerta, una corriente del olor de la colonia de Clara le invadió las fosas nasales, no dejaba de recordarla, se le escapó una pequeña lágrima de entre los ojos. Fue hasta el piano e hizo un blashback de cuando ella estuvo tocando, suavemente deslizaba los dedos por el teclado aún destapado del piano. En su cabeza una nube de recuerdos se le venían, del día que la conoció, de la noche anterior, que sin que ella lo supiera, cuando se quedó dormida, él la estuvo observando cómo dormía, acariciándole el cabello, y cuando él se fue a dormir, le dio un beso en la mejilla que no estaba contra la almohada, ella sonrió pero estaba dormida, no se daba cuenta. ¿Se estaban enamorando? Es posible, pero a él no le gustaba enamorarse, nunca le había gustado a ninguna chica, pero el último año había cambiado muchísimo, se había vuelto mucho más guapo, se había cortado el pelo y había pegado el estirón. Él apenas sabía cómo tratar a una chica cuando él estaba enamorado, se ponía nerviosísimo.
Cogió el violoncello que aquella mañana había usado para tocar un poco, se puso a tocar, con tristeza. Se nota mucho cuando un músico toca con tristeza, su manera de tocar, su técnica varía mucho, pero sólo los músicos lo notan, si Clara estuviera ahí lo notaría sin duda. Comenzó a improvisar, sin darse cuenta comenzó con La menor, no había tonalidad más triste y nostálgica que ella, comenzó a tocar notas y notas, componiendo en el acto una melodía, a la vez que sus recuerdos iban pasando por su mente. <<¿Realmente la quiero? ¿Me estoy enamorando de ella?>> No sabía qué pensar.
Mientras tanto Clara estaba en el hospital, en una cama con la pierna vendada con una escayola y leyendo un libro que su madre le había dejado que llevaba en su bolso aquel día. No dejaba de pensar en Pablo, no le echaba la culpa de lo sucedido, había sido un descuido de su técnica al no fijarse en sus pies al surfear, no pasaba nada, tan sólo era una rotura de tibia, la tendrían que operar y estaría como nueva. La operarían en dos días. <<¿Vendrá mañana?>> No las tenía todas con ella, algo la decía que él no vendría, estaba muy triste. <<Supongo que creerá que le odio o algo así y no se atreverá a venir>> Se fijó que no tenía el móvil para llamar, ni forma aparente de comunicarse con Pablo, tendría que esperar hasta mañana, decidió dormirse, y esperar al día siguiente, a ver qué pasaría antes de su operación.
A penas podía moverse de su posición al tener la pierna en alto e inmovilizada. Fue una malísima noche para ella, peor que la anterior, pero había algo en aquella noche que no lograba recordar. Hubo un momento en el que estaba dormida, que soñó cómo se besaban ella y Pablo en la playa. ¿Era un sueño? Ella no creía en las supersticiones ni en los presagios, pero ¿y si sucediera? No lo podría saber hasta dentro de una semana, cuando pudiera volver a casa después de que la operaran y reposara. <<Qué estará haciendo ahora...>> Se preguntaba una y otra vez, le echaba de menos y sólo llevaba prácticamente dos días con él y a causa de esta bobada no le vería hasta pasada una semana y poco más.
Al final consiguió dormirse entre largos y profundos pensamientos acerca de él.
Eran las doce de la noche. Pablo había estado toda la tarde tocando, no se había ni dado cuenta, ni sus padres tampoco, ya que la sala estaba perfectamente insonorizada. <<No lo aguanto más, necesito ir a verla ya.>> Estaba a punto de cometer una locura, necesitaba verla.
Recogió el violoncello, y con cuidado salió de la habitación, bajó al garaje a hurtadillas y cogió la moto de su padre. Salió en dirección al hospital donde se encontraba ingresada Clara. Tardó quince minutos en llegar más o menos, era tarde y había poco tráfico, era un día de diario.
Aparcó la moto en frente del hospital y entró.
-Buenas noches. Disculpe ¿Clara Martín? Una chica se ha roto la pierna. Habrá llegado esta mañana.
-Sí, un momentito. -Le respondió la chica de recepción. -Sala 354. Coja las escaleras mecánicas y gire a la derecha al subir.
-Muchísimas gracias.
Siguió las indicaciones y llegó hasta la habitación de Clara. Abrió cuidadosamente la puerta y entró. Había una pequeña luz dada y sólo estaba ella en la habitación, estaba dormida.
-Clara. -Dijo con un susurro. <<Está dormida, mírala, duerme como un ángel>>
Se le ocurrió la idea de escribirle una nota, o una carta para cuando despertara la pudiera ver y sonreír, ya que él se tenía que ir, si no quería que le pillaran.
En la mesilla de la cama había un pequeño cuaderno y un bolígrafo, en la primera página había un dibujo, era un hombre, ojos verdes, pelo moreno. <<Un momento, soy yo>> Clara le había dibujado. <<Joder, es precioso>> Arrancó la segunda página, en blanco y comenzó a escribir.
Cuando terminó dejó la nota en la mesilla para que la pudiera ver, la besó en la mejilla con cuidado de no despertarla y se fue.
Cogió la moto de nuevo, dejando atrás el hospital donde estaba Clara, él entre lágrimas no dejaba de repetir la misma frase "Lo siento, lo siento, lo siento muchísimo mi niña, todo es culpa mía".
Entró en la habitación, nada más abrir la puerta, una corriente del olor de la colonia de Clara le invadió las fosas nasales, no dejaba de recordarla, se le escapó una pequeña lágrima de entre los ojos. Fue hasta el piano e hizo un blashback de cuando ella estuvo tocando, suavemente deslizaba los dedos por el teclado aún destapado del piano. En su cabeza una nube de recuerdos se le venían, del día que la conoció, de la noche anterior, que sin que ella lo supiera, cuando se quedó dormida, él la estuvo observando cómo dormía, acariciándole el cabello, y cuando él se fue a dormir, le dio un beso en la mejilla que no estaba contra la almohada, ella sonrió pero estaba dormida, no se daba cuenta. ¿Se estaban enamorando? Es posible, pero a él no le gustaba enamorarse, nunca le había gustado a ninguna chica, pero el último año había cambiado muchísimo, se había vuelto mucho más guapo, se había cortado el pelo y había pegado el estirón. Él apenas sabía cómo tratar a una chica cuando él estaba enamorado, se ponía nerviosísimo.
Cogió el violoncello que aquella mañana había usado para tocar un poco, se puso a tocar, con tristeza. Se nota mucho cuando un músico toca con tristeza, su manera de tocar, su técnica varía mucho, pero sólo los músicos lo notan, si Clara estuviera ahí lo notaría sin duda. Comenzó a improvisar, sin darse cuenta comenzó con La menor, no había tonalidad más triste y nostálgica que ella, comenzó a tocar notas y notas, componiendo en el acto una melodía, a la vez que sus recuerdos iban pasando por su mente. <<¿Realmente la quiero? ¿Me estoy enamorando de ella?>> No sabía qué pensar.
Mientras tanto Clara estaba en el hospital, en una cama con la pierna vendada con una escayola y leyendo un libro que su madre le había dejado que llevaba en su bolso aquel día. No dejaba de pensar en Pablo, no le echaba la culpa de lo sucedido, había sido un descuido de su técnica al no fijarse en sus pies al surfear, no pasaba nada, tan sólo era una rotura de tibia, la tendrían que operar y estaría como nueva. La operarían en dos días. <<¿Vendrá mañana?>> No las tenía todas con ella, algo la decía que él no vendría, estaba muy triste. <<Supongo que creerá que le odio o algo así y no se atreverá a venir>> Se fijó que no tenía el móvil para llamar, ni forma aparente de comunicarse con Pablo, tendría que esperar hasta mañana, decidió dormirse, y esperar al día siguiente, a ver qué pasaría antes de su operación.
A penas podía moverse de su posición al tener la pierna en alto e inmovilizada. Fue una malísima noche para ella, peor que la anterior, pero había algo en aquella noche que no lograba recordar. Hubo un momento en el que estaba dormida, que soñó cómo se besaban ella y Pablo en la playa. ¿Era un sueño? Ella no creía en las supersticiones ni en los presagios, pero ¿y si sucediera? No lo podría saber hasta dentro de una semana, cuando pudiera volver a casa después de que la operaran y reposara. <<Qué estará haciendo ahora...>> Se preguntaba una y otra vez, le echaba de menos y sólo llevaba prácticamente dos días con él y a causa de esta bobada no le vería hasta pasada una semana y poco más.
Al final consiguió dormirse entre largos y profundos pensamientos acerca de él.
Eran las doce de la noche. Pablo había estado toda la tarde tocando, no se había ni dado cuenta, ni sus padres tampoco, ya que la sala estaba perfectamente insonorizada. <<No lo aguanto más, necesito ir a verla ya.>> Estaba a punto de cometer una locura, necesitaba verla.
Recogió el violoncello, y con cuidado salió de la habitación, bajó al garaje a hurtadillas y cogió la moto de su padre. Salió en dirección al hospital donde se encontraba ingresada Clara. Tardó quince minutos en llegar más o menos, era tarde y había poco tráfico, era un día de diario.
Aparcó la moto en frente del hospital y entró.
-Buenas noches. Disculpe ¿Clara Martín? Una chica se ha roto la pierna. Habrá llegado esta mañana.
-Sí, un momentito. -Le respondió la chica de recepción. -Sala 354. Coja las escaleras mecánicas y gire a la derecha al subir.
-Muchísimas gracias.
Siguió las indicaciones y llegó hasta la habitación de Clara. Abrió cuidadosamente la puerta y entró. Había una pequeña luz dada y sólo estaba ella en la habitación, estaba dormida.
-Clara. -Dijo con un susurro. <<Está dormida, mírala, duerme como un ángel>>
Se le ocurrió la idea de escribirle una nota, o una carta para cuando despertara la pudiera ver y sonreír, ya que él se tenía que ir, si no quería que le pillaran.
En la mesilla de la cama había un pequeño cuaderno y un bolígrafo, en la primera página había un dibujo, era un hombre, ojos verdes, pelo moreno. <<Un momento, soy yo>> Clara le había dibujado. <<Joder, es precioso>> Arrancó la segunda página, en blanco y comenzó a escribir.
Cuando terminó dejó la nota en la mesilla para que la pudiera ver, la besó en la mejilla con cuidado de no despertarla y se fue.
Cogió la moto de nuevo, dejando atrás el hospital donde estaba Clara, él entre lágrimas no dejaba de repetir la misma frase "Lo siento, lo siento, lo siento muchísimo mi niña, todo es culpa mía".
martes, 9 de julio de 2013
Capítulo 8.
A la mañana siguiente, Clara, se despertó muy cansada, a penas había dormido de darle vueltas a todo lo que estaba sucediendo. Cuando ella se despertó, en la mesilla tenía una nota de sus padres. "Nos vamos a Santander a comprar, llegaremos a la hora de comer" Dejó el Post-it en la mesilla de nuevo y se giró para ver si Pablo seguía dormido, pero no había nadie en la cama <<Estará desayunando>> No se vistió y se hizo una coleta a su largo cabello, bajó las escaleras y al llegar a la cocina vio que estaba el desayuno listo. -¿Y esto? -Dijo mientras miraba asombrada toda la comida. -Ya ves, me desperté pronto y me pareció una buena idea hacerte el desayuno, te lo podría haber subido a la cama.
-No hace falta, muchísimas gracias, eres un cielo. -Se estaba sonrojando un poco, se podría ver el brillo de sus ojos a distancia, le encantaba cómo era Pablo.
Los dos se pusieron a desayunar juntos. Había tostadas, magdalenas, leche, zumo, de todo. Se había pasado haciendo el desayuno. Ella estaba verdaderamente sorprendida y le encantaba su forma de ser, sólo esperaba que nada lo estropeara. Ella, alguna vez había estado con chicos, pero todo se había ido a la mierda, por bobadas. Tenía quince años y era preciosa, los tíos la veían como una "Mujer objeto" y la querían para lo que la querían, era muy triste, pero era la realidad.
Cuando terminaron de desayunar ambos se fueron a recoger todo lo que había en la mesa de la cocina, cuando estaban recogiendo sus manos se chocaron y un cruce de miradas surgió.
-Pero mira que eres fea. -Dijo entre risas él. -Eh, serás borde...-Ella se enfadó, pero al ver la reacción de Pablo al reírse, se dio cuenta de que la estaba vacilando. Eran muy buenos amigos, más que amigos, había algo pero a la vez nada. Era extraño.
Eran las doce de la mañana, no tenían nada que hacer, y ella le propuso ir a la sala de los instrumentos a pasar la mañana ahí, él claramente aceptó.
Subieron las escaleras pero fueron en sentido contrario, a ala sur, donde había una pequeña sala que la abuela de Clara utilizaba como "Sala de conciertos" donde había todo tipo de instrumentos y cómo no, un piano Steinway de cola blanco preciosísimo. Entraron en la sala, él se puso a contemplar los cuatro violoncellos que había, era su marca favorita, eran muy antiguos y muy valiosos, estaba asombrado.
-¿Por qué no tocas algo al piano, Clara? -Le preguntó mientras abría cuidadosamente la tapa del piano y quitaba la tela que cubría las teclas. -Bueno, vale. Pero no te rías si lo hago mal.
Ella se sentó al piano y comenzó a tocar la Sonata fantasía de Beethoven, una obra que en su primer movimiento era muy lenta, y para el gusto de Clara, seductora, no venía mal a la situación del momento, Beethoven no era Chopin, el genio de ligar de la época, pero tenía obras muy bonitas. Él se quedó mirando la suavidad con que Clara tocaba el piano, cómo los dedos se deslizaban entre las teclas del piano y con qué sentimiento tocaba, era increíble, tocaba mágicamente bien. Hubo un momento en que él se quedó mirándola a ella, y no al piano, mientras ella no se daba cuenta pues estaba muy concentrada en su obra, estaba a lo suyo. <<Está verdaderamente preciosa y está al natural, es increíble.>> Él se estaba enamorando, pero aún no lo sabía, no sabía qué era sentir las mariposas en el estómago, no estaba acostumbrado a ligar, pues era muy cortado, pero con ella se sentía diferente, se sentía él. Seguro de si mismo.
Cuando ella terminó de tocar, él la aplaudió y le dijo "Tocas genial, eres una pedazo de artista, eres increíble" No pudo evitar sonrojarse, no soportaba que la dijeran lo bien que tocaba porque se ponía muy roja y lo pasaba realmente mal. Pero viniendo de él, le encantaba que se lo dijera.
-Bueno ¿Porqué no tocas un poco tú? -Le dijo ofreciéndole el violoncello que había colgado de la pared. -Bue...bueno, venga va.
Él se puso a tocar también, un estudio que había tocado el pasado año, ella se quedó con los ojos cerrados, saboreando cada una de las notas que salían de la vibración de las cuerdas con el arco. Adoraba el sonido del cello, era precioso, sin duda tenía que tocar el cello, le encantaba.
-Guau, tocas genial, me encanta. -Dijo cuando Pablo terminó de tocar.
-Llevo menos años, pero gracias, eres un cielo. -Dijo dejando el Violoncello en su sitio.
-Bueno. ¿Qué te apetece hacer? Si quieres podemos ir a la playa a hacer algo de surf.
-Claro. ¿Por qué no? Pero no tengo tabla.
-No te preocupes, yo te la dejo, tu vete a ponerte el bañador, que voy a por tu tabla.
Él cruzó el pasillo que daba a su habitación, mientras ella bajaba al garaje a por dos tablas.
Cuando subió, Pablo tenía una réflex de la mano.
-¿Esta pedazo de cámara es tuya? -Dijo observándola.
-Eh, no cotillees mis cosas. Sí, es mía, también hago fotografía.
-¿Enserio? Déjame que me la lleve, hago buenas fotos, si quieres te hago unas cuantas.
-Oh, me encantaría, genial y luego yo a ti, ¿vale?
-Trato hecho.
-Me voy a cambiar, ve yendo a la playa, ahora mismo voy.
Mientras Clara se cambiaba, él fue saliendo y yendo a la playa. El día estaba nublado y había buenas olas, bastante grandes. A los pocos minutos Clara ya estaba allí.
-Joder, poco has tardado.
-Ya, soy rápida. -Dijo entre risas.
-¿Eres tan rápida para todo?
Le soltó un tortazo en la cabeza. -Idiota. -Dijo entre risas.
-Era un comentario, boba. -Respondió riéndose y rascándose donde le había dado.
Ambos fueron hacia la playa, él dejó su tabla anclada en la arena y le dijo a Clara que se metiera primero y que le haría unas fotos. Ella accedió y se metió al mar, comenzó con un poco de calentar, coger un par de olas, nadar, remar y se puso enserio a coger olas. Todo iba perfecto, le salía muy bien, un par de giros, alguna pirueta y no caía de la tabla. Él la estaba haciendo fotos, y se le ocurrió llamarla para que posara mientras hacía surf. -Ehhh, Clara, mira a la cámara. Le dijo a gritos para que la pudiera oír. Ella con una sonrisa iba posando de vez en cuando a las fotos, cuando una de esas veces, perdió el control de la tabla, no pudo frenar ni tirarse para parar porque no sabía reaccionar, y al final acabó cayéndose al agua, con la mala suerte de que la pierna le dio contra la tabla, retorciéndose la parte anterior de ésta.
Comenzó a gritar, eran unos chillidos ahogados, no podía casi respirar. Pablo fue corriendo hacia ella, se estaba ahogando, no podía ni mover la pierna, se moría de dolor.
-CLARA, CLARA. -Le gritaba mientras nadaba hacia ella. -¡Agárrate a mi mano!
Ella le oyó y como pudo se agarró a su mano, y él la sacó del agua a nado, cuando cubría poco el agua, la cogió en brazos y la sacó del mar. Ella estaba gritando de dolor. Pablo cogió el móvil y llamó a los padres, para que vinieran.
-Vienen en quince minutos, venga tranquila, respira ondo. -Estaba más asustado que ella, no sabía que hacer, verla llorar y gritar de dolor, tenía la pierna prácticamente doblada y no podía moverla. Él estaba aterrorizado, Intentaba calmarla, pero no podía, no dejaba de llorar, se estaba mmuriendo de dolor.
En menos de quince minutos sus padres habían llegado a la playa, fueron corriendo a donde estaba. Para cuando ellos hubieran llegado, ella se había mareado y desmallado del dolor. La llevaron lo más rápido posible sus padres al hospital, no dejaron ir a Pablo.
Los minutos se hacían eternos en la casa, Pablo no dejaba de darle vueltas <<Todo ha sido culpa mía, todo es culpa mía>> se le estaban saltando las lágrimas, no podía más, necesitaba verla, ahí fue cuando se dio cuenta de que se estaba enamorando, la necesitaba y ahora ella estaba en un hospital, inconsciente y con una pierna rota o algo peor. No podía creérselo.
Los minutos se hacían horas, los segundos minutos y cada vez se estaba poniendo más y más histérico.
A las dos horas, los padres de Clara llegaron a la casa, pero no la traían a ella.
-¿Dónde está? ¿DÓNDE ESTÁ CLARA? -Les dijo, casi al borde del suicidio, estaba tan histérico que no medía ni las palabras, estaba sollozando y muy nervioso.
-Está en el hospital, tranquilo, nos lo ha explicado todo, no te preocupes, está bien y no ha sido culpa tuya, mañana podrás ir a verla, hasta entonces tendremos que esperar, le están haciendo pruebas.
<<¿Hasta mañana nada? No aguanto tanto tiempo sin ella, no aguanto>>
-No hace falta, muchísimas gracias, eres un cielo. -Se estaba sonrojando un poco, se podría ver el brillo de sus ojos a distancia, le encantaba cómo era Pablo.
Los dos se pusieron a desayunar juntos. Había tostadas, magdalenas, leche, zumo, de todo. Se había pasado haciendo el desayuno. Ella estaba verdaderamente sorprendida y le encantaba su forma de ser, sólo esperaba que nada lo estropeara. Ella, alguna vez había estado con chicos, pero todo se había ido a la mierda, por bobadas. Tenía quince años y era preciosa, los tíos la veían como una "Mujer objeto" y la querían para lo que la querían, era muy triste, pero era la realidad.
Cuando terminaron de desayunar ambos se fueron a recoger todo lo que había en la mesa de la cocina, cuando estaban recogiendo sus manos se chocaron y un cruce de miradas surgió.
-Pero mira que eres fea. -Dijo entre risas él. -Eh, serás borde...-Ella se enfadó, pero al ver la reacción de Pablo al reírse, se dio cuenta de que la estaba vacilando. Eran muy buenos amigos, más que amigos, había algo pero a la vez nada. Era extraño.
Eran las doce de la mañana, no tenían nada que hacer, y ella le propuso ir a la sala de los instrumentos a pasar la mañana ahí, él claramente aceptó.
Subieron las escaleras pero fueron en sentido contrario, a ala sur, donde había una pequeña sala que la abuela de Clara utilizaba como "Sala de conciertos" donde había todo tipo de instrumentos y cómo no, un piano Steinway de cola blanco preciosísimo. Entraron en la sala, él se puso a contemplar los cuatro violoncellos que había, era su marca favorita, eran muy antiguos y muy valiosos, estaba asombrado.
-¿Por qué no tocas algo al piano, Clara? -Le preguntó mientras abría cuidadosamente la tapa del piano y quitaba la tela que cubría las teclas. -Bueno, vale. Pero no te rías si lo hago mal.
Ella se sentó al piano y comenzó a tocar la Sonata fantasía de Beethoven, una obra que en su primer movimiento era muy lenta, y para el gusto de Clara, seductora, no venía mal a la situación del momento, Beethoven no era Chopin, el genio de ligar de la época, pero tenía obras muy bonitas. Él se quedó mirando la suavidad con que Clara tocaba el piano, cómo los dedos se deslizaban entre las teclas del piano y con qué sentimiento tocaba, era increíble, tocaba mágicamente bien. Hubo un momento en que él se quedó mirándola a ella, y no al piano, mientras ella no se daba cuenta pues estaba muy concentrada en su obra, estaba a lo suyo. <<Está verdaderamente preciosa y está al natural, es increíble.>> Él se estaba enamorando, pero aún no lo sabía, no sabía qué era sentir las mariposas en el estómago, no estaba acostumbrado a ligar, pues era muy cortado, pero con ella se sentía diferente, se sentía él. Seguro de si mismo.
Cuando ella terminó de tocar, él la aplaudió y le dijo "Tocas genial, eres una pedazo de artista, eres increíble" No pudo evitar sonrojarse, no soportaba que la dijeran lo bien que tocaba porque se ponía muy roja y lo pasaba realmente mal. Pero viniendo de él, le encantaba que se lo dijera.
-Bueno ¿Porqué no tocas un poco tú? -Le dijo ofreciéndole el violoncello que había colgado de la pared. -Bue...bueno, venga va.
Él se puso a tocar también, un estudio que había tocado el pasado año, ella se quedó con los ojos cerrados, saboreando cada una de las notas que salían de la vibración de las cuerdas con el arco. Adoraba el sonido del cello, era precioso, sin duda tenía que tocar el cello, le encantaba.
-Guau, tocas genial, me encanta. -Dijo cuando Pablo terminó de tocar.
-Llevo menos años, pero gracias, eres un cielo. -Dijo dejando el Violoncello en su sitio.
-Bueno. ¿Qué te apetece hacer? Si quieres podemos ir a la playa a hacer algo de surf.
-Claro. ¿Por qué no? Pero no tengo tabla.
-No te preocupes, yo te la dejo, tu vete a ponerte el bañador, que voy a por tu tabla.
Él cruzó el pasillo que daba a su habitación, mientras ella bajaba al garaje a por dos tablas.
