martes, 9 de julio de 2013

Capítulo 8.

A la mañana siguiente, Clara, se despertó muy cansada, a penas había dormido de darle vueltas a todo lo que estaba sucediendo. Cuando ella se despertó, en la mesilla tenía una nota de sus padres. "Nos vamos a Santander a comprar, llegaremos a la hora de comer" Dejó el Post-it en la mesilla de nuevo y se giró para ver si Pablo seguía dormido, pero no había nadie en la cama <<Estará desayunando>> No se vistió y se hizo una coleta a su largo cabello, bajó las escaleras y al llegar a la cocina vio que estaba el desayuno listo. -¿Y esto? -Dijo mientras miraba asombrada toda la comida. -Ya ves, me desperté pronto y me pareció una buena idea hacerte el desayuno, te lo podría haber subido a la cama.
-No hace falta, muchísimas gracias, eres un cielo. -Se estaba sonrojando un poco, se podría ver el brillo de sus ojos a distancia, le encantaba cómo era Pablo.
Los dos se pusieron a desayunar juntos. Había tostadas, magdalenas, leche, zumo, de todo. Se había pasado haciendo el desayuno. Ella estaba verdaderamente sorprendida y le encantaba su forma de ser, sólo esperaba que nada lo estropeara. Ella, alguna vez había estado con chicos, pero todo se había ido a la mierda, por bobadas. Tenía quince años y era preciosa, los tíos la veían como una "Mujer objeto" y la querían para lo que la querían, era muy triste, pero era la realidad.
Cuando terminaron de desayunar ambos se fueron a recoger todo lo que había en la mesa de la cocina, cuando estaban recogiendo sus manos se chocaron y un cruce de miradas surgió.
-Pero mira que eres fea. -Dijo entre risas él. -Eh, serás borde...-Ella se enfadó, pero al ver la reacción de Pablo al reírse, se dio cuenta de que la estaba vacilando. Eran muy buenos amigos, más que amigos, había algo pero a la vez nada. Era extraño.
Eran las doce de la mañana, no tenían nada que hacer, y ella le propuso ir a la sala de los instrumentos a pasar la mañana ahí, él claramente aceptó.
Subieron las escaleras pero fueron en sentido contrario, a ala sur, donde había una pequeña sala que la abuela de Clara utilizaba como "Sala de conciertos" donde había todo tipo de instrumentos y cómo no, un piano Steinway de cola blanco preciosísimo. Entraron en la sala, él se puso a contemplar los cuatro violoncellos que había, era su marca favorita, eran muy antiguos y muy valiosos, estaba asombrado.
-¿Por qué no tocas algo al piano, Clara? -Le preguntó mientras abría cuidadosamente la tapa del piano y quitaba la tela que cubría las teclas. -Bueno, vale. Pero no te rías si lo hago mal.
Ella se sentó al piano y comenzó a tocar la Sonata fantasía de Beethoven, una obra que en su primer movimiento era muy lenta, y para el gusto de Clara, seductora, no venía mal a la situación del momento, Beethoven no era Chopin, el genio de ligar de la época, pero tenía obras muy bonitas. Él se quedó mirando la suavidad con que Clara tocaba el piano, cómo los dedos se deslizaban entre las teclas del piano y con qué sentimiento tocaba, era increíble, tocaba mágicamente bien. Hubo un momento en que él se quedó mirándola a ella, y no al piano, mientras ella no se daba cuenta pues estaba muy concentrada en su obra, estaba a lo suyo. <<Está verdaderamente preciosa y está al natural, es increíble.>> Él se estaba enamorando, pero aún no lo sabía, no sabía qué era sentir las mariposas en el estómago, no estaba acostumbrado a ligar, pues era muy cortado, pero con ella se sentía diferente, se sentía él. Seguro de si mismo.
Cuando ella terminó de tocar, él la aplaudió y le dijo "Tocas genial, eres una pedazo de artista, eres increíble" No pudo evitar sonrojarse, no soportaba que la dijeran lo bien que tocaba porque se ponía muy roja y lo pasaba realmente mal. Pero viniendo de él, le encantaba que se lo dijera.
-Bueno ¿Porqué no tocas un poco tú? -Le dijo ofreciéndole el violoncello que había colgado de la pared. -Bue...bueno, venga va.
Él se puso a tocar también, un estudio que había tocado el pasado año, ella se quedó con los ojos cerrados, saboreando cada una de las notas que salían de la vibración de las cuerdas con el arco. Adoraba el sonido del cello, era precioso, sin duda tenía que tocar el cello, le encantaba.
