Se comenzó a agobiar, no quería que se pillara por él, no quería, porque todo era muy impredecible y quería sufrir. De repente los ojos se la llenaron de lágrimas, sin saber porqué, estaba muy tensa. <<Va, Clara, tranquilízate.>> Fue al baño a secarse un poco, vio que tenía los ojos enrojecidos y para disimular se maquilló un poco. Se miró al espejo, sonrió y se dijo a sí misma que todo estaba saliendo bien, que no pasaba nada.
Salió de la habitación y bajó en dirección al salón, donde estarían todos esperando a cenar.
Efectivamente, estaban todos en la mesa esperando a que ella se sentara. -Vamos, cielo siéntate, ponte al lado de Pablo. -Ella en parte, quería estar con él, era una sensación rara, como lo suelen decir "mariposas en el estómago" algo que ella jamás había experimentado, pero le gustaba esa sensación. Cuando se fue a sentar, Pablo la miró, la sonrió y bajó la vista. Ella se sentó y se dispusieron a cenar.
-Bueno, Clara, ¿ya recuerdas algo? -Dijo la madre de Pablo, mientras se servía un vino crianza en su copa. -Claro, ahora sí, hemos estado viendo unas fotos de cuando éramos pequeños.
-¿Ah sí? ¿Sabíais que cuando erais pequeños... -Pablo y Clara no la dejaron terminar la frase.
-Decíamos que éramos novios. -Todos se echaron a reír.
Siguieron cenando, entre parladas, recordando viejos tiempos, de cuando ellos eran pequeños y alguna que otra anécdota de por entonces. Cuando terminaron de cenar dieron prácticamente las once. Se pusieron a recoger todo y Pablo les preguntó si podía salir a dar una paseo. -¿Porqué no te llevas a Clara? Así habláis un poco. -Dijo el Padre de Pablo con un aire de... ya sabéis. Le dio unos empujones entre risas con el codo y él aceptó la propuesta.
-Subiré a buscarla.
Clara se había ido a la habitación a leer un rato un libro de Dan Brown que llevaba un par de semanas leyendo, se titulaba "Inferno" le encantaban ese tipo de libros, misterio, asesinatos y estaba en contra de todo lo que ella estaba, era su autor favorito sin duda.
Cuando él subió, ella estaba tumbada boca abajo en la cama, leyendo. Abrió la puerta y le propuso ir a dar un paseo, él no podía dejar de mirarla, tal y como estaba en ese momento puesta en la cama, la mirada que le había echado cuando entró en la habitación, no podía con ello, a lo mejor él también se estaba pillando por ella pero aún no lo sabía de él, ni él de ella.
-Bueno, ¿entonces te apetece ir a dar un paseo?
-Claro, me encantaría. -Dejó el libro en la mesilla y se dispuso a ir con él. Él cogió una chaqueta, pero ella no se dio cuenta y salió en mangas de camisa, hacía bueno, no le haría falta por un rato.
Salieron de la casa y se fueron al paseo marítimo del pueblo, hacía una noche estrellada preciosa y no había ni una sola nube, el viento corría refrescando el ambiente. Ella sentía un poco de vergüenza al estar a solas con él y él tenía la misma sensación, pero ninguno de los dos se daba cuenta.
-Bueno ¿A dónde quieres ir? -Preguntó él.
-No sé, ¿nos sentamos en uno de los bancos de la playa?
Fueron a un banco que estaba a pocos metros de ellos, se sentaron y comenzaron a hablar.
Entre risas y bromas, hablando de la infancia, de cómo eran de pequeños y lo mucho que han cambiado él dijo "Estás preciosa". Ella se quedó atontada, no sabía qué decir, se comenzó a ruborizar y él echó una pequeña carcajada. -¿Qué pasa? -Preguntó. -Nada, que te has ruborizado. -Dijo mientras aún seguía con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro.
<<¿Me he ruborizado? ¿Enserio? Dios, no puede estar pasando>> Se levantó del banco y se apoyó mirando al mar en la valla de madera que había separando el paseo de la playa.
A continuación él se levantó y la abrazó por detrás.
-¿Tienes frío? -Le dijo prácticamente susurrándole al oído.
-Sí, un poco.
-¿Quieres que te deje mi sudadera?
-Así estás muy bien, no te separes. -Ambos se rieron y se quedaron unos minutos abrazados uno detrás del otro.
Pasó un rato y él se apartó, se apoyó en la valla como ella y le repitió la misma frase. Ella no sabía qué decir, se quedaron mirando el uno al otro unos segundos, él tenía dibujada una sonrisa en el rostro y ella no podía dejar de mirar esos ojos azules preciosos que le habían encantado desde el primer momento. ¿Se estaban enamorando?
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