Cuando subió, Pablo tenía una réflex de la mano.
-¿Esta pedazo de cámara es tuya? -Dijo observándola.
-Eh, no cotillees mis cosas. Sí, es mía, también hago fotografía.
-¿Enserio? Déjame que me la lleve, hago buenas fotos, si quieres te hago unas cuantas.
-Oh, me encantaría, genial y luego yo a ti, ¿vale?
-Trato hecho.
-Me voy a cambiar, ve yendo a la playa, ahora mismo voy.
Mientras Clara se cambiaba, él fue saliendo y yendo a la playa. El día estaba nublado y había buenas olas, bastante grandes. A los pocos minutos Clara ya estaba allí.
-Joder, poco has tardado.
-Ya, soy rápida. -Dijo entre risas.
-¿Eres tan rápida para todo?
Le soltó un tortazo en la cabeza. -Idiota. -Dijo entre risas.
-Era un comentario, boba. -Respondió riéndose y rascándose donde le había dado.
Ambos fueron hacia la playa, él dejó su tabla anclada en la arena y le dijo a Clara que se metiera primero y que le haría unas fotos. Ella accedió y se metió al mar, comenzó con un poco de calentar, coger un par de olas, nadar, remar y se puso enserio a coger olas. Todo iba perfecto, le salía muy bien, un par de giros, alguna pirueta y no caía de la tabla. Él la estaba haciendo fotos, y se le ocurrió llamarla para que posara mientras hacía surf. -Ehhh, Clara, mira a la cámara. Le dijo a gritos para que la pudiera oír. Ella con una sonrisa iba posando de vez en cuando a las fotos, cuando una de esas veces, perdió el control de la tabla, no pudo frenar ni tirarse para parar porque no sabía reaccionar, y al final acabó cayéndose al agua, con la mala suerte de que la pierna le dio contra la tabla, retorciéndose la parte anterior de ésta.
Comenzó a gritar, eran unos chillidos ahogados, no podía casi respirar. Pablo fue corriendo hacia ella, se estaba ahogando, no podía ni mover la pierna, se moría de dolor.
-CLARA, CLARA. -Le gritaba mientras nadaba hacia ella. -¡Agárrate a mi mano!
Ella le oyó y como pudo se agarró a su mano, y él la sacó del agua a nado, cuando cubría poco el agua, la cogió en brazos y la sacó del mar. Ella estaba gritando de dolor. Pablo cogió el móvil y llamó a los padres, para que vinieran.
-Vienen en quince minutos, venga tranquila, respira ondo. -Estaba más asustado que ella, no sabía que hacer, verla llorar y gritar de dolor, tenía la pierna prácticamente doblada y no podía moverla. Él estaba aterrorizado, Intentaba calmarla, pero no podía, no dejaba de llorar, se estaba mmuriendo de dolor.
En menos de quince minutos sus padres habían llegado a la playa, fueron corriendo a donde estaba. Para cuando ellos hubieran llegado, ella se había mareado y desmallado del dolor. La llevaron lo más rápido posible sus padres al hospital, no dejaron ir a Pablo.
Los minutos se hacían eternos en la casa, Pablo no dejaba de darle vueltas <<Todo ha sido culpa mía, todo es culpa mía>> se le estaban saltando las lágrimas, no podía más, necesitaba verla, ahí fue cuando se dio cuenta de que se estaba enamorando, la necesitaba y ahora ella estaba en un hospital, inconsciente y con una pierna rota o algo peor. No podía creérselo.
Los minutos se hacían horas, los segundos minutos y cada vez se estaba poniendo más y más histérico.
A las dos horas, los padres de Clara llegaron a la casa, pero no la traían a ella.
-¿Dónde está? ¿DÓNDE ESTÁ CLARA? -Les dijo, casi al borde del suicidio, estaba tan histérico que no medía ni las palabras, estaba sollozando y muy nervioso.
-Está en el hospital, tranquilo, nos lo ha explicado todo, no te preocupes, está bien y no ha sido culpa tuya, mañana podrás ir a verla, hasta entonces tendremos que esperar, le están haciendo pruebas.
<<¿Hasta mañana nada? No aguanto tanto tiempo sin ella, no aguanto>>
lunes, 8 de julio de 2013
Capítulo 7.
Ahí estaban ambos a dos centímetros prácticamente el uno del otro, sin mediar palabra. Él se acercó un poco más a ella, ella retrocedió y echó la mirada abajo, no sabía cómo reaccionar. Pablo se dio cuenta y lo dejó, tenía un verano por delante, había tiempo para que las cosas surgieran.
-Oye, ¿te apetece que volvamos a casa? Son las doce y es de noche, comienza a refrescar.
-Sí, será mejor que volvamos.-Él se dio cuenta de que Clara tenía frío, por el frote de brazos que iba haciendo de camino y él la dejó su chaqueta, a modo de caballero. Volvieron en menos de cuarto de hora a la casa. Cuando llegaron sus padres estaban viendo la televisión, una serie a la que estaban los padres de Clara por lo menos muy viciados a ver, "Mentes criminales" trataba sobre crímenes de psicóticos y demás trastornados cerebrales, a Clara le encantaba.
Saludaron a los padres y les dijeron que se subían a hablar un poco en la habitación, sí, era extraño, no se conocían casi nada y él ya quería con ella y ella también, se les notaba. Habría que dar tiempo a la situación, era el primer día de tres meses en la playa. Iban a estar muy muy bien.
Subieron a la habitación y cerraron la puerta. Clara se fue al baño a cambiarse en lo que Pablo se cambiaba en la habitación, serían amigos recientes pero no habría confianza, como ella tenía con sus amigos del colegio. Clara se puso una coleta alta, se desmaquilló de antes para que no se le notara el llorar y se puso una camiseta ancha para dormir, eran las doce y media más o menos y no tardarían en quedarse dormidos.
Cuando salió del baño, él ya estaba tumbado en su cama en calzoncillos y sin camiseta. <<Joder, qué cuerpazo tiene el chico>> Tenía un cuerpo perfecto, las uves de las caderas, tableta, pectoral y brazo, era perfecto. Clara intentó disimular cómo le miraba y se sentó también en la cama. Al darle la espalda para tumbarse, él la miró de arriba a abajo haciéndola una vista rápida del cuerpo, pero ya la había visto anteriormente en la playa, ya sabía que tenía un cuerpazo precioso.
Clara cogió de su bolso aquel diario, lo abrió con la llave que tenía colgada al cuello y comenzó a escribir. Pablo muy inquieto le preguntó que qué hacía, ella le miró y cerró el diario para que no pudiera verlo y continuó escribiendo. -Jamás mires esto ¿eh? -Dijo con una sonrisilla. -Tranquila, pero, ¿No eres un poquito mayor para tener un diario?
-Sí, pero lo hago para cuando sea más mayor, poder recordar viejos tiempos, no soy la típica de "Querido diario" ¿Sabes?
-Ah, entiendo, entonces me parece una idea muy buena. -Dijo dándole la razón a ella.
Clara terminó de escribir y lo cerró, guardándolo en la mesilla y se volvió hacia Pablo para hablar.
-Bueno cuéntame algo de ti. ¿No?
-Vale, ¿qué quieres saber?
-No sé, todo sobre ti, si quieres claro...
-Venga va. -Se incorporó para contarle la historia de su vida y comenzó. -Bueno, yo nací en Valladolid, y bueno, no hay mucho así que contar a parte de que soy músico, soy violoncellista- Clara se quedó atontada. <<VIOLONCELLISTA, DIOS ME MUERO, ME ENCANTA>> Prosiguió. -Y bueno, llevo desde los ocho años, este año voy a comenzar tercero de profesional.- Ella le interrumpió. ¿Sabes? Yo voy a comenzar cuarto de profesional de piano. -¿Ah sí? Joder, me sacas un curso. -Ya. -Se rió y él continuó. Bueno y, me gusta mucho el rock, leo mucho, sobre todo libros de misterio, también sé hacer surf y monto en skate. Así como me ves, en el fondo soy un romanticón, y me gustan las chicas que lo sean pero también que sean especiales ¿Sabes? No sé, a mi me pareces especial. Por lo que te he visto, tienes algo. Bueno te toca ¿No?
Ella comenzó a contarle su vida.
-Pues bueno, yo desde los cuatro años toco el piano, adoro dibujar, escribir y hacer fotografías a todo lo que veo, sí, soy de artes. Me encanta el rock a mi también, tengo tres grupos favoritos. Adoro el color amarillo y las puestas de sol, también soy muy romántica y muy melosa. Dicen que tengo un don con el piano aunque yo no me creo mucho y bueno, eso es todo, ah y tengo quince años, cumplo dieciséis el día de la patrona de la música, el veintidós de noviembre.
-Guau, eres una chica de bellas artes ¿eh? -Dijo con una sonrisilla riéndose.
-Sí, pero vamos que en el insti voy a ciencias, quiero ser criminóloga.
-¿Sí? Yo por letras, voy a hacer historia y filosofía.
Clara se quedó sorprendida, él era muy inteligente y por lo que le habían contado sus padres en la cena, las matemáticas se le daban genial.
-Pero si se te da bien todo lo de ciencias.
-Ya, pero no quiero hacer carrera de ciencias, ¿sabes? me encanta la historia.
-Yo quiero hacer también el superior, me encantaría.
-¿Eres buena música?
-Eso dicen. ¿Quieres oírme? Mañana si quieres vamos a la sala del piano y toco un poco si quieres.
Él aceptó con gran entusiasmo. -Además, hay dos violoncellos, me podrías enseñar un poquito.
-Eso está hecho, preciosa.
<<¿Preciosa?>> Ella se ruborizó, él se echó a reír.
-¿Qué he dicho?
-Nada, jaja, es que me ruborizo si me llaman preciosa. Anda, me voy a acostar ya, ¿vale? Mañana hablamos, buenísimas noches, idiota.
-Buenas noches, fea.
-Eh, no me llames fea, so gili. -Dijo riéndose.
-Vale, vale, boba.
Ambos se fueron a dormir.
Ella estaba continuamente dando vueltas y pensando en Pablo, no sabía si se estaba pillando, pero él era tan perfecto. No sabía si el sentiría lo mismo o sólo quería un lío como todos querían en estos años, un rollo de un día. No sabía que pensar, se ponía nerviosa sólo de pensarlo. No pudo dormirse hasta haber dado las dos en punto, se puso a escuchar música hasta que se quedó dormida.
-Oye, ¿te apetece que volvamos a casa? Son las doce y es de noche, comienza a refrescar.
-Sí, será mejor que volvamos.-Él se dio cuenta de que Clara tenía frío, por el frote de brazos que iba haciendo de camino y él la dejó su chaqueta, a modo de caballero. Volvieron en menos de cuarto de hora a la casa. Cuando llegaron sus padres estaban viendo la televisión, una serie a la que estaban los padres de Clara por lo menos muy viciados a ver, "Mentes criminales" trataba sobre crímenes de psicóticos y demás trastornados cerebrales, a Clara le encantaba.
Saludaron a los padres y les dijeron que se subían a hablar un poco en la habitación, sí, era extraño, no se conocían casi nada y él ya quería con ella y ella también, se les notaba. Habría que dar tiempo a la situación, era el primer día de tres meses en la playa. Iban a estar muy muy bien.
Subieron a la habitación y cerraron la puerta. Clara se fue al baño a cambiarse en lo que Pablo se cambiaba en la habitación, serían amigos recientes pero no habría confianza, como ella tenía con sus amigos del colegio. Clara se puso una coleta alta, se desmaquilló de antes para que no se le notara el llorar y se puso una camiseta ancha para dormir, eran las doce y media más o menos y no tardarían en quedarse dormidos.