-Guau, tocas genial, me encanta. -Dijo cuando Pablo terminó de tocar.
-Llevo menos años, pero gracias, eres un cielo. -Dijo dejando el Violoncello en su sitio.
-Bueno. ¿Qué te apetece hacer? Si quieres podemos ir a la playa a hacer algo de surf.
-Claro. ¿Por qué no? Pero no tengo tabla.
-No te preocupes, yo te la dejo, tu vete a ponerte el bañador, que voy a por tu tabla.
Él cruzó el pasillo que daba a su habitación, mientras ella bajaba al garaje a por dos tablas.
Cuando subió, Pablo tenía una réflex de la mano.
-¿Esta pedazo de cámara es tuya? -Dijo observándola.
-Eh, no cotillees mis cosas. Sí, es mía, también hago fotografía.
-¿Enserio? Déjame que me la lleve, hago buenas fotos, si quieres te hago unas cuantas.
-Oh, me encantaría, genial y luego yo a ti, ¿vale?
-Trato hecho.
-Me voy a cambiar, ve yendo a la playa, ahora mismo voy.
Mientras Clara se cambiaba, él fue saliendo y yendo a la playa. El día estaba nublado y había buenas olas, bastante grandes. A los pocos minutos Clara ya estaba allí.
-Joder, poco has tardado.
-Ya, soy rápida. -Dijo entre risas.
-¿Eres tan rápida para todo?
Le soltó un tortazo en la cabeza. -Idiota. -Dijo entre risas.
-Era un comentario, boba. -Respondió riéndose y rascándose donde le había dado.
Ambos fueron hacia la playa, él dejó su tabla anclada en la arena y le dijo a Clara que se metiera primero y que le haría unas fotos. Ella accedió y se metió al mar, comenzó con un poco de calentar, coger un par de olas, nadar, remar y se puso enserio a coger olas. Todo iba perfecto, le salía muy bien, un par de giros, alguna pirueta y no caía de la tabla. Él la estaba haciendo fotos, y se le ocurrió llamarla para que posara mientras hacía surf. -Ehhh, Clara, mira a la cámara. Le dijo a gritos para que la pudiera oír. Ella con una sonrisa iba posando de vez en cuando a las fotos, cuando una de esas veces, perdió el control de la tabla, no pudo frenar ni tirarse para parar porque no sabía reaccionar, y al final acabó cayéndose al agua, con la mala suerte de que la pierna le dio contra la tabla, retorciéndose la parte anterior de ésta.
Comenzó a gritar, eran unos chillidos ahogados, no podía casi respirar. Pablo fue corriendo hacia ella, se estaba ahogando, no podía ni mover la pierna, se moría de dolor.
-CLARA, CLARA. -Le gritaba mientras nadaba hacia ella. -¡Agárrate a mi mano!
Ella le oyó y como pudo se agarró a su mano, y él la sacó del agua a nado, cuando cubría poco el agua, la cogió en brazos y la sacó del mar. Ella estaba gritando de dolor. Pablo cogió el móvil y llamó a los padres, para que vinieran.
-Vienen en quince minutos, venga tranquila, respira ondo. -Estaba más asustado que ella, no sabía que hacer, verla llorar y gritar de dolor, tenía la pierna prácticamente doblada y no podía moverla. Él estaba aterrorizado, Intentaba calmarla, pero no podía, no dejaba de llorar, se estaba mmuriendo de dolor.
En menos de quince minutos sus padres habían llegado a la playa, fueron corriendo a donde estaba. Para cuando ellos hubieran llegado, ella se había mareado y desmallado del dolor. La llevaron lo más rápido posible sus padres al hospital, no dejaron ir a Pablo.
Los minutos se hacían eternos en la casa, Pablo no dejaba de darle vueltas <<Todo ha sido culpa mía, todo es culpa mía>> se le estaban saltando las lágrimas, no podía más, necesitaba verla, ahí fue cuando se dio cuenta de que se estaba enamorando, la necesitaba y ahora ella estaba en un hospital, inconsciente y con una pierna rota o algo peor. No podía creérselo.
Los minutos se hacían horas, los segundos minutos y cada vez se estaba poniendo más y más histérico.
A las dos horas, los padres de Clara llegaron a la casa, pero no la traían a ella.
-¿Dónde está? ¿DÓNDE ESTÁ CLARA? -Les dijo, casi al borde del suicidio, estaba tan histérico que no medía ni las palabras, estaba sollozando y muy nervioso.
-Está en el hospital, tranquilo, nos lo ha explicado todo, no te preocupes, está bien y no ha sido culpa tuya, mañana podrás ir a verla, hasta entonces tendremos que esperar, le están haciendo pruebas.
<<¿Hasta mañana nada? No aguanto tanto tiempo sin ella, no aguanto>>

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