Durante la operación, estaba sedada, pero como si estuviera dormida comenzó a soñar.
El sueño estaba en blanco y negro, algo que no podemos evitar ya que es algo de nuestro cerebro. En el sueño aparecía ella, en la playa, abrazada a alguien, no se le veía muy bien ya que era de noche. Hasta se podía oler el dulce olor del mar. Podían notarse cómo las olas rozaban sus pies y hasta algunas llegaban hasta las rodillas. Estaban observando la luna y las estrellas desde la orilla del mar. Dando un paseo. Ella lucía un precioso vestido de playa y por debajo su bikini, y él iba sin camiseta y en pantalones parecidos a los de un bañador. Aun estando dormida podía notar cómo el agua corría jugueteando entre sus dedos. De repente el chico se paró, le hizo una señal de como si le preguntara si quería bañarse, ella con una sonrisa aceptó y se quitaron la ropa, ella dejando ver su cuerpo atlético y un pequeño tatuaje en la espalda de las "f" de un violoncello, algo que ella siempre quiso tener y por un momento lo tendría en un sueño. Poco a poco se fueron metiendo en el mar, era de noche, sólo el mar estaba iluminado con la fuerza de la luna. Ambos de pie, andando por el mar, se fueron poco a poco acercándose el uno al otro hasta que bajo la luna sus labios se juntaron, en un beso efímero, un beso que duraría en el sueño horas. Pero sería cuestión de segundos en la vida real. Solamente y las olas serían testigo de lo que pasaría aquella noche. Se seguía sin ver al chico, sólo se enfocaba a Clara, pero era una Clara distinta, más mayor, más alta, tal vez sería como ella quisiese ver, una visión perfecta de sí misma, aunque para los ojos de Pablo ella era perfecta tal y como era.
Ella estaba mirando fijamente la luna, cuando él la abrazó por detrás le estaba acariciando la tripa y poco a poco sus labios se juntaron con el cuello de Clara hasta que le comenzó a besar lentamente el cuello, algo que nos encanta a las chicas, lo adoramos. Ella se giró, le agarró las manos, las llevó hasta la espalda y fue a juntar su boca con la del chico cuando...
-Bueno señorita, ya está usted. Esta todo bien, la operación ha sido un éxito y sólo tienes que reposar aquí una semana y luego hacer los ejercicios y andar en muletas en tu casa.
-¿Ya estoy operada? -Dijo sorprendida, juraría que hace un momento estaba en la playa con un chico al que no pudo ver la cara.
-Sí, estás operada ya, notarás molestias en la pierna dado que te hemos hecho un corte que va por toda la parte baja de la pierna, pero no te preocupes, se pasará, tienes que tomarte un medicamento cada día para el dolor, te lo dará la enfermera, tu estate tranquila, lee, ve la televisión o diviértete lo que puedas mientras estés aquí.
Dicho aquello, se fue de la habitación, volviéndola a dejar vacía, eran las cinco de la tarde, sus padres y Pablo no tardarían en llegar. <<Pablo me dijo que me iba a traer un regalo, ¿qué será?>> Estaba impaciente por ver qué era.
Cogió su móvil para ver si tenía algún whatsapp, y sí, tenía de todos sus amigos diciéndole que qué tal la operación y cosas similares. Pero ningún rastro de Pablo, esperaría hasta que llegara.
La espera se hacía eterna, los segundos eran horas, y cada vez tenía más sueño, sería por los sedantes, aún se encontraba un poco aturdida, hasta que cayó dormida.
Llamaron a la puerta pero ella no lo oyó, estaba profundamente dormida, era Pablo quien entró primero, sus padres le habían cedido el lugar antes.
-¿Clara? -Dijo mientras pasaba por la blanca sala. <<Está dormida, pero qué rica>> Le besó en la frente y ella despertó como una princesa de un cuento que le solían leer cuando era pequeña.
-Buenos días marmota, qué, ¿mucha fiesta por la noche? Qué tal andas. -Dijo sacando una pequeña sonrisa de medio lado de su boca.