Cuando salió del baño, él ya estaba tumbado en su cama en calzoncillos y sin camiseta. <<Joder, qué cuerpazo tiene el chico>> Tenía un cuerpo perfecto, las uves de las caderas, tableta, pectoral y brazo, era perfecto. Clara intentó disimular cómo le miraba y se sentó también en la cama. Al darle la espalda para tumbarse, él la miró de arriba a abajo haciéndola una vista rápida del cuerpo, pero ya la había visto anteriormente en la playa, ya sabía que tenía un cuerpazo precioso.
Clara cogió de su bolso aquel diario, lo abrió con la llave que tenía colgada al cuello y comenzó a escribir. Pablo muy inquieto le preguntó que qué hacía, ella le miró y cerró el diario para que no pudiera verlo y continuó escribiendo. -Jamás mires esto ¿eh? -Dijo con una sonrisilla. -Tranquila, pero, ¿No eres un poquito mayor para tener un diario?
-Sí, pero lo hago para cuando sea más mayor, poder recordar viejos tiempos, no soy la típica de "Querido diario" ¿Sabes?
-Ah, entiendo, entonces me parece una idea muy buena. -Dijo dándole la razón a ella.
Clara terminó de escribir y lo cerró, guardándolo en la mesilla y se volvió hacia Pablo para hablar.
-Bueno cuéntame algo de ti. ¿No?
-Vale, ¿qué quieres saber?
-No sé, todo sobre ti, si quieres claro...
-Venga va. -Se incorporó para contarle la historia de su vida y comenzó. -Bueno, yo nací en Valladolid, y bueno, no hay mucho así que contar a parte de que soy músico, soy violoncellista- Clara se quedó atontada. <<VIOLONCELLISTA, DIOS ME MUERO, ME ENCANTA>> Prosiguió. -Y bueno, llevo desde los ocho años, este año voy a comenzar tercero de profesional.- Ella le interrumpió. ¿Sabes? Yo voy a comenzar cuarto de profesional de piano. -¿Ah sí? Joder, me sacas un curso. -Ya. -Se rió y él continuó. Bueno y, me gusta mucho el rock, leo mucho, sobre todo libros de misterio, también sé hacer surf y monto en skate. Así como me ves, en el fondo soy un romanticón, y me gustan las chicas que lo sean pero también que sean especiales ¿Sabes? No sé, a mi me pareces especial. Por lo que te he visto, tienes algo. Bueno te toca ¿No?
Ella comenzó a contarle su vida.
-Pues bueno, yo desde los cuatro años toco el piano, adoro dibujar, escribir y hacer fotografías a todo lo que veo, sí, soy de artes. Me encanta el rock a mi también, tengo tres grupos favoritos. Adoro el color amarillo y las puestas de sol, también soy muy romántica y muy melosa. Dicen que tengo un don con el piano aunque yo no me creo mucho y bueno, eso es todo, ah y tengo quince años, cumplo dieciséis el día de la patrona de la música, el veintidós de noviembre.
-Guau, eres una chica de bellas artes ¿eh? -Dijo con una sonrisilla riéndose.
-Sí, pero vamos que en el insti voy a ciencias, quiero ser criminóloga.
-¿Sí? Yo por letras, voy a hacer historia y filosofía.
Clara se quedó sorprendida, él era muy inteligente y por lo que le habían contado sus padres en la cena, las matemáticas se le daban genial.
-Pero si se te da bien todo lo de ciencias.
-Ya, pero no quiero hacer carrera de ciencias, ¿sabes? me encanta la historia.
-Yo quiero hacer también el superior, me encantaría.
-¿Eres buena música?
-Eso dicen. ¿Quieres oírme? Mañana si quieres vamos a la sala del piano y toco un poco si quieres.
Él aceptó con gran entusiasmo. -Además, hay dos violoncellos, me podrías enseñar un poquito.
-Eso está hecho, preciosa.
<<¿Preciosa?>> Ella se ruborizó, él se echó a reír.
-¿Qué he dicho?
-Nada, jaja, es que me ruborizo si me llaman preciosa. Anda, me voy a acostar ya, ¿vale? Mañana hablamos, buenísimas noches, idiota.
-Buenas noches, fea.
-Eh, no me llames fea, so gili. -Dijo riéndose.
-Vale, vale, boba.
Ambos se fueron a dormir.
Ella estaba continuamente dando vueltas y pensando en Pablo, no sabía si se estaba pillando, pero él era tan perfecto. No sabía si el sentiría lo mismo o sólo quería un lío como todos querían en estos años, un rollo de un día. No sabía que pensar, se ponía nerviosa sólo de pensarlo. No pudo dormirse hasta haber dado las dos en punto, se puso a escuchar música hasta que se quedó dormida.
domingo, 7 de julio de 2013
Capítulo 6.
Se comenzó a agobiar, no quería que se pillara por él, no quería, porque todo era muy impredecible y quería sufrir. De repente los ojos se la llenaron de lágrimas, sin saber porqué, estaba muy tensa. <<Va, Clara, tranquilízate.>> Fue al baño a secarse un poco, vio que tenía los ojos enrojecidos y para disimular se maquilló un poco. Se miró al espejo, sonrió y se dijo a sí misma que todo estaba saliendo bien, que no pasaba nada.
Salió de la habitación y bajó en dirección al salón, donde estarían todos esperando a cenar.
Efectivamente, estaban todos en la mesa esperando a que ella se sentara. -Vamos, cielo siéntate, ponte al lado de Pablo. -Ella en parte, quería estar con él, era una sensación rara, como lo suelen decir "mariposas en el estómago" algo que ella jamás había experimentado, pero le gustaba esa sensación. Cuando se fue a sentar, Pablo la miró, la sonrió y bajó la vista. Ella se sentó y se dispusieron a cenar.
-Bueno, Clara, ¿ya recuerdas algo? -Dijo la madre de Pablo, mientras se servía un vino crianza en su copa. -Claro, ahora sí, hemos estado viendo unas fotos de cuando éramos pequeños.
-¿Ah sí? ¿Sabíais que cuando erais pequeños... -Pablo y Clara no la dejaron terminar la frase.
-Decíamos que éramos novios. -Todos se echaron a reír.
Siguieron cenando, entre parladas, recordando viejos tiempos, de cuando ellos eran pequeños y alguna que otra anécdota de por entonces. Cuando terminaron de cenar dieron prácticamente las once. Se pusieron a recoger todo y Pablo les preguntó si podía salir a dar una paseo. -¿Porqué no te llevas a Clara? Así habláis un poco. -Dijo el Padre de Pablo con un aire de... ya sabéis. Le dio unos empujones entre risas con el codo y él aceptó la propuesta.
-Subiré a buscarla.
Clara se había ido a la habitación a leer un rato un libro de Dan Brown que llevaba un par de semanas leyendo, se titulaba "Inferno" le encantaban ese tipo de libros, misterio, asesinatos y estaba en contra de todo lo que ella estaba, era su autor favorito sin duda.
Cuando él subió, ella estaba tumbada boca abajo en la cama, leyendo. Abrió la puerta y le propuso ir a dar un paseo, él no podía dejar de mirarla, tal y como estaba en ese momento puesta en la cama, la mirada que le había echado cuando entró en la habitación, no podía con ello, a lo mejor él también se estaba pillando por ella pero aún no lo sabía de él, ni él de ella.
-Bueno, ¿entonces te apetece ir a dar un paseo?
-Claro, me encantaría. -Dejó el libro en la mesilla y se dispuso a ir con él. Él cogió una chaqueta, pero ella no se dio cuenta y salió en mangas de camisa, hacía bueno, no le haría falta por un rato.
Salieron de la casa y se fueron al paseo marítimo del pueblo, hacía una noche estrellada preciosa y no había ni una sola nube, el viento corría refrescando el ambiente. Ella sentía un poco de vergüenza al estar a solas con él y él tenía la misma sensación, pero ninguno de los dos se daba cuenta.
-Bueno ¿A dónde quieres ir? -Preguntó él.
-No sé, ¿nos sentamos en uno de los bancos de la playa?
Fueron a un banco que estaba a pocos metros de ellos, se sentaron y comenzaron a hablar.
Entre risas y bromas, hablando de la infancia, de cómo eran de pequeños y lo mucho que han cambiado él dijo "Estás preciosa". Ella se quedó atontada, no sabía qué decir, se comenzó a ruborizar y él echó una pequeña carcajada. -¿Qué pasa? -Preguntó. -Nada, que te has ruborizado. -Dijo mientras aún seguía con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro.
<<¿Me he ruborizado? ¿Enserio? Dios, no puede estar pasando>> Se levantó del banco y se apoyó mirando al mar en la valla de madera que había separando el paseo de la playa.
A continuación él se levantó y la abrazó por detrás.
-¿Tienes frío? -Le dijo prácticamente susurrándole al oído.
-Sí, un poco.
-¿Quieres que te deje mi sudadera?
-Así estás muy bien, no te separes. -Ambos se rieron y se quedaron unos minutos abrazados uno detrás del otro.
Pasó un rato y él se apartó, se apoyó en la valla como ella y le repitió la misma frase. Ella no sabía qué decir, se quedaron mirando el uno al otro unos segundos, él tenía dibujada una sonrisa en el rostro y ella no podía dejar de mirar esos ojos azules preciosos que le habían encantado desde el primer momento. ¿Se estaban enamorando?
Salió de la habitación y bajó en dirección al salón, donde estarían todos esperando a cenar.
Efectivamente, estaban todos en la mesa esperando a que ella se sentara. -Vamos, cielo siéntate, ponte al lado de Pablo. -Ella en parte, quería estar con él, era una sensación rara, como lo suelen decir "mariposas en el estómago" algo que ella jamás había experimentado, pero le gustaba esa sensación. Cuando se fue a sentar, Pablo la miró, la sonrió y bajó la vista. Ella se sentó y se dispusieron a cenar.
-Bueno, Clara, ¿ya recuerdas algo? -Dijo la madre de Pablo, mientras se servía un vino crianza en su copa. -Claro, ahora sí, hemos estado viendo unas fotos de cuando éramos pequeños.
-¿Ah sí? ¿Sabíais que cuando erais pequeños... -Pablo y Clara no la dejaron terminar la frase.
-Decíamos que éramos novios. -Todos se echaron a reír.
Siguieron cenando, entre parladas, recordando viejos tiempos, de cuando ellos eran pequeños y alguna que otra anécdota de por entonces. Cuando terminaron de cenar dieron prácticamente las once. Se pusieron a recoger todo y Pablo les preguntó si podía salir a dar una paseo. -¿Porqué no te llevas a Clara? Así habláis un poco. -Dijo el Padre de Pablo con un aire de... ya sabéis. Le dio unos empujones entre risas con el codo y él aceptó la propuesta.
-Subiré a buscarla.
Clara se había ido a la habitación a leer un rato un libro de Dan Brown que llevaba un par de semanas leyendo, se titulaba "Inferno" le encantaban ese tipo de libros, misterio, asesinatos y estaba en contra de todo lo que ella estaba, era su autor favorito sin duda.
Cuando él subió, ella estaba tumbada boca abajo en la cama, leyendo. Abrió la puerta y le propuso ir a dar un paseo, él no podía dejar de mirarla, tal y como estaba en ese momento puesta en la cama, la mirada que le había echado cuando entró en la habitación, no podía con ello, a lo mejor él también se estaba pillando por ella pero aún no lo sabía de él, ni él de ella.
-Bueno, ¿entonces te apetece ir a dar un paseo?
-Claro, me encantaría. -Dejó el libro en la mesilla y se dispuso a ir con él. Él cogió una chaqueta, pero ella no se dio cuenta y salió en mangas de camisa, hacía bueno, no le haría falta por un rato.
Salieron de la casa y se fueron al paseo marítimo del pueblo, hacía una noche estrellada preciosa y no había ni una sola nube, el viento corría refrescando el ambiente. Ella sentía un poco de vergüenza al estar a solas con él y él tenía la misma sensación, pero ninguno de los dos se daba cuenta.
-Bueno ¿A dónde quieres ir? -Preguntó él.
-No sé, ¿nos sentamos en uno de los bancos de la playa?
Fueron a un banco que estaba a pocos metros de ellos, se sentaron y comenzaron a hablar.
Entre risas y bromas, hablando de la infancia, de cómo eran de pequeños y lo mucho que han cambiado él dijo "Estás preciosa". Ella se quedó atontada, no sabía qué decir, se comenzó a ruborizar y él echó una pequeña carcajada. -¿Qué pasa? -Preguntó. -Nada, que te has ruborizado. -Dijo mientras aún seguía con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro.
<<¿Me he ruborizado? ¿Enserio? Dios, no puede estar pasando>> Se levantó del banco y se apoyó mirando al mar en la valla de madera que había separando el paseo de la playa.
A continuación él se levantó y la abrazó por detrás.
-¿Tienes frío? -Le dijo prácticamente susurrándole al oído.
-Sí, un poco.
-¿Quieres que te deje mi sudadera?
-Así estás muy bien, no te separes. -Ambos se rieron y se quedaron unos minutos abrazados uno detrás del otro.
Pasó un rato y él se apartó, se apoyó en la valla como ella y le repitió la misma frase. Ella no sabía qué decir, se quedaron mirando el uno al otro unos segundos, él tenía dibujada una sonrisa en el rostro y ella no podía dejar de mirar esos ojos azules preciosos que le habían encantado desde el primer momento. ¿Se estaban enamorando?
Capítulo 5.
<<¿Qué hace él aquí?>> No asimilaba el hecho de que fuera a compartir tres meses con él, en su misma habitación, en la misma casa, noches junto a él. No lo asimilaba.
-Bueno y...¿Tienes hermanos o hermanas? Sólo nos conocemos de habernos visto en el autobús y tú pedirme fuego, por cierto, mis padres no lo saben, así que no la cagues.
-No, no tengo hermanos. -Después soltó una pequeña risa. -Qué bordes estás. ¿Querías que fuera otro chico quien compartiera habitación contigo? ¿Tu novio o algo?
-No tengo novio, y no soy borde, sólo me he quedado atónita al ver que eras tú, ha sido raro, conocernos por casualidad y pum, aquí estás. Es como de película.
Ambos estaban sentados en la toalla de Clara mientras ella terminaba de secarse. Clara estaba muy impresionada, pensaba que sería el típico "Hijo de los amigos de padres" que sería feo, y un pesado. No. Pablo era alto, moreno con el cabello más corto por los lados y en el frente rizado y más largo, con una pequeña dilatación en la oreja derecha, al llevar camiseta corta pudo observar que tenía un tatuaje en el brazo izquierdo, y tenía unos ojos azules preciosos, cosa que ya vio el día que le conoció.
Cuando se terminó de secar, se puso en pie y fue a coger la tabla para guardarla y llevar sus cosas a la casa.
-¿Me ayudas? Ya que estás, por favor. -Dijo mientras le hacía el gesto de darle su mochila para que la llevase.
-Claro.
-Muchas gracias. -Dijo con una sonrisa y sus ojos que camelaba a cualquier persona. Era uno de los dones de Clara, lo más bonito, sus ojos.
Ambos se fueron de la playa, y llegaron a la casa. Clara dejó en el jardín delantero la tabla para que se terminara de secar y los dos entraron en casa.
-Vaya, veo y que ya conoces a Pablo, ¿te acuerdas de él? -Dijo la madre de Clara cuando entraron en la casa. -La verdad, no, no lo recuerdo, pero no importa. ¿no?
-Bueno, luego a ver si haces memoria, hija mía, vaya cabeza. -Pablo se echó a reír, él si se acordaba de ella, pero con la ventaja de que su madre le había enseñado fotos de cuando eran pequeños, si no andaría en la misma situación que Clara.
-Bueno, me subo a ducharme.
Cogió su mochila que aún la tenía Pablo -Gracias por habérmela traído. -Le sonrió y no pudo evitar ruborizarse un poco, se dio cuenta de que podría estar sucediéndole y subió rápidamente las escaleras.
Llegó a su habitación y comenzó a desnudarse para preparar el baño, estaba prácticamente sin ropa cuando alguien llamó a la puerta.
-¿Sí?
-Soy Pablo, ¿puedo pasar? -Dijo al otro lado de la puerta, a punto de abrirla.
-No tengo ropa, espera un segundo. -Fue a por su toalla de baño y se la puso de manera que no pudiera ver absolutamente nada.
-Sí, pasa pasa.
Entró en la habitación, ella estaba en el baño, intentando que no la viera mientras cogía de su bolsa de aseo las cosas para ducharse.
-¿Clara? Venía a hablar contigo. -Se sentó en la cama y esperó a que ella saliera del baño.
-¿Puedes esperar a que me duche? Tardo cinco minutos.
-Vale.
Mientras ella se estaba duchando él comenzó a mirar sus cosas, cotilleando un poco por aquí, un poco por allá. Encontró una especie de diario, pero tenía una cerradura. <<Mierda, ¿tendrá por aquí la llave?>> Miró por la mesilla, su bolso pero nada. <<Un segundo, mierda el día que la conocí llevaba una llave colgada del cuello la tendrá con ella puesta>> Y efectivamente, no se la quitaba para nada, así que sería imposible. <<Yo que quería saber un poco más de ella...>> El agua de la ducha dejó de correr, él se alarmó y dejó todo en el mismo lugar rápidamente y se sentó en la cama. Ella aún no saldría tendría que vestirse y demás.
-¡Ya casi estoy! -Se oyó su voz pero entre el ruido del secador y demás él no lo entendió bien. Pero se supuso que sería que no tardaría mucho más.
Él mientras tanto esperó sentado en la cama, observando la maleta de ella, estaba abierta y podía ver toda su ropa, y comenzó a pensar. Clara era una chica muy guapa, era medianamente alta, con el cabello largo castaño, unos ojos luminosos preciosos y un tipazo. No iba a ser un mal verano, claro que no.
De pronto se abrió la puerta del baño, dejando salir una ola de calor a causa del vapor de la ducha y salió Clara de allí. Vestía unos pantalones cortos fosforitos y una camiseta corta que se le veía el ombligo donde ponía "I ♥ sex on the beach" haciendo, cómo no, referencia a una bebida alcohólica, no pensemos literalmente.
-Oh, qué guapa. -Le dijo mientras la miraba de arriba a abajo. -Bueno bueno, no nos pasemos anda, de donde no hay no se puede sacar.
-No digas bobadas. El caso. Que quería enseñarte esto.
Cogió un pequeño álbum de fotos que tenía con él y lo abrió. -Mira, siéntate-.Ambos se pusieron a mirarlo y sí, Clara lo recordaba, eran fotos de cuando ellos dos eran pequeños.
-Oh, pero qué ricos éramos-Había fotos que salían dados de la mano, como dos pequeños novios.
-¿Sabes? Mi madre me dijo que cuando éramos pequeños, íbamos diciendo que éramos novios, eramos unos bebés.
Terminaron de ver el álbum, cuando él lo fue a cerrar, las manos de ambos chocaron y sus miradas se cruzaron por unos segundos, él iba a reaccionar pero ella bajó la vista y se ruborizó, él no hizo nada ante la situación y se puso en pie. -Bueno, deberíamos bajar, creo que están haciendo la cena, al menos huele ¿no?
-Sí, ve bajando, un segundo, ya voy.
Él se fue y ella se quedó sentada un momento.
<<¿Qué ha pasado? Por un momento me he sentido atraída por él. ¿Qué estoy haciendo>>
-Bueno y...¿Tienes hermanos o hermanas? Sólo nos conocemos de habernos visto en el autobús y tú pedirme fuego, por cierto, mis padres no lo saben, así que no la cagues.
-No, no tengo hermanos. -Después soltó una pequeña risa. -Qué bordes estás. ¿Querías que fuera otro chico quien compartiera habitación contigo? ¿Tu novio o algo?
-No tengo novio, y no soy borde, sólo me he quedado atónita al ver que eras tú, ha sido raro, conocernos por casualidad y pum, aquí estás. Es como de película.
Ambos estaban sentados en la toalla de Clara mientras ella terminaba de secarse. Clara estaba muy impresionada, pensaba que sería el típico "Hijo de los amigos de padres" que sería feo, y un pesado. No. Pablo era alto, moreno con el cabello más corto por los lados y en el frente rizado y más largo, con una pequeña dilatación en la oreja derecha, al llevar camiseta corta pudo observar que tenía un tatuaje en el brazo izquierdo, y tenía unos ojos azules preciosos, cosa que ya vio el día que le conoció.
Cuando se terminó de secar, se puso en pie y fue a coger la tabla para guardarla y llevar sus cosas a la casa.
-¿Me ayudas? Ya que estás, por favor. -Dijo mientras le hacía el gesto de darle su mochila para que la llevase.
-Claro.
-Muchas gracias. -Dijo con una sonrisa y sus ojos que camelaba a cualquier persona. Era uno de los dones de Clara, lo más bonito, sus ojos.
Ambos se fueron de la playa, y llegaron a la casa. Clara dejó en el jardín delantero la tabla para que se terminara de secar y los dos entraron en casa.
-Vaya, veo y que ya conoces a Pablo, ¿te acuerdas de él? -Dijo la madre de Clara cuando entraron en la casa. -La verdad, no, no lo recuerdo, pero no importa. ¿no?
-Bueno, luego a ver si haces memoria, hija mía, vaya cabeza. -Pablo se echó a reír, él si se acordaba de ella, pero con la ventaja de que su madre le había enseñado fotos de cuando eran pequeños, si no andaría en la misma situación que Clara.
-Bueno, me subo a ducharme.
Cogió su mochila que aún la tenía Pablo -Gracias por habérmela traído. -Le sonrió y no pudo evitar ruborizarse un poco, se dio cuenta de que podría estar sucediéndole y subió rápidamente las escaleras.
Llegó a su habitación y comenzó a desnudarse para preparar el baño, estaba prácticamente sin ropa cuando alguien llamó a la puerta.
-¿Sí?
-Soy Pablo, ¿puedo pasar? -Dijo al otro lado de la puerta, a punto de abrirla.
-No tengo ropa, espera un segundo. -Fue a por su toalla de baño y se la puso de manera que no pudiera ver absolutamente nada.
-Sí, pasa pasa.
Entró en la habitación, ella estaba en el baño, intentando que no la viera mientras cogía de su bolsa de aseo las cosas para ducharse.
-¿Clara? Venía a hablar contigo. -Se sentó en la cama y esperó a que ella saliera del baño.
-¿Puedes esperar a que me duche? Tardo cinco minutos.
-Vale.
Mientras ella se estaba duchando él comenzó a mirar sus cosas, cotilleando un poco por aquí, un poco por allá. Encontró una especie de diario, pero tenía una cerradura. <<Mierda, ¿tendrá por aquí la llave?>> Miró por la mesilla, su bolso pero nada. <<Un segundo, mierda el día que la conocí llevaba una llave colgada del cuello la tendrá con ella puesta>> Y efectivamente, no se la quitaba para nada, así que sería imposible. <<Yo que quería saber un poco más de ella...>> El agua de la ducha dejó de correr, él se alarmó y dejó todo en el mismo lugar rápidamente y se sentó en la cama. Ella aún no saldría tendría que vestirse y demás.
-¡Ya casi estoy! -Se oyó su voz pero entre el ruido del secador y demás él no lo entendió bien. Pero se supuso que sería que no tardaría mucho más.
Él mientras tanto esperó sentado en la cama, observando la maleta de ella, estaba abierta y podía ver toda su ropa, y comenzó a pensar. Clara era una chica muy guapa, era medianamente alta, con el cabello largo castaño, unos ojos luminosos preciosos y un tipazo. No iba a ser un mal verano, claro que no.
De pronto se abrió la puerta del baño, dejando salir una ola de calor a causa del vapor de la ducha y salió Clara de allí. Vestía unos pantalones cortos fosforitos y una camiseta corta que se le veía el ombligo donde ponía "I ♥ sex on the beach" haciendo, cómo no, referencia a una bebida alcohólica, no pensemos literalmente.
-Oh, qué guapa. -Le dijo mientras la miraba de arriba a abajo. -Bueno bueno, no nos pasemos anda, de donde no hay no se puede sacar.
-No digas bobadas. El caso. Que quería enseñarte esto.
Cogió un pequeño álbum de fotos que tenía con él y lo abrió. -Mira, siéntate-.Ambos se pusieron a mirarlo y sí, Clara lo recordaba, eran fotos de cuando ellos dos eran pequeños.
-Oh, pero qué ricos éramos-Había fotos que salían dados de la mano, como dos pequeños novios.
-¿Sabes? Mi madre me dijo que cuando éramos pequeños, íbamos diciendo que éramos novios, eramos unos bebés.
Terminaron de ver el álbum, cuando él lo fue a cerrar, las manos de ambos chocaron y sus miradas se cruzaron por unos segundos, él iba a reaccionar pero ella bajó la vista y se ruborizó, él no hizo nada ante la situación y se puso en pie. -Bueno, deberíamos bajar, creo que están haciendo la cena, al menos huele ¿no?
-Sí, ve bajando, un segundo, ya voy.
Él se fue y ella se quedó sentada un momento.
<<¿Qué ha pasado? Por un momento me he sentido atraída por él. ¿Qué estoy haciendo>>
viernes, 5 de julio de 2013
Capítulo 4.
Estaban de camino, su padre, cómo no, escuchando sus míticos discos de Elvis. Su madre leyendo el último libro de Dan Brown, y Clara escuchando un poco de música con los cascos, aunque le encantaba Elvis y era toda su infancia, ahora se había decantado por Breaking Benjamin, Linkin Park y estos grupos modernos que también adoraba su padre, pero su madre les había prohibido poner en el coche, creía que eran demasiado 'satánicos'. El viaje duró aproximadamente tres horas, a Clara ya le dolían los tímpanos de tener la música tan alta.
Se paró el coche, habían llegado ya a Santander pero aún no habían llegado a la casa, era una pequeña 'mansión' al borde del mar, en un alto de una montañita pequeña, donde con sólo bajar una cuesta estabas en la playa, tenía piscina, una sala gigante con todos los instrumentos que te podías imaginar, una biblioteca parecida a la libreria Lello donde se grabó Harry Potter, sí, y dos salones para jugar a la play, donde todas las noches su padre y ella se viciaban a jugar al FIFA.
-Mamá, ¿hemos llegado ya? ¿Cuanto falta? -Preguntó mientras se quitaba los cascos para poder oír. -Nada, cielo, ya llegamos.
-Vale, ¿con quien vamos?
-Ah, ya lo verás, pequeña. -Dijo su madre con una sonrisa que Clara podía ver desde el retrovisor delantero, odiaba cuando no la decían las cosas, odiaba las sorpresas, lo odiaba.
Pocos minutos después ya estaban en el camino que daba a la casa, un pequeño sendero rodeado de arbustos en flor, césped perfectamente cortado y árboles que con sus copas podían tocar el cielo. Era precioso, era increíble. Era su verdadero hogar, como ella y su padre decían.
-Bueno, ya hemos llegado, bajemos del coche. -Dijo su madre. Se bajaron y abrieron el maletero para sacar todas sus pertenencias e irse acomodando en la casa. -¿Y la otra familia?
-Llegarán en dos horas, tranquila Clara. <<Pues menuda mierda>> Clara tenía la sensación de que este verano iba a ser increíble, no sabía del todo por qué, sólo era una sensación.
Le dieron las llaves de la casa a Clara para que fuera dejando sus cosas en su habitación. Abrió y, todo estaba igual que la última vez, cuando sólo tenía siete años, cuando pasaba los veranos con su familia y unos amigos allí ¿Serían los mismos amigos? Ojalá, aunque no se acordaba de ellos para nada, habían pasado ocho años, qué se iba a acordar. Subió las escaleras para dar a la ala norte de la casa, sí, tenía dos lugares, el ala norte y el sur, cada uno con su propio salón, cocina y demás, comunicados a través del salón principal, donde antes según la madre de Clara, María su madre, la abuela, hacía unas fiestas increíbles, de etiqueta, claro.
Llegó a su habitación. -¿Algo habrá cambiado? -Dijo mientras dudaba si abrir o no la puerta. Se decidió a los pocos segundos cuando reaccionó de lo cría que estaba siendo y entró, no había cambiado nada, seguía siendo aquella habitación donde jugaba cuando era pequeña con un chico que a penas recordaba cómo era físicamente, sólo recordaba que jugaban a ser mamá y papá y cuidaban de un pequeño bebé que ahora estaba lleno de polvo en la estantería junto a la ventana que daba al mar Cantábrico.
Fue metiendo la ropa en el armario que le tocaba, ya que había dos camas y la otra sería para el chico con el que dormiría. <<Un momento>> pensó <<¡¿UN CHICO!?>> Iba a compartir habitación con un chico de un año más que ella <<POR FAVOR QUE SEA GUAPO, DIOS, DIOS, QUE LO SEA POR FAVOR>> Tenía quince, casi dieciséis años, ¿qué iba a pedir si no una chica de esa edad?
Cuando había terminado de meter toda la ropa, colocar sus dos neceseres de aseo en el baño que tenía la habitación, su pijama bajo la almohada y demás, se desnudó y se puso un bikini para ir a la playa para hacer tiempo mientras la otra familia llegaba.
-¡MAMÁ! -Dijo desde el baño de su habitación mientras se ponía el bikini. -Dime cielo, estoy aquí
-Jobar, qué susto, no entres mamá, me voy a la playa a surfear un rato mientras viene la otra familia.
-Perfecto cariño.
Unos instantes después Clara ya estaba preparada y fuera de casa con la tabla entre los brazos, no había nadie en la playa y tenía unas olas extraordinarias para surfear. Estuvo entre olas más de dos horas y no se dio cuenta de que la familia ya habría llegado, cuando vio una sombra de alguien entre una de las rocas del paseo que daba desde su casa a la playa. Se acordó y salió rápidamente del agua. Ancló su tabla en la arena y se secó lo más rápido que pudo en la toalla, estaba recogiendo las cosas cuando... -¡Hola! Soy... -Clara no le dejó terminar la frase, se dio la vuelta para ver quien era -¿TÚ? ¿Qué haces aquí? ¿Pero... tu familia es la que viene a esta casa?
-Sí, somos nosotros, ¿no te gusta?
Sí, no es eso... es que me he sorprendido.
¿Quien era este chico que había venido a la casa? ¿Por qué estaba tan sorprendida Clara?
Se paró el coche, habían llegado ya a Santander pero aún no habían llegado a la casa, era una pequeña 'mansión' al borde del mar, en un alto de una montañita pequeña, donde con sólo bajar una cuesta estabas en la playa, tenía piscina, una sala gigante con todos los instrumentos que te podías imaginar, una biblioteca parecida a la libreria Lello donde se grabó Harry Potter, sí, y dos salones para jugar a la play, donde todas las noches su padre y ella se viciaban a jugar al FIFA.
-Mamá, ¿hemos llegado ya? ¿Cuanto falta? -Preguntó mientras se quitaba los cascos para poder oír. -Nada, cielo, ya llegamos.
-Vale, ¿con quien vamos?
-Ah, ya lo verás, pequeña. -Dijo su madre con una sonrisa que Clara podía ver desde el retrovisor delantero, odiaba cuando no la decían las cosas, odiaba las sorpresas, lo odiaba.
Pocos minutos después ya estaban en el camino que daba a la casa, un pequeño sendero rodeado de arbustos en flor, césped perfectamente cortado y árboles que con sus copas podían tocar el cielo. Era precioso, era increíble. Era su verdadero hogar, como ella y su padre decían.
-Bueno, ya hemos llegado, bajemos del coche. -Dijo su madre. Se bajaron y abrieron el maletero para sacar todas sus pertenencias e irse acomodando en la casa. -¿Y la otra familia?
-Llegarán en dos horas, tranquila Clara. <<Pues menuda mierda>> Clara tenía la sensación de que este verano iba a ser increíble, no sabía del todo por qué, sólo era una sensación.
Le dieron las llaves de la casa a Clara para que fuera dejando sus cosas en su habitación. Abrió y, todo estaba igual que la última vez, cuando sólo tenía siete años, cuando pasaba los veranos con su familia y unos amigos allí ¿Serían los mismos amigos? Ojalá, aunque no se acordaba de ellos para nada, habían pasado ocho años, qué se iba a acordar. Subió las escaleras para dar a la ala norte de la casa, sí, tenía dos lugares, el ala norte y el sur, cada uno con su propio salón, cocina y demás, comunicados a través del salón principal, donde antes según la madre de Clara, María su madre, la abuela, hacía unas fiestas increíbles, de etiqueta, claro.
Llegó a su habitación. -¿Algo habrá cambiado? -Dijo mientras dudaba si abrir o no la puerta. Se decidió a los pocos segundos cuando reaccionó de lo cría que estaba siendo y entró, no había cambiado nada, seguía siendo aquella habitación donde jugaba cuando era pequeña con un chico que a penas recordaba cómo era físicamente, sólo recordaba que jugaban a ser mamá y papá y cuidaban de un pequeño bebé que ahora estaba lleno de polvo en la estantería junto a la ventana que daba al mar Cantábrico.
Fue metiendo la ropa en el armario que le tocaba, ya que había dos camas y la otra sería para el chico con el que dormiría. <<Un momento>> pensó <<¡¿UN CHICO!?>> Iba a compartir habitación con un chico de un año más que ella <<POR FAVOR QUE SEA GUAPO, DIOS, DIOS, QUE LO SEA POR FAVOR>> Tenía quince, casi dieciséis años, ¿qué iba a pedir si no una chica de esa edad?
Cuando había terminado de meter toda la ropa, colocar sus dos neceseres de aseo en el baño que tenía la habitación, su pijama bajo la almohada y demás, se desnudó y se puso un bikini para ir a la playa para hacer tiempo mientras la otra familia llegaba.
-¡MAMÁ! -Dijo desde el baño de su habitación mientras se ponía el bikini. -Dime cielo, estoy aquí
-Jobar, qué susto, no entres mamá, me voy a la playa a surfear un rato mientras viene la otra familia.
-Perfecto cariño.
Unos instantes después Clara ya estaba preparada y fuera de casa con la tabla entre los brazos, no había nadie en la playa y tenía unas olas extraordinarias para surfear. Estuvo entre olas más de dos horas y no se dio cuenta de que la familia ya habría llegado, cuando vio una sombra de alguien entre una de las rocas del paseo que daba desde su casa a la playa. Se acordó y salió rápidamente del agua. Ancló su tabla en la arena y se secó lo más rápido que pudo en la toalla, estaba recogiendo las cosas cuando... -¡Hola! Soy... -Clara no le dejó terminar la frase, se dio la vuelta para ver quien era -¿TÚ? ¿Qué haces aquí? ¿Pero... tu familia es la que viene a esta casa?
-Sí, somos nosotros, ¿no te gusta?
Sí, no es eso... es que me he sorprendido.
¿Quien era este chico que había venido a la casa? ¿Por qué estaba tan sorprendida Clara?
miércoles, 3 de julio de 2013
Capítulo 3.
Regresamos un par de años atrás, un veinticuatro de junio.
Primer día de vacaciones, Clara había pasado la mañana de compras con Alicia, su mejor amiga. No había pisado por casa desde las diez de la mañana.
