Estaban de camino, su padre, cómo no, escuchando sus míticos discos de Elvis. Su madre leyendo el último libro de Dan Brown, y Clara escuchando un poco de música con los cascos, aunque le encantaba Elvis y era toda su infancia, ahora se había decantado por Breaking Benjamin, Linkin Park y estos grupos modernos que también adoraba su padre, pero su madre les había prohibido poner en el coche, creía que eran demasiado 'satánicos'. El viaje duró aproximadamente tres horas, a Clara ya le dolían los tímpanos de tener la música tan alta.
Se paró el coche, habían llegado ya a Santander pero aún no habían llegado a la casa, era una pequeña 'mansión' al borde del mar, en un alto de una montañita pequeña, donde con sólo bajar una cuesta estabas en la playa, tenía piscina, una sala gigante con todos los instrumentos que te podías imaginar, una biblioteca parecida a la libreria Lello donde se grabó Harry Potter, sí, y dos salones para jugar a la play, donde todas las noches su padre y ella se viciaban a jugar al FIFA.
-Mamá, ¿hemos llegado ya? ¿Cuanto falta? -Preguntó mientras se quitaba los cascos para poder oír. -Nada, cielo, ya llegamos.
-Vale, ¿con quien vamos?
-Ah, ya lo verás, pequeña. -Dijo su madre con una sonrisa que Clara podía ver desde el retrovisor delantero, odiaba cuando no la decían las cosas, odiaba las sorpresas, lo odiaba.
Pocos minutos después ya estaban en el camino que daba a la casa, un pequeño sendero rodeado de arbustos en flor, césped perfectamente cortado y árboles que con sus copas podían tocar el cielo. Era precioso, era increíble. Era su verdadero hogar, como ella y su padre decían.
-Bueno, ya hemos llegado, bajemos del coche. -Dijo su madre. Se bajaron y abrieron el maletero para sacar todas sus pertenencias e irse acomodando en la casa. -¿Y la otra familia?
-Llegarán en dos horas, tranquila Clara. <<Pues menuda mierda>> Clara tenía la sensación de que este verano iba a ser increíble, no sabía del todo por qué, sólo era una sensación.
Le dieron las llaves de la casa a Clara para que fuera dejando sus cosas en su habitación. Abrió y, todo estaba igual que la última vez, cuando sólo tenía siete años, cuando pasaba los veranos con su familia y unos amigos allí ¿Serían los mismos amigos? Ojalá, aunque no se acordaba de ellos para nada, habían pasado ocho años, qué se iba a acordar. Subió las escaleras para dar a la ala norte de la casa, sí, tenía dos lugares, el ala norte y el sur, cada uno con su propio salón, cocina y demás, comunicados a través del salón principal, donde antes según la madre de Clara, María su madre, la abuela, hacía unas fiestas increíbles, de etiqueta, claro.
Llegó a su habitación. -¿Algo habrá cambiado? -Dijo mientras dudaba si abrir o no la puerta. Se decidió a los pocos segundos cuando reaccionó de lo cría que estaba siendo y entró, no había cambiado nada, seguía siendo aquella habitación donde jugaba cuando era pequeña con un chico que a penas recordaba cómo era físicamente, sólo recordaba que jugaban a ser mamá y papá y cuidaban de un pequeño bebé que ahora estaba lleno de polvo en la estantería junto a la ventana que daba al mar Cantábrico.
Fue metiendo la ropa en el armario que le tocaba, ya que había dos camas y la otra sería para el chico con el que dormiría. <<Un momento>> pensó <<¡¿UN CHICO!?>> Iba a compartir habitación con un chico de un año más que ella <<POR FAVOR QUE SEA GUAPO, DIOS, DIOS, QUE LO SEA POR FAVOR>> Tenía quince, casi dieciséis años, ¿qué iba a pedir si no una chica de esa edad?
Cuando había terminado de meter toda la ropa, colocar sus dos neceseres de aseo en el baño que tenía la habitación, su pijama bajo la almohada y demás, se desnudó y se puso un bikini para ir a la playa para hacer tiempo mientras la otra familia llegaba.
-¡MAMÁ! -Dijo desde el baño de su habitación mientras se ponía el bikini. -Dime cielo, estoy aquí
-Jobar, qué susto, no entres mamá, me voy a la playa a surfear un rato mientras viene la otra familia.
-Perfecto cariño.
Unos instantes después Clara ya estaba preparada y fuera de casa con la tabla entre los brazos, no había nadie en la playa y tenía unas olas extraordinarias para surfear. Estuvo entre olas más de dos horas y no se dio cuenta de que la familia ya habría llegado, cuando vio una sombra de alguien entre una de las rocas del paseo que daba desde su casa a la playa. Se acordó y salió rápidamente del agua. Ancló su tabla en la arena y se secó lo más rápido que pudo en la toalla, estaba recogiendo las cosas cuando... -¡Hola! Soy... -Clara no le dejó terminar la frase, se dio la vuelta para ver quien era -¿TÚ? ¿Qué haces aquí? ¿Pero... tu familia es la que viene a esta casa?
-Sí, somos nosotros, ¿no te gusta?
Sí, no es eso... es que me he sorprendido.
¿Quien era este chico que había venido a la casa? ¿Por qué estaba tan sorprendida Clara?
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