-JÁ, JÁ, JÁ. Pues mejor que tú, gilipollas. -Dijo riéndose, estaba vacilón hoy Pablo al parecer. <<Vaya un vacilón me ha tocado>>
-¿Sabes qué? Tengo una pequeña sorpresa para ti. Me sentía culpable por lo que te ha pasado y me he aventurado a comprarte una cosita.
-Sabes perfectamente que no hacía falta.... -Dijo suspirando, realmente sí tenía ganas de ver qué era lo que le había comprado, tener un recuerdo suyo, no estaría mal la verdad.
-Bueno ¿Quieres verlo? -Dijo sonriéndole.
-Claro.
-Cierra los ojos-. Ella los cerró y comenzó a oír el ruido de algo que parecía que estaba sacando del bolsillo.
-Ya puedes abrirlo.
Clara dio un grito ahogado, no podía ser, era lo que más quería en el mundo, lo que llevaba muchísimo tiempo buscando y jamás lo encontraba. Era un colgante con una clave de sol perfecta, el símbolo de la música, la marca de que ella también era música.
-Oh Dios, es precioso. ¿No será caro verdad?
-Qué más da si es caro, es tuyo y quiero que te lo quedes sea caro o no, trae que te lo pongo.
Ella se quitó su larga melena del cuello y dejó que Pablo le pusiera el colgante, le quedaba perfecto, como un guante.
-Oh, es que es preciosísimo, muchísimas gracias. Le besó en la mejilla y le dio un abrazo más o menos como pudo por estar en la cama inmovilizada.
-Bueno, me voy a ir ya, que tus padres querrán verte. Te quiero.
Ella le sonrió y se sonrojó. -Te quiero.
Se marchó de la habitación y al paso entraron sus padres. Estuvo un rato charlando con ellos, de cómo fue la operación y qué tal sentía la pierna, pasaron unos veinte minutos hasta que se marcharon y la volvieron a dejar sola en aquella habitación blanca.
Los días en aquella sala pasaban muy lento, los demás días le fueron a ver un par de veces, ya que lo que les pidió el médico fue que reposara y durmiera todo lo que pudiera y más, así que apenas recibió visitas. Se pasaba el día entero hablando con Pablo por whatsapp, adoraba hablar con él por las noches, era lo mejor del mundo. Se sentía como todas aquellas amigas suyas que vivían pegadas al móvil cuando hablaban con el chico al que querían, esa sensación de agobio cuando no le respondían al minuto y sonreír cada vez que le ponían un piropo, esa sensación. Aún así, los días pasaban muy lento. Todo era rutina, ejercicios para caminar y andar por el pasillo del piso del hospital, poco más.
Por fin llegó el último día en aquel lugar, se despertó con muchísimas ganas de volver a casa, aunque tuviera que ir en muletas y a duras penas. Tenía mil ganas de ver a Pablo.
Miró el móvil y ahí tenía el whatsapp de Pablo aunque la reacción al verle no fue la misma de todas las mañanas.
"Pequeña, no sé cómo te sentará esto, sé que hoy vuelves a casa, pero es que unos amigos de mi padre nos han invitado dos semanas a Irlanda a su casa y mi padre ha dicho que sí. Les he dicho que yo no iba pero me han dado la vara con que fuera y al final me han medio obligado, allí no hay internet así que no podremos hablar en dos semanas, te voy a echar muchísimo de menos, y ten presente que te quiero ¿Vale? Va, no te preocupes, cuando llegues a casa ya no estaré, pues me voy en menos de media hora a coger el avión, ya estoy en Madrid, pero prefiero no hablar más porque te voy a echar muchísimo de menos y prefiero no ponerme peor ¿Vale? Un besazo fea, nos vemos en dos semanas."
No pudo evitar llorar, no pudo, <<¿SE VA DOS SEMANAS A IRLANDA? ¿QUÉ HAGO AHORA YO?>> Estaba fatal, rota. Necesitaba despejarse un poco. Comenzó a escuchar música un rato, hasta que llegó su madre.
-Cariño, venga, vamos, tengo todo en el coche ya. Volvamos a casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario