viernes, 12 de julio de 2013

Capítulo 13.

Le ayudaron a bajar con una silla de ruedas que había en la misma habitación, para que ella se trasladara más cómodamente. Su madre ya había bajado las cosas al coche y tan sólo faltaba que ella bajara. Cogió el ascensor que había al final del pasillo donde se encontraba su habitación y su madre y ella bajaron en cuestión de segundos.
Cuando llegaron abajo estaba su padre esperando para ayudarle a caminar hasta el coche. Se le veía a Clara con los ojos apagados, en tristeza, sus preciosos ojos brillantes estaban caídos, no sonreía. Su padre no tardó en darse cuenta.
-Cariño ¿Estás bien? -Dijo mientras caminaba con ella a la salida del hospital.
-S...sí, es...estoy bien. -Balbuceó.
Le besó la frente a su hija y continuaron caminando. Ella no dejaba de pensar que estaría dos semanas sin ver a Pablo, pero la parte buena sería que pasadas las dos semanas tendría la pierna mucho mejor, aunque estaría a mitad de rehabilitación. Le echaba mucho de menos. Tan sólo había estado unos días con él, pero se habían conocido tanto, se habían contado tantas cosas, que no pudo evitar enamorarse, algo que parecía que él también de ella, era un sentimiento recíproco.
Se montó en el coche y en pocos minutos llegó a su casa de nuevo.
<<Menos mal, de nuevo en casa>> Su madre le dijo que se fuera a la habitación, que no le vendría mal descansar allí, escuchando música o viendo la televisión ya que no podría hacer mucho más en cuarenta días. Le ayudaron a subir las escaleras en brazos de su padre, mientras su madre le subía la pequeña maleta que le habían llevado para cambiarse allí, caminó un poco en muletas hasta llegar a su habitación que estaba cerrada. Como de costumbre. Abrió la puerta y entró en la habitación.
-Cariño, te dejo aquí la maleta, túmbate anda.
Su madre se fue, la dejó sola en aquella habitación ahora vacía, sin la presencia de Pablo, pero había algo. No se había dado cuenta aún, pero en la mesilla había un pequeño regalo envuelto.
Se tumbó en la cama y encendió el televisor que había colgado de la pared. fue a dejar el mando en la mesilla cuando se percató de la presencia del regalo. <<¿Qué es esto?>>  Cogió el pequeño paquete que había y lo miró por todos los lados. Era un regalo y ponía "de Pablo" en la parte de arriba. <<Este chico está loco>> Dijo mientras sonreía. Estaba cada vez más enamorada de él, y cada vez tenía más ganas de verle. Desenvolvió el regalo y vio que era una pequeña caja. Dentro de ella había un marco de fotos dado la vuelta. <<Pero si él y yo no tenemos fotos>> Le giró y vio que era una foto de dos niños pequeños, eran ella y Pablo cuando tenían cinco años, ambos en bañador en el mar, era la misma playa de Santander, era el mismo lugar. Se dio cuenta de que había también una pequeña carta en la que ponía:
Espero que te guste, te voy a echar muchísimo de menos, y recuerda que te quiero.
Le encantó la foto. Era preciosa, la dejó en la mesilla y le envió un mensaje para darle las gracias, pero antes de darle a enviar recordó que estaba en Irlanda. <<Mierda, le daré las gracias cuando vuelva>>
Desde su cama podía ver la ventana que daba a la playa. Se puso en pie y se sentó en una silla de ruedas, la misma del hospital que la habían comprado para mayor comodidad de Clara.
Se acercó a la ventana y vio que en la playa había unos chicos y unas chicas jugando al vóley, Clara adoraba el vóley, se quedó un buen rato observándoles, hasta que se le ocurrió bajar a la playa con la silla de ruedas a verles.
-¡MAMÁ! -Gritó desde la puerta de su habitación. -¿Me ayudas a bajar? Voy a ir al paseo marítimo a ver cómo juegan unos chicos al vóley.
-Cariño, no deberías.... Pero bueno, así tomas el aire, voy.
Su madre le ayudó a bajar y cogió la silla de ruedas después y se la dio. Clara se sentó y se fue, le hacía daño al rozar las manos con las ruedas de la silla, le costaba moverse, se tendría que hacer a ella. Salió por la puerta principal y se fue hasta el paseo marítimo. Se colocó cerca de la valla y se quedó mirándolos. Uno de los chicos se dio cuenta de ello y Clara al ver que la miraba cambió vista y se puso a mirar a otra parte para disimular, el chico se rió y se lo dijo a sus amigos. La hicieron un gesto de como si quería jugar, pero no vieron la silla. Ella se la señaló y ellos se acercaron.
-Hola. -Dijo uno de los chicos, muy guapo por cierto. -¿Te apetece echar un vóley?
-Estoy en silla de ruedas, me acaban de operar, ya me gustaría. -Dijo echando la mirada a la silla.
¿Qué dices? ¿Qué te pasó? -Dijeron todos al unísono.
-Nada, que haciendo surf.. me desequilibré y... pum. -Dijo con una sonrisa irónica.
-Puf, recupérate, bueno, yo me llamo Carlos. -Dijo el chico más alto.
Se fueron presentando uno a uno, tres chicos y tres chicas, Carlos, Marcos y Enrique, los chicos. Estela, María y Alicia, las chicas. Parecían muy majos.
Estuvieron hablando un rato, no estuvo mal, se consiguió olvidar un poco de Pablo y su malestar por su falta allí. Uno de los chicos la llamó la atención, era Carlos, era alto rubio y de ojos verdes. No era Pablo, claro que no, pero le recordaba un poco a él, sin razón aparente.
-Bueno, yo vivo en esa casa de ahí, si queréis dar una vuelta o algo, aunque esté en silla de ruedas, llamad, estaré ahí siempre. -Dijo a modo de despedida.
-Eso está hecho preciosa, respondió Carlos.
-Ehhh, no intentes ligar que no se te da bien. -Respondió una de las chicas, Alicia.
Ambos se rieron y ella con una sonrisa se fue del paseo marítimo.
<<Son muy majos y Carlos es muy guapo, ya tengo manera de entretenimiento estos días, estará bien.>>

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