Cogió el bus para llegar más pronto a casa y no cargar con las bolsas todo el camino. Estaba sentada en uno de los asientos de la parada de bus esperando a que llegara su número de autobús. Estaba contemplando uno de los anillos que había comprado, clara tenía un afán por los complementos, tenía que tener de todo, algo propio en adolescentes, querer, querer y querer. Cuando se le acercó un chico, aparentemente de unos diecisiete años, moreno, alto y con un cuerpo triángulo perfecto, ancho de espaldas y estrecho al final de ella, con unos ojos penetrantes azules. -Perdona, ¿Tienes fuego? -dijo el chico mientras se sentaba a su lado. Clara se quedó atónita mirando esos ojos, parecían que brillaban por sí solos. -Lo siento, no te he oído, ¿qué dijiste? -Que si tienes fuego, por favor. -Repitió el chico, -Te habías quedado con la mirada perdida por lo que veo. Echó una pequeña carcajada y miró hacia abajo, como si le diera vergüenza. -Ah, sí, un segundo. -Abrió su bolso y sacó un mechero zipo con el símbolo de los Red Hot Chili Peppers, su grupo favorito. -Vaya vaya vaya -Exclamó el chaval. -Así que eres rockera ¿no? -Clara sorprendida hizo una mueca en forma de asentimiento. -Así es, es mi grupo favorito. El chico se encendió su cigarro y se lo volvió a dar. -Gracias.
Clara se había quedado de nuevo embobada en sus ojos y no se daba cuenta de que su bus había llegado. Cuando se quiso dar cuenta estaba marchándose. <<MIERDA, HE PERDIDO EL BUS>>
El próximo pasaría en otros diez minutos o podría coger el ocho, que pasaría en nada y le dejaría un poco menos cerca pero también le serviría.
El humo del cigarro del chico le estaba penetrando en sus fosas nasales, y le entró mono de fumar, giró la cabeza para mirar al chico y vaya, era perfecto, era de los chicos más guapos que había visto nunca y tenía la sensación de conocerle de algo. -Perdona -Le dijo Clara. -Pero ¿Cómo te llamas? El chico echó un calo y la miró -Pablo. ¿Sabes? Me suenas de algo, pero no sé de qué. -A mi también, es extraño. ¿Qué bus esperas? -El ocho. A ver si llega, que como siga tardando me fumo la caja entera y no es plan. -Clara se echó a reír -Eh, ¿de qué te ríes? -La miró enfadado, como si le hubiera ofendido el comentario. -Perdón perdón, de nada. Yo también voy a coger el ocho, porque he perdido el bus.
Llegó e autobús pocos minutos después y ambos se subieron a él. Clara rebuscó en el bolso para sacar la cartera y el bonobús, y se sentó en unos de los asientos traseros. A continuación Pablo se sentó junto a ella. Había dejado abierta la cartera con una foto de un chico en ella -¿Es tu novio? -Dijo con curiosidad mientras cogía la cartera para ver mejor la foto. Clara se rió. -Qué va, es mi mejor amigo, se fue hace un año a Irlanda a vivir con sus padres y me dio su foto y yo una a él para jamás olvidarnos. -Oh, qué bonito. -Eh, no te rías idiota. -Parecía que iban congeniando un poco.
-Bueno, aquí es mi parada, me bajo ya. -Dijo Pablo mientras se levantaba de su asiento contiguo al de Clara. -Bueno, encantada de haberte conocido, nos veremos más veces. -Igualmente, adiós.
El autobús se paró y Pablo se bajo <<Vaya, ha sido extraño, era guapísimo y muy majo. Ha estado bien eso de perder el bus>> Cogió su iPod y comenzó a escuchar música, aún quedaban unos diez minutos antes de llegar a su casa.
Iba mirando por la ventana el paisaje, los edificios, las calles, las personas que pasaban, pero no podía parar de pensar en aquel chico con el que había estado minutos antes, había sido todo muy extraño.
Estaba llegando a la calle cerca de su casa, pulsó el botón de aviso para bajarse y pocos minutos después se paró para que pudiera bajarse. Cogió sus bolsas y el bolso y se bajó. Caminó un poco hasta llegar a su casa, había que cruzar un pequeño puente con un afluente del río de su ciudad y poco después su casa.
Cuando llegó, llamó al timbre, se oía el ladrido de su perro un instante después de haber llamado, poco después abrió su madre. -Hola mamá. -Dijo mientras entraba y acariciaba al perro con la mano libre que tenía. -Hola cielo, ¿qué tal las compras? -Dijo cogiendo las bolsas y mirando en su interior. -Bastante bien, ahora te las enseño. -Le respondió mientras se quitaba los zapatos. -Bueno cariño, tenemos que hablar. -Esa frase no le gustaba nada a Clara, es la típica frase que te dicen tus padres cuando ha llegado un suspenso a casa, cuando han visto algo en tu habitación que no deberían, cuando tu hermano se ha chivado de que llegaste una hora tarde a casa. Pero esta vez, ella no había hecho nada. -¿Qué pasa? -Ven, ven al salón, debemos darte una noticia. -Vale.
Ambas fueron al salón, se sentaron en el sofá y ahí estaban su padre y su hermano. -¿Qué he hecho? -Fue lo primero que se la ocurrió decir, pensaba que había hecho algo malo y que la iban a castigar, quemar su pelo o su ropa recién comprada. -Nada cariño, sólo os queremos decir algo que os va a gustar mucho. -¿Ah, sí? -Claro. El corazón comenzó a latir con normalidad, el nudo de su garganta desapareció. -Bueno, nos vamos a Santander los tres meses, a sí que tenéis una hora para hacer maletas y marcharnos. <<¿Qué?>> Tres meses alejada de sus amigos, bueno, tenía quince años, no podía entrar en ningún bar, y sus amigos ya tenían la edad, pero aún así. -¿Tres meses? ¿Nosotros solos? -No, con unos amigos, hay un chico de un año más que tú y una niña de la edad de tu hermano, son muy majos, os conocéis de cuando erais pequeños, pero no te acordarás. Bueno, ¿A qué esperas? A preparar maletas.
Clara subió rápidamente a su habitación, cogió sus dos maletas más grandes y su bolso más grande para llevar durante el viaje, era en coche, pero el grande, así cabría todo. Cogió la mayoría de su armario y lo metió cuidadosamente en la maleta, para que su madre no fuera por detrás gritándola. Cargó los móviles para tener para el viaje, cogió el portátil, tres libros que tenía de reserva para leer y.. -¡PAPÁ! -Gritó mientras salía al pasillo de fuera para avisarle. -¿Qué pasa cielo? -¿Tabla y neoprenos? -¡Claro! -Clara era campeona de España de surf, y ya que iba al mar, qué menos que llevar su tabla.
A la casa a la que iban sería a la antigua casa de la familia, una casa que tenía un piano Steinway blanco hermosísimo, así que también metió unas partituras por si acaso no recordaba alguna de las obras, una hora después ya estaba lista para irse, ¿Quién sería la familia con la que estarían los tres meses?
Primer día de vacaciones, Clara había pasado la mañana de compras con Alicia, su mejor amiga. No había pisado por casa desde las diez de la mañana.
Cogió el bus para llegar más pronto a casa y no cargar con las bolsas todo el camino. Estaba sentada en uno de los asientos de la parada de bus esperando a que llegara su número de autobús. Estaba contemplando uno de los anillos que había comprado, clara tenía un afán por los complementos, tenía que tener de todo, algo propio en adolescentes, querer, querer y querer. Cuando se le acercó un chico, aparentemente de unos diecisiete años, moreno, alto y con un cuerpo triángulo perfecto, ancho de espaldas y estrecho al final de ella, con unos ojos penetrantes azules. -Perdona, ¿Tienes fuego? -dijo el chico mientras se sentaba a su lado. Clara se quedó atónita mirando esos ojos, parecían que brillaban por sí solos. -Lo siento, no te he oído, ¿qué dijiste? -Que si tienes fuego, por favor. -Repitió el chico, -Te habías quedado con la mirada perdida por lo que veo. Echó una pequeña carcajada y miró hacia abajo, como si le diera vergüenza. -Ah, sí, un segundo. -Abrió su bolso y sacó un mechero zipo con el símbolo de los Red Hot Chili Peppers, su grupo favorito. -Vaya vaya vaya -Exclamó el chaval. -Así que eres rockera ¿no? -Clara sorprendida hizo una mueca en forma de asentimiento. -Así es, es mi grupo favorito. El chico se encendió su cigarro y se lo volvió a dar. -Gracias.
Clara se había quedado de nuevo embobada en sus ojos y no se daba cuenta de que su bus había llegado. Cuando se quiso dar cuenta estaba marchándose. <<MIERDA, HE PERDIDO EL BUS>>
El próximo pasaría en otros diez minutos o podría coger el ocho, que pasaría en nada y le dejaría un poco menos cerca pero también le serviría.
El humo del cigarro del chico le estaba penetrando en sus fosas nasales, y le entró mono de fumar, giró la cabeza para mirar al chico y vaya, era perfecto, era de los chicos más guapos que había visto nunca y tenía la sensación de conocerle de algo. -Perdona -Le dijo Clara. -Pero ¿Cómo te llamas? El chico echó un calo y la miró -Pablo. ¿Sabes? Me suenas de algo, pero no sé de qué. -A mi también, es extraño. ¿Qué bus esperas? -El ocho. A ver si llega, que como siga tardando me fumo la caja entera y no es plan. -Clara se echó a reír -Eh, ¿de qué te ríes? -La miró enfadado, como si le hubiera ofendido el comentario. -Perdón perdón, de nada. Yo también voy a coger el ocho, porque he perdido el bus.
Llegó e autobús pocos minutos después y ambos se subieron a él. Clara rebuscó en el bolso para sacar la cartera y el bonobús, y se sentó en unos de los asientos traseros. A continuación Pablo se sentó junto a ella. Había dejado abierta la cartera con una foto de un chico en ella -¿Es tu novio? -Dijo con curiosidad mientras cogía la cartera para ver mejor la foto. Clara se rió. -Qué va, es mi mejor amigo, se fue hace un año a Irlanda a vivir con sus padres y me dio su foto y yo una a él para jamás olvidarnos. -Oh, qué bonito. -Eh, no te rías idiota. -Parecía que iban congeniando un poco.
-Bueno, aquí es mi parada, me bajo ya. -Dijo Pablo mientras se levantaba de su asiento contiguo al de Clara. -Bueno, encantada de haberte conocido, nos veremos más veces. -Igualmente, adiós.
El autobús se paró y Pablo se bajo <<Vaya, ha sido extraño, era guapísimo y muy majo. Ha estado bien eso de perder el bus>> Cogió su iPod y comenzó a escuchar música, aún quedaban unos diez minutos antes de llegar a su casa.
Iba mirando por la ventana el paisaje, los edificios, las calles, las personas que pasaban, pero no podía parar de pensar en aquel chico con el que había estado minutos antes, había sido todo muy extraño.
Estaba llegando a la calle cerca de su casa, pulsó el botón de aviso para bajarse y pocos minutos después se paró para que pudiera bajarse. Cogió sus bolsas y el bolso y se bajó. Caminó un poco hasta llegar a su casa, había que cruzar un pequeño puente con un afluente del río de su ciudad y poco después su casa.
Cuando llegó, llamó al timbre, se oía el ladrido de su perro un instante después de haber llamado, poco después abrió su madre. -Hola mamá. -Dijo mientras entraba y acariciaba al perro con la mano libre que tenía. -Hola cielo, ¿qué tal las compras? -Dijo cogiendo las bolsas y mirando en su interior. -Bastante bien, ahora te las enseño. -Le respondió mientras se quitaba los zapatos. -Bueno cariño, tenemos que hablar. -Esa frase no le gustaba nada a Clara, es la típica frase que te dicen tus padres cuando ha llegado un suspenso a casa, cuando han visto algo en tu habitación que no deberían, cuando tu hermano se ha chivado de que llegaste una hora tarde a casa. Pero esta vez, ella no había hecho nada. -¿Qué pasa? -Ven, ven al salón, debemos darte una noticia. -Vale.
