Regresamos un par de años atrás, un veinticuatro de junio.
Primer día de vacaciones, Clara había pasado la mañana de compras con Alicia, su mejor amiga. No había pisado por casa desde las diez de la mañana.
Cogió el bus para llegar más pronto a casa y no cargar con las bolsas todo el camino. Estaba sentada en uno de los asientos de la parada de bus esperando a que llegara su número de autobús. Estaba contemplando uno de los anillos que había comprado, clara tenía un afán por los complementos, tenía que tener de todo, algo propio en adolescentes, querer, querer y querer. Cuando se le acercó un chico, aparentemente de unos diecisiete años, moreno, alto y con un cuerpo triángulo perfecto, ancho de espaldas y estrecho al final de ella, con unos ojos penetrantes azules. -Perdona, ¿Tienes fuego? -dijo el chico mientras se sentaba a su lado. Clara se quedó atónita mirando esos ojos, parecían que brillaban por sí solos. -Lo siento, no te he oído, ¿qué dijiste? -Que si tienes fuego, por favor. -Repitió el chico, -Te habías quedado con la mirada perdida por lo que veo. Echó una pequeña carcajada y miró hacia abajo, como si le diera vergüenza. -Ah, sí, un segundo. -Abrió su bolso y sacó un mechero zipo con el símbolo de los Red Hot Chili Peppers, su grupo favorito. -Vaya vaya vaya -Exclamó el chaval. -Así que eres rockera ¿no? -Clara sorprendida hizo una mueca en forma de asentimiento. -Así es, es mi grupo favorito. El chico se encendió su cigarro y se lo volvió a dar. -Gracias.
Clara se había quedado de nuevo embobada en sus ojos y no se daba cuenta de que su bus había llegado. Cuando se quiso dar cuenta estaba marchándose. <<MIERDA, HE PERDIDO EL BUS>>
El próximo pasaría en otros diez minutos o podría coger el ocho, que pasaría en nada y le dejaría un poco menos cerca pero también le serviría.
El humo del cigarro del chico le estaba penetrando en sus fosas nasales, y le entró mono de fumar, giró la cabeza para mirar al chico y vaya, era perfecto, era de los chicos más guapos que había visto nunca y tenía la sensación de conocerle de algo. -Perdona -Le dijo Clara. -Pero ¿Cómo te llamas? El chico echó un calo y la miró -Pablo. ¿Sabes? Me suenas de algo, pero no sé de qué. -A mi también, es extraño. ¿Qué bus esperas? -El ocho. A ver si llega, que como siga tardando me fumo la caja entera y no es plan. -Clara se echó a reír -Eh, ¿de qué te ríes? -La miró enfadado, como si le hubiera ofendido el comentario. -Perdón perdón, de nada. Yo también voy a coger el ocho, porque he perdido el bus.
Llegó e autobús pocos minutos después y ambos se subieron a él. Clara rebuscó en el bolso para sacar la cartera y el bonobús, y se sentó en unos de los asientos traseros. A continuación Pablo se sentó junto a ella. Había dejado abierta la cartera con una foto de un chico en ella -¿Es tu novio? -Dijo con curiosidad mientras cogía la cartera para ver mejor la foto. Clara se rió. -Qué va, es mi mejor amigo, se fue hace un año a Irlanda a vivir con sus padres y me dio su foto y yo una a él para jamás olvidarnos. -Oh, qué bonito. -Eh, no te rías idiota. -Parecía que iban congeniando un poco.
-Bueno, aquí es mi parada, me bajo ya. -Dijo Pablo mientras se levantaba de su asiento contiguo al de Clara. -Bueno, encantada de haberte conocido, nos veremos más veces. -Igualmente, adiós.
El autobús se paró y Pablo se bajo <<Vaya, ha sido extraño, era guapísimo y muy majo. Ha estado bien eso de perder el bus>> Cogió su iPod y comenzó a escuchar música, aún quedaban unos diez minutos antes de llegar a su casa.
Iba mirando por la ventana el paisaje, los edificios, las calles, las personas que pasaban, pero no podía parar de pensar en aquel chico con el que había estado minutos antes, había sido todo muy extraño.
Estaba llegando a la calle cerca de su casa, pulsó el botón de aviso para bajarse y pocos minutos después se paró para que pudiera bajarse. Cogió sus bolsas y el bolso y se bajó. Caminó un poco hasta llegar a su casa, había que cruzar un pequeño puente con un afluente del río de su ciudad y poco después su casa.
Cuando llegó, llamó al timbre, se oía el ladrido de su perro un instante después de haber llamado, poco después abrió su madre. -Hola mamá. -Dijo mientras entraba y acariciaba al perro con la mano libre que tenía. -Hola cielo, ¿qué tal las compras? -Dijo cogiendo las bolsas y mirando en su interior. -Bastante bien, ahora te las enseño. -Le respondió mientras se quitaba los zapatos. -Bueno cariño, tenemos que hablar. -Esa frase no le gustaba nada a Clara, es la típica frase que te dicen tus padres cuando ha llegado un suspenso a casa, cuando han visto algo en tu habitación que no deberían, cuando tu hermano se ha chivado de que llegaste una hora tarde a casa. Pero esta vez, ella no había hecho nada. -¿Qué pasa? -Ven, ven al salón, debemos darte una noticia. -Vale.
Ambas fueron al salón, se sentaron en el sofá y ahí estaban su padre y su hermano. -¿Qué he hecho? -Fue lo primero que se la ocurrió decir, pensaba que había hecho algo malo y que la iban a castigar, quemar su pelo o su ropa recién comprada. -Nada cariño, sólo os queremos decir algo que os va a gustar mucho. -¿Ah, sí? -Claro. El corazón comenzó a latir con normalidad, el nudo de su garganta desapareció. -Bueno, nos vamos a Santander los tres meses, a sí que tenéis una hora para hacer maletas y marcharnos. <<¿Qué?>> Tres meses alejada de sus amigos, bueno, tenía quince años, no podía entrar en ningún bar, y sus amigos ya tenían la edad, pero aún así. -¿Tres meses? ¿Nosotros solos? -No, con unos amigos, hay un chico de un año más que tú y una niña de la edad de tu hermano, son muy majos, os conocéis de cuando erais pequeños, pero no te acordarás. Bueno, ¿A qué esperas? A preparar maletas.
Clara subió rápidamente a su habitación, cogió sus dos maletas más grandes y su bolso más grande para llevar durante el viaje, era en coche, pero el grande, así cabría todo. Cogió la mayoría de su armario y lo metió cuidadosamente en la maleta, para que su madre no fuera por detrás gritándola. Cargó los móviles para tener para el viaje, cogió el portátil, tres libros que tenía de reserva para leer y.. -¡PAPÁ! -Gritó mientras salía al pasillo de fuera para avisarle. -¿Qué pasa cielo? -¿Tabla y neoprenos? -¡Claro! -Clara era campeona de España de surf, y ya que iba al mar, qué menos que llevar su tabla.
A la casa a la que iban sería a la antigua casa de la familia, una casa que tenía un piano Steinway blanco hermosísimo, así que también metió unas partituras por si acaso no recordaba alguna de las obras, una hora después ya estaba lista para irse, ¿Quién sería la familia con la que estarían los tres meses?
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