martes, 2 de julio de 2013

Capítulo 1.

El cabello moreno perfectamente trenzado le caía graciosamente sobre los hombros, mojado. Era una noche de sábado, aproximadamente las doce y media, una hora bastante temprana para lo habitual en ella. En su rostro, se podían observar unos ojos azules perfectos, ennegrecidos por el exterior a causa de la lluvia y la mezcla con lágrimas que se deslizaban suavemente desde sus ojos hasta la boca. Ella caminaba a un paso rápido, quería llegar a casa. La altura de los tacones era proporcional a la del dolor de sus pies, había estado bailando con su mejor amiga en aquel bar de la plaza de la ciudad hasta que llegó un momento donde  se fue a casa sin decir ni media palabra a su amiga.
Estaba cruzando el puente que le conduciría a la calle de su casa, cuando notó que algo le estaba vibrando en el bolso, un bolso grande, negro con cachuelas que le había regalado su mejor amiga el día de su cumpleaños, su dieciséis cumpleaños, una fecha muy importante para todos los adolescentes de esta generación, la edad en la que puedes entrar en todos los bares que quieras, te dejen hasta más tarde por ahí y te sientas un poco, bastante más mayor.
Desbloqueó su móvil y vio tres llamadas perdidas de su mejor amiga y un mensaje: 'Tía ¿Dónde coño estás? Acaban de irse, vamos, vuelve' al que respondió con un 'Nos vemos mañana, no tengo ganas de fiesta, te quiero'. Al abrir el bolso en medio de la lluvia, las gotas penetraron en él, mojando todo lo que había en su interior, a lo que Clara, no le dio mucha importancia.
No quería llegar a casa, no quería dar explicaciones, no quería.
Se sentó en un banco, en un parque cercano a su casa, la lluvia comenzaba a cesar. Sacó del bolso aún un poco mojado, una cajetilla de tabaco y un mechero que le costaba mucho encender, era de su padre, se le quitó los primeros días que comenzó a fumar.
Mientras fumaba, observaba cómo el humo del tabaco iba poco a poco desapareciendo entre la luz de las farolas de aquella noche. Fumar la relajaba, la hacía olvidar todos los problemas, algo así como una droga, pero la cosa se acababa cuando llegaba al filtro y lo apagaba de una pisada en el suelo. No tardó más de cinco minutos en fumárselo. Volvió a abrir el bolso para sacar un paquete de chicles y una colonia, sus padres no sabían que fumaba y sabiendo cómo eran, no les haría gracia. Se perfumó el cuello y un poco el pelo, se tomó dos chicles de menta y se levantó para seguir su camino hasta casa, no tardaría mucho.
Cuando llegó a la puerta de su casa, una casa aparentemente grande. La familia de Clara estaba en una buenísima posición económica dado los tiempos que corrían y tenía todo lo que quería y más. Tomó un poco de aire, intentó secarse las lágrimas y limpiarse con un pañuelo el ennegrecido de los ojos por el rimel, sacó cuidadosamente las llaves del bolso, no quería ni que la oyeran entrar, además ahora mismo sus padres estarían dormidos. Abrió con cuidado la puerta de la casa, ni si quiera encendió la luz. Se quitó los tacones para no hacer ruido, los llevó de la mano hasta su habitación, que estaba en el segundo piso a mano derecha, una grandísima habitación llena de posters de rock, un ordenador, millones de libros, a Clara le encantaba leer, sobre todo en verano, y muchísimas fotos con sus mejores amigos y las fotos que sacaba cuando iba de viaje, adoraba hacer fotos. Cuando llegó arriba abrió poco a poco la puerta, no quería hacer ruido, la habitación de sus padres estaba en frente y a poco ruido que hiciera se despertaría su madre, tenía un sexto sentido para estas cosas. Entró en la habitación y con muchísimo cuidado cerró la puerta.

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