Ambas fueron al salón, se sentaron en el sofá y ahí estaban su padre y su hermano. -¿Qué he hecho? -Fue lo primero que se la ocurrió decir, pensaba que había hecho algo malo y que la iban a castigar, quemar su pelo o su ropa recién comprada. -Nada cariño, sólo os queremos decir algo que os va a gustar mucho. -¿Ah, sí? -Claro. El corazón comenzó a latir con normalidad, el nudo de su garganta desapareció. -Bueno, nos vamos a Santander los tres meses, a sí que tenéis una hora para hacer maletas y marcharnos. <<¿Qué?>> Tres meses alejada de sus amigos, bueno, tenía quince años, no podía entrar en ningún bar, y sus amigos ya tenían la edad, pero aún así. -¿Tres meses? ¿Nosotros solos? -No, con unos amigos, hay un chico de un año más que tú y una niña de la edad de tu hermano, son muy majos, os conocéis de cuando erais pequeños, pero no te acordarás. Bueno, ¿A qué esperas? A preparar maletas.
Clara subió rápidamente a su habitación, cogió sus dos maletas más grandes y su bolso más grande para llevar durante el viaje, era en coche, pero el grande, así cabría todo. Cogió la mayoría de su armario y lo metió cuidadosamente en la maleta, para que su madre no fuera por detrás gritándola. Cargó los móviles para tener para el viaje, cogió el portátil, tres libros que tenía de reserva para leer y.. -¡PAPÁ! -Gritó mientras salía al pasillo de fuera para avisarle. -¿Qué pasa cielo? -¿Tabla y neoprenos? -¡Claro! -Clara era campeona de España de surf, y ya que iba al mar, qué menos que llevar su tabla.
A la casa a la que iban sería a la antigua casa de la familia, una casa que tenía un piano Steinway blanco hermosísimo, así que también metió unas partituras por si acaso no recordaba alguna de las obras, una hora después ya estaba lista para irse, ¿Quién sería la familia con la que estarían los tres meses?
martes, 2 de julio de 2013
Capítulo 2.
Nada más entrar en su habitación se acercó al pie de la cama, dejó los tacones negros carbón, de una medida aproximadamente de catorce o quince centímetros, eso explicaba sus dolores, y se sentó en la cama. Abrió el bolso y sacó el móvil, no tenía ninguna llamada de su amiga ni ningún mensaje de nadie. Lo dejó en la mesilla y se dispuso a cambiarse de ropa. Se quitó su falda de tubo rosa, la camisa negra de tirantes anchos semitransparente que si no llevara una camiseta interior negra se la vería el sujetador, algo que a los hombres de las discotecas les encanta, pero sabiendo cómo es Clara, jamás haría. Sé quedó en sujetador, se levantó de la cama y fue hasta el armario de donde sacó una camiseta de la talla XXL, de su padre. Ese era su pijama de verano, como el de todas las chicas del mundo. Se recogió su larga melena castaña en una coleta alta y fue al baño de su habitación a desmaquillarse, los restos de lo que había dejado la lluvia y las lágrimas.
Se sentó encima de la cama, con la luz de la mesilla encendida y cogió un libro con una cerradura, aparentemente parecía una especie de diario, o algo así. En su cuello colgaban una cruz, algo que sin saber porqué todas las niñas lo llevaban, y una llave, con la que abrió el libro. Fue pasando página por página hasta que llegó a una donde ponía "24.06.2011". Una pequeña lágrima se la escapaba del ojo, rozando su mejilla derecha y muriendo en su boca. Comenzó a leer "Primer día de vacaciones..." De repente, cerró el diario, lo dejó caer sobre el suelo y se dio media vuelta, apoyó su rostro contra la almohada y comenzó a llorar, lágrimones caían de sus ojos, lágrimas de tristeza, rabia, odio. Cuando no podía más, se incorporó en la cama, se levantó, fue al baño a por un trozo de papel y se limpió la cara, se sonó y fingió una sonrisa frente al espejo de "Tranquila, todo va bien".
Volvió hasta su cama, recogió el diario del suelo y regresó a la página donde había abierto antes. Siguió leyendo. Poco a poco una nube de recuerdos de aquel día le invadió la cabeza. El día en que le conoció, aquel veinticuatro de junio, donde todo comenzó. En cada párrafo un flashback le surgía, no podía evitar llorar, tenía que ser fuerte y recordar todo. Comencemos desde el principio.
Se sentó encima de la cama, con la luz de la mesilla encendida y cogió un libro con una cerradura, aparentemente parecía una especie de diario, o algo así. En su cuello colgaban una cruz, algo que sin saber porqué todas las niñas lo llevaban, y una llave, con la que abrió el libro. Fue pasando página por página hasta que llegó a una donde ponía "24.06.2011". Una pequeña lágrima se la escapaba del ojo, rozando su mejilla derecha y muriendo en su boca. Comenzó a leer "Primer día de vacaciones..." De repente, cerró el diario, lo dejó caer sobre el suelo y se dio media vuelta, apoyó su rostro contra la almohada y comenzó a llorar, lágrimones caían de sus ojos, lágrimas de tristeza, rabia, odio. Cuando no podía más, se incorporó en la cama, se levantó, fue al baño a por un trozo de papel y se limpió la cara, se sonó y fingió una sonrisa frente al espejo de "Tranquila, todo va bien".
Volvió hasta su cama, recogió el diario del suelo y regresó a la página donde había abierto antes. Siguió leyendo. Poco a poco una nube de recuerdos de aquel día le invadió la cabeza. El día en que le conoció, aquel veinticuatro de junio, donde todo comenzó. En cada párrafo un flashback le surgía, no podía evitar llorar, tenía que ser fuerte y recordar todo. Comencemos desde el principio.
Capítulo 1.
El cabello moreno perfectamente trenzado le caía graciosamente sobre los hombros, mojado. Era una noche de sábado, aproximadamente las doce y media, una hora bastante temprana para lo habitual en ella. En su rostro, se podían observar unos ojos azules perfectos, ennegrecidos por el exterior a causa de la lluvia y la mezcla con lágrimas que se deslizaban suavemente desde sus ojos hasta la boca. Ella caminaba a un paso rápido, quería llegar a casa. La altura de los tacones era proporcional a la del dolor de sus pies, había estado bailando con su mejor amiga en aquel bar de la plaza de la ciudad hasta que llegó un momento donde se fue a casa sin decir ni media palabra a su amiga.
Estaba cruzando el puente que le conduciría a la calle de su casa, cuando notó que algo le estaba vibrando en el bolso, un bolso grande, negro con cachuelas que le había regalado su mejor amiga el día de su cumpleaños, su dieciséis cumpleaños, una fecha muy importante para todos los adolescentes de esta generación, la edad en la que puedes entrar en todos los bares que quieras, te dejen hasta más tarde por ahí y te sientas un poco, bastante más mayor.
Desbloqueó su móvil y vio tres llamadas perdidas de su mejor amiga y un mensaje: 'Tía ¿Dónde coño estás? Acaban de irse, vamos, vuelve' al que respondió con un 'Nos vemos mañana, no tengo ganas de fiesta, te quiero'. Al abrir el bolso en medio de la lluvia, las gotas penetraron en él, mojando todo lo que había en su interior, a lo que Clara, no le dio mucha importancia.
No quería llegar a casa, no quería dar explicaciones, no quería.
Se sentó en un banco, en un parque cercano a su casa, la lluvia comenzaba a cesar. Sacó del bolso aún un poco mojado, una cajetilla de tabaco y un mechero que le costaba mucho encender, era de su padre, se le quitó los primeros días que comenzó a fumar.
Mientras fumaba, observaba cómo el humo del tabaco iba poco a poco desapareciendo entre la luz de las farolas de aquella noche. Fumar la relajaba, la hacía olvidar todos los problemas, algo así como una droga, pero la cosa se acababa cuando llegaba al filtro y lo apagaba de una pisada en el suelo. No tardó más de cinco minutos en fumárselo. Volvió a abrir el bolso para sacar un paquete de chicles y una colonia, sus padres no sabían que fumaba y sabiendo cómo eran, no les haría gracia. Se perfumó el cuello y un poco el pelo, se tomó dos chicles de menta y se levantó para seguir su camino hasta casa, no tardaría mucho.
Cuando llegó a la puerta de su casa, una casa aparentemente grande. La familia de Clara estaba en una buenísima posición económica dado los tiempos que corrían y tenía todo lo que quería y más. Tomó un poco de aire, intentó secarse las lágrimas y limpiarse con un pañuelo el ennegrecido de los ojos por el rimel, sacó cuidadosamente las llaves del bolso, no quería ni que la oyeran entrar, además ahora mismo sus padres estarían dormidos. Abrió con cuidado la puerta de la casa, ni si quiera encendió la luz. Se quitó los tacones para no hacer ruido, los llevó de la mano hasta su habitación, que estaba en el segundo piso a mano derecha, una grandísima habitación llena de posters de rock, un ordenador, millones de libros, a Clara le encantaba leer, sobre todo en verano, y muchísimas fotos con sus mejores amigos y las fotos que sacaba cuando iba de viaje, adoraba hacer fotos. Cuando llegó arriba abrió poco a poco la puerta, no quería hacer ruido, la habitación de sus padres estaba en frente y a poco ruido que hiciera se despertaría su madre, tenía un sexto sentido para estas cosas. Entró en la habitación y con muchísimo cuidado cerró la puerta.
Estaba cruzando el puente que le conduciría a la calle de su casa, cuando notó que algo le estaba vibrando en el bolso, un bolso grande, negro con cachuelas que le había regalado su mejor amiga el día de su cumpleaños, su dieciséis cumpleaños, una fecha muy importante para todos los adolescentes de esta generación, la edad en la que puedes entrar en todos los bares que quieras, te dejen hasta más tarde por ahí y te sientas un poco, bastante más mayor.
Desbloqueó su móvil y vio tres llamadas perdidas de su mejor amiga y un mensaje: 'Tía ¿Dónde coño estás? Acaban de irse, vamos, vuelve' al que respondió con un 'Nos vemos mañana, no tengo ganas de fiesta, te quiero'. Al abrir el bolso en medio de la lluvia, las gotas penetraron en él, mojando todo lo que había en su interior, a lo que Clara, no le dio mucha importancia.
No quería llegar a casa, no quería dar explicaciones, no quería.
Se sentó en un banco, en un parque cercano a su casa, la lluvia comenzaba a cesar. Sacó del bolso aún un poco mojado, una cajetilla de tabaco y un mechero que le costaba mucho encender, era de su padre, se le quitó los primeros días que comenzó a fumar.
Mientras fumaba, observaba cómo el humo del tabaco iba poco a poco desapareciendo entre la luz de las farolas de aquella noche. Fumar la relajaba, la hacía olvidar todos los problemas, algo así como una droga, pero la cosa se acababa cuando llegaba al filtro y lo apagaba de una pisada en el suelo. No tardó más de cinco minutos en fumárselo. Volvió a abrir el bolso para sacar un paquete de chicles y una colonia, sus padres no sabían que fumaba y sabiendo cómo eran, no les haría gracia. Se perfumó el cuello y un poco el pelo, se tomó dos chicles de menta y se levantó para seguir su camino hasta casa, no tardaría mucho.
Cuando llegó a la puerta de su casa, una casa aparentemente grande. La familia de Clara estaba en una buenísima posición económica dado los tiempos que corrían y tenía todo lo que quería y más. Tomó un poco de aire, intentó secarse las lágrimas y limpiarse con un pañuelo el ennegrecido de los ojos por el rimel, sacó cuidadosamente las llaves del bolso, no quería ni que la oyeran entrar, además ahora mismo sus padres estarían dormidos. Abrió con cuidado la puerta de la casa, ni si quiera encendió la luz. Se quitó los tacones para no hacer ruido, los llevó de la mano hasta su habitación, que estaba en el segundo piso a mano derecha, una grandísima habitación llena de posters de rock, un ordenador, millones de libros, a Clara le encantaba leer, sobre todo en verano, y muchísimas fotos con sus mejores amigos y las fotos que sacaba cuando iba de viaje, adoraba hacer fotos. Cuando llegó arriba abrió poco a poco la puerta, no quería hacer ruido, la habitación de sus padres estaba en frente y a poco ruido que hiciera se despertaría su madre, tenía un sexto sentido para estas cosas. Entró en la habitación y con muchísimo cuidado cerró la puerta.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)